Ronaldo: El fenómeno

Ronaldo: El fenómeno

Solo uno de sus récords bastaría para ubicarlo en el Olimpo: máximo goleador de las Copas de Mundo.

Ronaldo: El fenómeno
30 de mayo de 2014, 12:38 am

Solo uno de sus récords bastaría para ubicarlo en el Olimpo: es el máximo goleador en la historia de las Copas de Mundo con 15 goles. Pero hay más: es el segundo goleador histórico de la selección brasileña (después de Pelé) y fue la gran figura de la selección brasileña que ganó el Mundial de Corea del Sur y Japón 2002 y el subcampeonato en Francia 98. Y, p ara completar, también estuvo en las Copas de USA 94 y Alemania 2006. Es Ronaldo Luiz Nazário da Lima, “El Fenómeno”, el mito carioca que, en septiembre de 2008, ofreció esta extensa y descarnada entrevista a la revista brasileña Trip, en la que habló de su niñez, de su técnica, de Cruzeiro, del Barcelona y del Madrid, de sus Mundiales, de su rodilla, de su barriga, de la noche e, incluso, de sus escándalos con travestis.

Por Daniel Piza

uando de Ronaldo se trata, es difícil separar la persona del jugador. Tómese como ejemplo el momento actual: él se prepara para volver a los terrenos de juego una vez más, después de otra lesión de rodilla sufrida en febrero; y se prepara también para recuperar su imagen después de escándalos como la noche que fue sorprendido con travestis y las fotos en Ibiza en las que aparecía fumando y con una barriga prominente.

“Quiero acabar mi carrera por decisión propia, no porque me obliguen a hacerlo”, dice el ariete de 32 años en una entrevista para Trip (www.revistatrip.com.br), realizada a mediados de septiembre de 2008, en Río de Janeiro.

“Quiero retirarme marcando goles”. Nuevamente intentaba demostrar que las previsiones sobre su final como jugador estaban equivocadas y que su longevidad puede resistir sin problema esa prueba.

Conocí a Ronaldo en 2001, cuando hice un reportaje contando que él volvería –y en condiciones– al fútbol. En 2002 él marcó ocho goles en la Copa del Mundo, dos de ellos en la final contra Alemania, y calló a aquellos que afirmaban que estaba “amarilleando”, que era solo un fenómeno del marketing, que no pasaba de ser un finalizador y un baleador.

Pero, incluso con esa hazaña, Ronaldo continuó siendo objeto de las más variadas acusaciones, muchas de ellas en el terreno personal. En los últimos años se volvió común escuchar que se trataba de un exatleta, de un exprofesional, de un gordo cansado del fútbol e interesado únicamente en dinero y en mujeres. Y que encima ni siquiera le gustaban tanto las mujeres.

Ronaldo, no obstante, lo tiene claro: “Mi historia está hecha. Tiene algunas páginas en blanco todavía, pero está hecha”. Quien lo conoce un poco, garantiza que no necesita demostrar nada a nadie, a pesar de que se resienta del hecho de que todo lo que tiene que ver con él adquiera una dimensión desmedida.

Niega ser el jugador fiestero que pintan, recordando los sacrificios que pasó para recuperarse de sus lesiones. La mayor parte del tiempo es un sujeto tranquilo, unido a su familia y a sus amigos y que siempre se despide al teléfono con un “Queda con Dios”.

Está claro que Ronaldo es, digamos, de buen comer. Es común que acceda a ambientes en los que hay mujeres y tome alguna cerveza; de vez en cuando también fuma. Él dice que nada de eso es incompatible con la vida de atleta. Pero existe un Ronaldo que poca gente conoce: un Ronaldo que sueña con asistir a la facultad, cuyo padre ama la lectura y que se hace cargo de todos sus negocios como un presidente de empresa.

“Presidente” es como otros jugadores más jóvenes, como Robinho, lo llaman en la selección. Como Kaká, Diego, Pato y muchos otros para los que es un ídolo, para los que es el mejor jugador brasileño después de Pelé, mejor incluso que Zico o Romario.

La nueva etapa de Ronaldo puede desarrollarse en el Manchester City, equipo inglés que también fichó a Robinho. Otros clubes tantearon al Fenómeno como el PSV, en el que destacó en los años 94 y 95, pero el proyecto del equipo inglés menos famoso de Manchester –financiado con dinero árabe– lo atrajo. Sus expectativas son jugar dos o tres años más al máximo nivel y colgar las botas.

