El respeto perdido por la profesión de músico

El respeto perdido por la profesión de músico

Artistas se quejan de la competencia desleal. Piden seguimiento a orquestas pirata.

El respeto perdido por la profesión de músico
5 de julio de 2014, 03:10 am

En un pequeño estudio de Chapinero, más de quince artistas, entre músicos y cantantes, estallaban sus instrumentos para sacar su mejor sonido. Había ganas, fervor y el amor que se le tiene a una profesión que se deseó o que se aprendió de padres y abuelos, que se estudió y que se practicó durante horas.

Ricardo Quintero, el ‘Richi’, excantante de Lucho Bermúdez, Pacho Galán, Tupamaros y otras tantas glorias de la música, dice casi con disgusto: “La deshonestidad nos tiene jodidos. Ahora, al que se le ocurra monta una orquesta. Los empresarios se dieron cuenta de que era fácil explotar gente”.

Así explican que ahora convierten en razón social a un grupo y hacen varias presentaciones al tiempo. “Antes, una orquesta era una orquesta. Los mismos músicos se trasladaban de un lugar a otro. Lo que les importa es el número de presentaciones, y cero calidad. Es una mafia, hay gente que maneja hasta diez orquestas y monopolizan todo el mercado”.

Todo comienza con el precio. Los artistas se tienen que dar la ‘pela’ de demostrar por todos los medios por qué valen lo que valen. “Como en todo, hay profesionales que se regalan. Eso nos ha llevado al abismo. Ofrecen cosas que ni tienen. Ponen una organeta y cuatro muñecos atrás”, dijo Fernando Bilbao, director de la orquesta La 14.

Ni las caminatas que han hecho en Bogotá han servido para que el músico tenga seguridad social, para que sea reconocido hasta para pedir ayuda en un banco. “Cuando se va a pedir un préstamo y uno cuenta a qué se dedica, casi que le cierran la puerta en la cara”, dijo Carlos Santofimio, músico y cantante.

Hasta cobrar se les ha convertido en suplicio porque a algunos alcaldes de pueblo les parece que hay que pagar con trago. “Ellos creen que uno es un muñeco que se contenta con una copa de aguardiente”, dijo Ricardo.

Pasa lo mismo con los compositores. Gerardo Suárez, de Garzón (Huila) y amante de la música durante 50 de sus 64 años, guarda como tesoros las letras que algún día aspira poder escuchar en los labios de un sonero. Cuenta que no pudo vivir de su pasión; le tocó hacerse técnico en topografía porque le ofrecían una miseria por sus letras.

“Se durmió el cantor, el sonero mayor, el centurión de la noche Joe, Joe, Joe… Joe no se fue, él se está aquí”, canta este hombre que encumbra su canción con la sola mirada. “Nosotros somos pésimos negociantes. Sayco es una empresa para destruir al artista. ¿Quién lo apoya a uno en su causa?”

Según Ricardo, los papeles que piden para acreditar a un artista son absurdos, casi imposibles de conseguir. “Es como si hicieran las cosas para valorar solo a los de la rosca”.

Carlos dice que lo más difícil de vivir de su profesión es que el ser músico no está catalogado como un trabajo. “Conozco amigos de mi papá que fueron grandes artistas y que se están muriendo de hambre. Debe haber un ente regulador que nos ponga en un escalafón según nuestros estudios y experiencia”.

Fernando, de 'La 14' y quien lleva 25 años en la música tropical, levanta la voz para decir que el Gobierno Nacional debería voltear su mirada hacia ellos. “Aquí hay mucho talento, pero nos han dejado de tratar como profesionales. Sayco solo existe para que uno aporte por derechos de autor, pero realmente no existe una entidad que nos agremie”.

Recuerda con coraje la vez que tuvieron una presentación en Sabana Grande (Santander). “El alcalde nos dijo que no nos pagaba hasta que llegáramos a Puente Nacional. Al final de los tres días de presentación nos pagaron todo y cuando llegamos al destino exigido nos robaron todo, como si supieran en dónde estaba la plata que teníamos. Hicimos ferias y fiestas gratis”.

Hoy solo hace un llamado angustioso, desde su sitio de ensayo por el que paga 40.000 pesos por unas pocas horas, para que reconozcan su sapiencia, que los categoricen y que se vigile la competencia desleal. “El buen músico sabe de música, debe ser él el director de orquesta. Solo así se valorará el trabajo del artista”.

Se acaba el ensayo, un suspiro. “Hay que seguir porque para esto nacimos”, dice una voz escondida que brota detrás de un instrumento.

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BOGOTÁ