Perfil del niño que 'matonea' en la Red

Perfil del niño que 'matonea' en la Red

El ciberacosador suele ser hiperactivo y víctima de violencia, concluye estudio.

Perfil del niño que 'matonea' en la Red
6 de septiembre de 2014, 09:31 pm

Solo mucho después de graduarse del colegio, Ana sintió la confianza para reactivar su perfil en redes sociales. Durante los últimos años de bachillerato fue blanco de burlas y amenazas de compañeros que se parapetaban detrás de falsas identidades para insultarla a diario.

El ‘matoneo’ del que fue víctima hace más de cinco años la obligó a marginarse de ese mundo virtual. “Los malos tratos me hacían sentir tan triste que me atemorizaba tener redes sociales. Me horrorizaba que me juzgaran a través de internet y de que pudiera ser blanco de agresiones”, cuenta ella.

Su relato aparece en el informe La violencia no ocurre en el vacío. ‘Bullying’: victimario o víctima, publicado por la agencia Periodismo Aliado de la Niñez, el Desarrollo Social y la Investigación (Pandi) y elaborado por organizaciones que defienden los derechos de los menores.

El documento aborda la intimidación escolar desde una perspectiva poco común: el perfil del victimario en ambientes virtuales.

Según los expertos que participaron en el estudio, este tipo de acoso –del que hay 191 reportes de menores de edad afectados este año– puede dañar más que el ‘matoneo’ presencial, pues los agresores –que suelen ser niños o adolescentes– no dimensionan el universo de los medios virtuales y hacen cosas que no harían en la vida real. “Las agresiones verbales son mucho más fuertes de lo que se pueden dar en persona y lesionan mucho más la autoestima de los niños”, explica Viviana Quintero, coordinadora de la Mesa de Trabajo TIC de la fundación Red Papaz.

Así es un ciberacosador

Los investigadores coinciden en que el ‘matoneo’ puede tener origen en otras formas de violencia. En otras palabras, sugieren que los acosadores son, o han sido, víctimas de agresión. En consecuencia, agredir a otros se plantea como una salida o una venganza por lo sufrido. Que los niños tengan comportamientos agresivos “es una forma de expresar su sentir ante un entorno familiar poco afectivo, ausencias de padre o madre, divorcios no amigables, violencia intrafamiliar, abuso o humillaciones ejercidas por adultos”, se lee en el documento de Pandi.

No obstante, para Enrique Chaux, profesor de la Universidad de los Andes e investigador en la Universidad Libre de Berlín, hay otros factores que vale la pena tener en cuenta. “Una característica común entre los ‘intimidadores’ virtuales es la falta de empatía: en general no son conscientes del daño que pueden generar y, cuando lo saben, les importa poco”, comenta Chaux, que en los últimos años se ha dedicado a estudiar el acoso escolar, especialmente el virtual.

La psiquiatra infantil Yezmin Abrahim anota que entre los acosadores “es frecuente el déficit de atención asociado a hiperactividad; suelen ser los más ‘casposos’, los que le sacan chiste a todo y les ponen apodos a sus compañeros”.

Para Chaux, una de las principales motivaciones para emprender el ‘matoneo’ es el aparente anonimato de los medios virtuales. Sin embargo, señala Abrahim, el ciberacoso ofrece una ventaja con respecto a la intimidación tradicional: la existencia de pruebas para denunciar a los agresores. “Muchos creen que nadie los identificará. No obstante, las autoridades cuentan con la tecnología para identificar al que hace algo indebido”, sentencia Chaux.

Este académico considera básico que todo el mundo tome consciencia de la gravedad de esta conducta, a partir de premisas como que aquello que se sube a internet no se puede devolver.

Mientras tanto, dice, se deben tomar medidas preventivas, como limitar la información que se comparte en línea. “Y también debemos aprender cómo bloquear mensajes ofensivos y cómo reportar intimidaciones en las redes sociales –añade–. En ese sentido, es muy importante el rol de los testigos porque, cuando los compañeros o amigos intervienen para decir que algo no está bien, que se sobrepasó un límite, los agresores suelen hacerles caso”.

En cambio, el silencio hace que el mensaje que reciben los agresores es que su violencia es valorada por los demás, lo cual los motiva a seguir ejerciéndola, advierte el profesor.

Finalmente, la psiquiatra Abrahim recuerda que, para proteger a sus hijos, los padres pueden tomar medidas como limitares el acceso a internet y a dispositivos electrónicos.

NICOLÁS BUSTAMANTE HERNÁNDEZ
Redactor de EL TIEMPO