Cuando juega y marca goles, Ronaldo dice que adelgaza a los ojos del público y pasa a ocupar hojas en diarios por sus méritos deportivos más que por sus pifias personales.

El abismo entre la imagen íntima e imagen pública no angustia a Ronaldo, aunque se queje de la fama, observando que nunca posó para la revista Caras. “Nunca quise ser una celebridad”, dice. Si soy famoso es por mérito y trabajo. Recusa revelar su peso ideal y dar explicaciones sobre las derrotas del 98 y el 2006 o sobre la decadencia de los galácticos del Real Madrid. Prefiere recordar cómo fue recibido en las calles, como alguien que hizo mucho por Brasil y que fue elegido tres veces mejor jugador del mundo.

Sin falsa modestia concluye: “Lo que van a recordar de aquí a 50 años es lo que hice dentro del campo. Contra todo pronóstico esa larga vida está asegurada”.

¿Quiso ser otra cosa en la vida?

No, mi pasión fue siempre el fútbol. En una época tuve ganas de ir al ejército, pero siempre quise jugar al fútbol, desde pequeño. Cada Navidad me regalaban una pelota de fútbol y jugaba todo el tiempo.

¿En la calle?

En la calle, descalzo, perdiendo las uñas…, cada mes yo me lastimaba una uña. Cuando no tenía pelota de verdad, jugaba con una bola de calcetines.

¿Ya era flamenguista? Su padre es flamenguista, ¿cierto?

Sí. Yo también soy flamenguista. Desde pequeño.

Nació en el 76. ¿Se acuerda del Flamengo de Zico, campeón mundial en el 81?

Casi nada. Pero me acuerdo de muchas cosas después. Mi padre siempre me llevaba al Maracaná. A los 7, 8, 9 y 10 años. Yo iba a casi todos los partidos.

¿Cuando jugaba al balón, los amigos decían algo como “eres muy bueno, tienes que ser profesional”?

Yo destacaba, pero era muy joven. Sólo comenzaron a decirme esas cosas cuando empecé a jugar futbol sala en el Valqueire Tenis Club, con 9 o 10 años. Pero el día de las pruebas había tanta gente –20 o 30 jovencitos– que decidí intentar conseguir la vacante de portero, y la conseguí.

¿Portero?

Pues sí, jugué un mes como portero. Luego me cambié a la línea.

¿Ya en la delantera?

Jugaba de ala derecha.

Pero ¿por qué fútbol sala?

Porque todos mis amigos lo jugaban. Tenía un amigo mayor, Renatinho, que jugó en diferentes clubes. Jugué durante un año en sala y luego en campo, simultáneamente. Allí en el San Cristóbal.

Vi un video suyo de pequeño marcando golazos…

Eso era en el Social Ramos. Yo ya había “reventado” en el campeonato carioca y el Social Ramos tenía mejor estructura. Marcaba muchos goles, incluso en la banda. Tenía catorce años. Después me fui para el San Cristóbal. El Flamengo incluso me buscó por esa época, pero fue el Cruzeiro el que me llevó.

¿Hasta dónde llegó en los estudios?

Completé el primer grado allá en Belo Horizonte, ya jugando en el Cruzeiro. Jugaba en el Júnior, entrenaba en el primer equipo y las personas ya me conocían. Iba a la escuela pública al lado de Toca da Raposa y los colegas ya me conocían.

¿Siempre pensé que estaba más ligado a su madre, pero también estaba muy unido a su padre, no?

Sí, mucho. Es que ellos se separaron cuando yo tenía 8 o 9 años. Pero mi padre siempre iba a los partidos y mi madre solo de vez en cuando.

También dice que a su padre le gusta mucho leer. ¿Y a usted?

No tanto como a él. Mi padre enloquece por los libros, se pasa el día entero leyendo. Le gusta Machado de Assis. Siempre cuenta que nací en Itaguaí, donde transcurre la historia de El alienista.

¿Por qué nació allí?

Porque aquel fin de semana el médico de mi madre estaba de guardia allí, entonces mi padre cogió el coche y la llevó hasta allá.

¿Cómo llegó al Cruzeiro? El club pagó 50.000 por el traspaso entero…

No, solo por la mitad. La otra mitad era de Alexandre (Martins) y de Reinaldo (Pitta).

¿Ellos ya eran empresarios?

Ellos me compraron del San Cristóbal por 7.000 dólares americanos.

¿Su estreno en el profesionalismo con Cruzeiro fue en 1993?

