Uribe, por fa, váyase

Uribe, por fa, váyase

Con Uribe empeñado en ser oposición obsesiva y áspera, eso será imposible.

Uribe, por fa, váyase
28 de junio de 2014, 11:30 pm

Sacar siete millones de votos sin gobierno, medios y maquinaria es una proeza. Pero no le servirán de nada. Aquí el que vence en las urnas, aunque sea con votos prestados, aplasta al perdedor. Lo dijo Alejo Vargas, profesor de la Nacional metido en temas de paz: democracia es el gobierno de las mayorías, así sea por un voto de diferencia. Quien pierde, de malas.

Los que no se pueden lamentar ahora son los partidarios de Uribe. Si esos 7 millones querían darle poder para influir en las decisiones políticas debieron apoyarlo en las legislativas. Con un 45 por ciento, su Centro Democrático sería la mayoría del Congreso, el que impondría condiciones. Pero no lo hicieron y ahora solo cuenta con 20 senadores, y seguro que después alguno correrá hacia el tarro de ‘mermelada’.

Además, la curul de Uribe será su potro de torturas, su pesadilla. Pasará más tiempo sentado en la banquita del lustrador de zapatos de la Fiscalía y la Corte Suprema que en el Senado. Sin el manto protector de expresidente, no hará sino responder a interrogatorios. Magistrados de la Corte Suprema llevan años esperando ese momento; se les hace la boca agua.

Si Uribe quisiera prestar un servicio al país y a su partido, debería renunciar al Senado y a Twitter. Ya demostró que ha sido el único capaz de ganar cuatro elecciones, dos para él y dos para Santos. En el 2010 puso en la Casa de Nariño a quien tanto detesta y en esta ocasión hizo lo mismo. Uribe es la bestia negra de la izquierda y otros sectores sociales; ese odio los empujó a votar por Santos con la nariz tapada en el 2014.

El expresidente tiene en Zuluaga a un sucesor leal, que no lo traicionará y podrá ejercer la oposición sin la sombra alargada del mentor. Si Uribe desaparece de escena, tal vez Santos, sus cortesanos y el resto que lo llevó a la Presidencia consideren que los 7 millones no son infectos ultraderechistas, como los describen, sino colombianos que disienten y merecen ser escuchados. No digo que lo vayan a hacer; son demasiado sobrados y sienten un desprecio enfermizo hacia los millones de uribistas. Pero al menos existe la posibilidad de que descubran que para construir una paz sólida es necesario contar con la otra mitad de Colombia.

Con Uribe empeñado en ser oposición obsesiva y áspera, eso será imposible.

Pese a lo anotado, considero que, más que Santos o su exjefe, el verdadero triunfador del 15 de junio fue ‘Timochenko’.

El 51 por ciento respaldó la paz de las Farc, que no es la misma paz que venden el Gobierno, sus aliados políticos y los medios. La paz de la guerrilla es la que queda reflejada en los acuerdos parciales, en sus comunicados y en las declaraciones de Montealegre y algunos magistrados de altas cortes.

Es la paz donde la cúpula no pisará la cárcel y hará política si quiere; donde dirá que sus crímenes están justificados, que las víctimas fueron daños colaterales y errores forzados. La paz donde las Farc tendrán sus zonas de reserva campesina. La paz que santificará el que la violencia extrema paga, que si uno mata más que nadie, tiene derecho a sentarse con el Gobierno y negociar programas estatales. La paz donde los terroristas son los pacifistas y quienes los criticamos, uribistas o no, los guerreristas y criminales.

Un escuálido 51 por ciento conquistó el poder para arrasar al resto. Muchos piensan que eso es democracia. Si Uribe no está, de pronto cambien.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA