El parto de los montes

El parto de los montes

Hay que llamar a las cosas por lo que son y ese documento no es un acuerdo.

El parto de los montes
5 de septiembre de 2014, 12:02 am

La fábula de Esopo relata que después de grandes ruidos y tremores en los montes que iban a dar a luz, nació un pequeño ratón. Imagino que esperaban al menos un dragón. Recordé la fábula después de leer el documento del Cesu ‘Acuerdo por lo superior 2034 - Propuesta de política pública para la excelencia de la educación superior en Colombia en el escenario de la paz’.

No tengo nada contra los ratones. Bien al contrario, me caen muy bien. En mi carrera de experimentalista me apoyaron; les debo buenos resultados. Pero creo que para ser efectivo es conveniente saber si uno cuenta con un ratón o con un dragón. Hay que llamar a las cosas por lo que son, y ese documento no es un acuerdo y tampoco es una propuesta de política pública.

Es un listado de problemas con potenciales soluciones, organizado en diez capítulos. Algunos problemas están planteados como un diagnóstico, otros solo como una queja. Algunas de las soluciones son contradictorias. Visto así, es un documento que puede ser usado como base para más estudios y como fuente de ideas. El anexo de metas y cronograma, por vago, bordea con lo inútil.

El documento tiene carencias, y algunas de sus propuestas son controversiales. Faltan declaraciones explícitas de principios que fueron discutidos en el año 2011, después de la propuesta para reformar la Ley 30. Entre ellos, se debe definir la disyuntiva entre la educación superior como servicio o como derecho. Hay argumentos jurídicos, de conveniencia y de justicia que pueden ser esgrimidos a favor de una u otra opción. No es un mero formalismo; la política, el modelo de financiamiento estatal, el sistema de préstamos y la magnitud de la oferta educativa van a depender de esa decisión.

Durante el lanzamiento del documento, Jaime Posada –presidente de la Academia de la Lengua– reclamó la ausencia de la autonomía universitaria en él. Este tampoco es un asunto trivial. El documento elabora el principio constitucional de inspección y vigilancia: propone la creación de una agencia de calidad y de una superintendencia. Pero ese principio debe estar siempre en equilibrio con otro, también constitucional, que es el de la autonomía universitaria. Hay entre ellos una frontera de difícil manejo. Deben coexistir bien equilibrados. Sin inspección y vigilancia se abre la puerta a estafas educativas, sin autonomía no hay una verdadera universidad.

Entre los temas que merecen más discusión y análisis está el del acento predominante de la educación técnica y tecnológica sobre la universitaria. Al día siguiente del lanzamiento del documento lo presentaba EL TIEMPO en primera página y con titular de varias columnas. No conozco ningún estudio serio en el país que apoye esa propuesta. En el lanzamiento, Jamil Salmi, experto internacional y funcionario del Banco Mundial, comparó a Corea con Brasil y llegó a la conclusión de que el superior desarrollo industrial y económico de Corea se debe a que su población adulta tiene, mayoritariamente, preparación universitaria. El Observatorio Laboral del MEN reporta un desempleo más alto en técnicos y tecnólogos que en profesionales. Si pensáramos en un modelo de desarrollo industrial al estilo de Taiwán, con muchas empresas pequeñas ricas en conocimiento, debería prevalecer la formación de profesionales y posgraduados de alto nivel.

Los anteriores son algunos ejemplos de carencias y de desacuerdos. Hay mucha tela para cortar en un documento con 136 lineamientos. Esa tarea excede los límites de esta columna. Será una empresa muy importante que debe abordar el país, ojalá con sus mejores y más educadas mentes. Para generar un verdadero revolcón, un cambio de fondo en nuestro sistema de educación superior, necesitamos un dragón.

@mwassermannl

Moisés Wasserman