Sí, en una gira. No recuerdo en qué país, creo que en Portugal. El entrenador era Carlos Alberto da Silva.

¿Cómo era tener 16 años y estar ya valorado en el Cruzeiro?

Todo pasó muy rápido, no tenía ni idea de lo que me esperaba. Siempre tuve mucha confianza en mí. Pero no imaginaba la dimensión que tomaría.

Entonces, ¿no tuvo ningún descubridor?

No. Era yo quien perseguía mi meta. Fui a los lugares, hice pruebas, jugué fútbol sala. No tuve a nadie que llegó y me dijo “ven aquí”, etc…, creo que me descubrí solo.

¿Nadie le dijo que entrenara la pierna izquierda?

No, vi en un reportaje sobre Zico en el que él contaba su historia. Contaba que se quedaba delante de la pared chutando una y otra vez con la pierna izquierda. Yo lo imitaba en casa.

Pocos jugadores usan la pierna izquierda como usted. No solo chuta, sino que regatea y conduce el balón. ¿No es raro?

Es muy raro. Es muy raro tener la misma coordinación en ambas piernas. Con el brazo izquierdo yo no consigo hacer nada [risas].

En el Cruzeiro, en el PSV y hasta en el Barcelona marcó un gol por partido. Eso hoy ya no es tan común…

El fútbol está muy reñido. Los zagueros están más preparados, son más veloces. Yo lo hice durante cuatro años, después ya no lo hice más.

¿En el PSV tuvo más fuerza?

Salí de Brasil con todas las dificultades. Ahí comencé a comer como debía, a ganar dinero [risas] tenía 17 años, estaba en la edad normal de crecimiento.

¿Por cuánto lo vendió el Cruzeiro?

Por unos seis millones de dólares. En aquella época era mucho dinero. Incluso ahora lo es, pero, en aquel entonces, lo era más. Ahora cambió bastante.

¿En el fútbol holandés tuvo un aprendizaje táctico? Posicionamiento y objetividad. ¿Qué aprendió en Holanda?

En Europa en general no tienen nuestra técnica, nuestra habilidad, entonces necesitan ese ajuste. Hacen jugadas ensayadas. Sincronismo total. Todo el equipo yendo para el lado derecho, para el lado izquierdo..., donde estuviese la bola.

Si se hubiese quedado algunos años en el Cruzeiro, ¿sería igual de bueno que en Holanda?

Creo que no. Vivía solo en Belo Horizonte, comía comida inadecuada en casa. En Holanda entrenaba mucho y tenía un acompañamiento total. En aquel tiempo en el fútbol el entrenamiento era el mismo para todo el mundo, hoy mejoró mucho. Corríamos 8 km todos juntos al mismo ritmo. No tenía sentido. ¿Cómo voy a correr 8 km al mismo ritmo de alguien como Cafú?

¿No tiene resistencia?

Resistencia tengo. Lo que no tengo es mucha capacidad aeróbica para carreras de grandes distancias. Es una de mis características.

¿La Copa 94 ayudó a proyectarse?

No. Cerré el contrato durante la Copa, pero ni jugué en la Copa.

¿Estaba ansioso por entrar al campo? ¿Cree que hubiese estado bien si hubiese jugado?

Creo que sí. Pero para mí ya estaba todo bien, solo con estar allí… Un día Romario dijo en una entrevista que quería jugar con tres delanteros: él, Bebeto y yo. Entonces me preguntaron y yo me quedé indeciso: “Quiero jugar, pero está todo bien”. Al día siguiente Romario me echó un sermón: “Ven aquí. ¿Tú quieres jugar o no? Pues si quieres jugar, entonces di que quieres jugar y que se jodan”.

Romario dice que es mejor que usted en posicionamiento en el área. ¿Está de acuerdo?

Cualquier comparación de esas es complicada. No me comparo.

¿Su defecto es el remate de cabeza?

Siempre dije que era un defecto, pero no sé si lo es. Es un recurso que usé menos, pero hice muchos goles de cabeza. No estoy cómodo al saltar con el defensa en la disputa, no sé por qué. Quién sabe si es miedo de golpearme en la cabeza.

¿Fue en Holanda que lo operaron por primera vez de la rodilla?

Fue una tontería, un “raspazo” de un huesito de la espinilla que había crecido más de lo natural. Estuve perfecto en un mes.

Siempre dicen que el desarrollo como el suyo era por dopaje. ¿Es verdad?

Nada. No es posible engañar a nadie, hay controles todo el tiempo. Lo que yo hice fue comer bien y mucho ejercicio. La gente habla sin fundamento.

