La memoria tiene una casa para no olvidar en Nariño

La memoria tiene una casa para no olvidar en Nariño

Tumaco cuenta desde hace 10 meses con un lugar donde las víctimas de la violencia son recordadas.

La memoria tiene una casa para no olvidar en Nariño
21 de julio de 2014, 05:25 am

“Me niego absolutamente a ser parte de los que callan, de los que temen, de los que se quedan solamente llorando”.
La frase que se lee a la entrada de la Casa de la Memoria, ubicada en el puerto nariñense de Tumaco, sobrecoge a María Angélica.

La joven se identifica con ella al recordar a su esposo, un humilde pescador que hace tres años murió cuando una explosión lo sorprendió al pasar en su moto por la ‘Calle Mosquera’.

Y es que la frase puede ser un grito seco de los familiares de 220.000 hombres y mujeres asesinados entre 1958 y 2012 en la ‘Perla del Pacífico’, como se lo conoce también a este población asentada sobre el Pacífico nariñense. Ahí, la violencia no deja dormir tranquilos a sus habitantes porque las Farc, los narcotraficantes y las bandas criminales insisten en su accionar.

En cada rincón de la Casa de la Memoria, ubicada en la ‘Calle del Comercio’, pareciera que el nombre y el apellido de un afrodescendiente, de un indígena, de un mestizo que aparece en cada uno de los retratos quisiera gritar ¡No más muertes! ¡No más impunidad! ¡No más dolor!

La aparición de esta Casa no fue una casualidad. La Diócesis de Tumaco, inspirada en el anhelo de paz de la hermana Yolanda Cerón, asesinada por desconocidos en pleno centro de la ciudad, le dio los cimientos y la inauguró el pasado 19 de septiembre.

Fue fruto de un prolongado proceso para mantener la memoria de las víctimas del conflicto armado y de una galería con fotos de hombres y mujeres fallecidos que, desde hace seis años, copaba el Parque Nariño.

Todos esos insumos y trabajos recopilados permitieron darle forma a la Casa de la Memoria, que consta de tres espacios. En el primero se rescata lo positivo de la cultura y el folclor de la Costa Pacífica; en el segundo están las fotos de personas asesinadas, puestas ahí con el permiso de sus familiares, y que hacen parte de una enorme galería de 500 imágenes. Como una manera de dignificarlas y honrar su memoria.

El tercer piso muestra las acciones por la vida que se han realizado a lo largo de la Costa, como marchas por la paz, mujeres involucradas en proyectos comunitarios, actividades teatrales y conciertos.
La Casa es además una forma de resarcir el nombre de las víctimas.

Muchas veces estas personas son doblemente victimizadas, la gente rumora, incluso las autoridades, antes de investigar, afirman que todo fue por retaliación entre grupos armados”, dice Luis Alberto, dirigente cívico al que las Farc le quitó tres familiares en menos de dos años.

Reconocimiento de fuera

Cada mes, unas 500 personas circulan por los pasillos de la Casa de la Memoria para conocer el testimonio de la cruda violencia.

Muchos de los que allí ingresan quedan impresionados porque vecinos suyos que pensaban estaban vivos, han muerto.
Uno de los cuidadores recuerda que a finales de mayo pasado una mujer estalló en llanto después de que reconoció la foto del hombre que cada sábado le vendía las frutas en el mercado.

Lo más duró es que la ola de muertes no para. Las cifras muestran la crueldad de la violencia en Tumaco que el año pasado cuadruplicó la tasa de asesinatos a nivel nacional.

Por eso la idea de esta Casa para no olvidar ha impactado al municipio.Ya fue objeto de un reconocimiento al recibir el Premio Nacional ‘Antonio Nariño’ otorgado por las Embajadas de Francia y Alemania en Colombia, por su esfuerzo y trabajo a favor del rescate y protección de los derechos humanos en la región.

“El premio destinado a su remodelación nos alegra mucho, es un aporte importante”, dice el obispo de la Diócesis de Tumaco, monseñor Gustavo Girón, quien confía en que otras entidades del sector privado y el Gobierno Nacional sigan el ejemplo.

El religioso es contundente cuando manifiesta que su gran esperanza es que las muertes no queden en la impunidad, que se sepa más temprano que tarde quién o quiénes fueron los autores de los homicidios.
“Ahí tenemos los cuadros con las fotos para que sean bien identificados y para que no sean olvidados”, dice el monseñor.

El prelado declara que la Casa de la Memoria no solo es un espacio para reflejar la violencia, sino también para resaltar la cultura y otras riquezas de la tierra.

“Queremos que sea como un libro abierto en el que se tenga una idea no solamente de lo malo que ha pasado aquí, sino de la historia de Tumaco y de sus protagonistas con el paso del tiempo”.

De esa manera, invita a los ciudadanos a donar documentos y objetos con valor histórico y cultural, para que hagan parte de la Casa y no se queden archivados en los cuartos de las viviendas.

En medio de esa invitación José Ignacio, un veterano dirigente tumaqueño, reclama que los graves problemas de Tumaco no se solucionan con la creación de nuevos batallones o brigadas militares, sino con una gran inversión social y el apoyo al talento humano.

Y dice que como él, miles de tumaqueños tienen la ilusión de que muy pronto se abra en Tumaco una casa, pero como un homenaje a la vida, en la que se puedan resaltar los testimonios de quienes luchan por la paz.

MAURICIO DE LA ROSA
Especial para EL TIEMPO
Tumaco (Nariño)