'¿Sprechen Sie Englisch?'

'¿Sprechen Sie Englisch?'

La idea de que el idioma es una forma de colonización hace carrera también en otros países.

'¿Sprechen Sie Englisch?'
19 de julio de 2014, 12:48 am

NUEVA YORK. Como todavía no he podido dejar el vicio de oír radio colombiana, el otro día pesqué, en Blu Radio, una discusión sobre las virtudes y los defectos del nuevo plan del gobierno colombiano de aumentar el número de bachilleres y universitarios que hablen inglés.

No tengo claro cuál ha sido la reacción generalizada a la propuesta, pero el debate entre los comentaristas ese día no era tanto sobre el presupuesto, las metas o el controvertido nombre del programa: el idiosincrático ‘Colombia Very Well’. La discusión era si se debe obligar a los alumnos a aprender otro idioma y, si en todo caso lo tienen que hacer, por qué no darles alternativas: inglés, francés, alemán...

El razonamiento, me pareció entender, era que el inglés es el idioma del imperio y hacerlo asignatura obligatoria es contribuir a la subyugación a la que ya estamos sometidos. ¿Acaso no es igualmente valioso poder leer a los poetas franceses en su lengua original? ¿No es Alemania el país más exitoso de Europa, aparentemente inmune a las crisis y a la mediocridad que aquejan a sus vecinos?

La verdad es que, por más provinciano y retrógrado que sea el razonamiento, no es la primera vez que lo oigo. La idea de que el idioma es una forma de colonización por la que se cuelan ideas y valores extraños y al mismo tiempo se escapa la nacionalidad hace carrera también en otros países. Por ejemplo, en Japón, en donde persistentes esfuerzos por introducir algún grado de bilingüismo entre la población siguen dejando resultados decepcionantes.

Los puntajes más recientes en exámenes estandarizados muestran que el inglés de los japoneses es peor que el de los norcoreanos y los chinos y apenas un poco mejor que el de los camboyanos, cuya nación es una de las más pobres no solo de Asia, sino del mundo entero. La resistencia que existe en Japón a abrazar cualquier idioma que no sea el japonés contribuye a aislar al país y crea la ilusión, en mi opinión, falsa, de que ayuda a preservar la cultura local.

Abrir las fronteras lingüísticas de los países no es opcional, sino esencial, y aunque les cueste a quienes siguen con mentalidad de Guerra Fría, el idioma que ayuda a decodificar todos los demás es el de Shakespeare. Si el Gobierno va a gastar 1.300 millones de dólares entre el 2015 y el 2025 para que los estudiantes aprendan una segunda lengua, tiene que ser inglés. Los amantes de Baudelaire y Goethe que se lo paguen de su propio bolsillo, pero los recursos públicos tienen que ser invertidos en que los colombianos aprendan a usar la llave que abre la inmensa mayoría de las puertas que quedan más allá de la tierrita.

Tiene razón el Gobierno en poner el foco en la deficiente capacidad del inglés de los colombianos, porque dar el salto para lograr tener una población bilingüe toma no solo años, sino décadas; y en un mundo cada vez más globalizado, hablar un segundo idioma tiene relación directa con la calidad de vida. La falta de herramientas lingüísticas es un problema no solo de Colombia, sino de toda la región, y es aún más dramática en países como México y Guatemala, a pesar de su cercanía geográfica con Estados Unidos.

Volviendo a nuestro país, es importante resistir la tentación del provincianismo en esta etapa de transición, en la que me imagino que el Ministerio de Educación dedicará esfuerzos a diseñar los detalles del programa de bilingüismo. Y a quienes creen que los estudiantes colombianos necesitan más democracia para escoger el segundo idioma, les regalo unas cuantas estadísticas: proporción de sitios de internet que usan inglés: 55,7 por ciento; alemán: 6 por ciento; francés: 4 por ciento; portugués: 2,3 por ciento.

Adriana La Rotta