Dicen que los jugadores son muy fiesteros, que no entrenan…

No es verdad. Si yo no cuidase mi cuerpo, no habría trabajado tanto para poder recuperarme de las lesiones. No tendría fuerza ni agilidad.

¿Siempre procuró combinar fuerza con arte?

Siempre. La velocidad, por ejemplo, la tienes o no la tienes. Pero la fuerza se puede adquirir. Yo la fui adquiriendo.

¿Qué tiene Barcelona que Maradona impresionó allá, Romario, usted, Rivaldo, Ronaldinho…?

Sí… Barcelona es una ciudad increíble, que inspira. El club también.

¿Fue el mejor año de su carrera?

Ese y el siguiente, en el Inter de Milán.

Lo compararon con Pelé en un montaje fotográfico, hubo ronaldomanía y lo llamaron extraterreste…

Fue muy chévere. Hicieron una foto conmigo vestido de astronauta.

¿Pesa que lo comparen con Pelé?

Pesar no pesa, pero asusta un poco. Comenzando una carrera… hay que mantener los pies en el suelo.

En la época del Barça se convirtió en una celebridad. Dijeron que era el “fenómeno del marketing”, un producto. Un día dijo: “si soy un producto, es porque produzco dentro del campo”. Las personas parecía que pensaban que era famoso porque sí…

Sí, y porque decidieron que les gustaba [risas]. O porque pago a todos… No por mérito, ni por trabajo.

Dicen que Nike le obligó a jugar la final del Mundial 98.

Absurdo. Dijeron que fue un intercambio entre el gobierno francés y el brasileño por armamento o quién sabe qué más…

Salió con muchas mujeres bonitas, como Susan Werner, Daniella Cicarelli, Raica Oliveira...

Lo que pasa es que soy un ser humano, me enamoro, cometo errores, tengo aciertos. Pero como soy famoso, todo toma una dimensión mayor.

¿Es muy malo ser fotografiado en cualquier lugar?

Claro que sí. Nos acostumbramos, pero no puedes ir a comprar o pasear tranquilamente. Se juntan 3 o 4 y ya hay confusión, ya resulta incómodo. Y con los móviles todos se han convertido en paparazzi.

¿En Brasil es mejor o peor?

En algunas cosas es peor. En 1999 compré un Ferrari y me criticaron diciendo que estaba presumiendo. Confunden muchas cosas. En los Estados Unidos un tipo compra un Ferrari y ellos admiran a la persona por la conquista. En Brasil las personas desconfían, porque nunca se sabe si el tipo robó el dinero o lo ganó trabajando [risas]. En mi caso es obvio que fue por mi trabajo. No robé dinero público, no cometí ningún crimen, no pasé por encima de nadie.

¿Y el episodio con los travestis?

Eso fue una mierda que yo hice.

¿Creía de verdad que eran mujeres?

Sí. Cuando me di cuenta ya los tipos tenían un acuerdo con la prensa, con la policía y todo lo demás. No estoy exento de culpa, fui yo el que fue a buscar prostitutas. Me arrepiento mucho.

¿Es usted de discotecas?

No, no soy de discotecas. Cuando vengo a Brasil generalmente estoy de vacaciones y la gente cree que mi vida es así. Pero salgo poco, me cuido, no trasnocho.

De vez en cuando aparece tomando una cerveza y, en aquellas fotos de Ibiza, sale con un cigarro…

Tomar una cerveza de vez en cuando no hace mal. Me modero. Y aquella historia del cigarro es una tontería. No soy fumador.

¿Se arrepintió de salir así de pronto del Barça?

No porque el año siguiente también fue muy bueno. Las cosas también iban saliendo en Italia. O encaraba mi marcha al campeonato más complicado del mundo como un desafío enorme, o nada.

¿El problema con el Barça fue económico?

Ellos habían firmado el contrato. Ya lo habíamos celebrado. De repente cambiaron de idea y decidieron que tenían que venderme.

Usted fue el mejor jugador de Italia en aquel año y fue el extranjero que marcó más veces en su primera temporada. ¿Solo faltó el “scudetto”, no?

Claro que faltó. Pero incluso hoy es el campeonato más difícil.

Maldini dijo que Maradona y usted eran los dos jugadores más difíciles de marcar de su carrera, porque además de ser veloz escondía la bola. Él marcó a Baggio, Romario…, ¿fue el mejor defensa al que se enfrentó?

Sin duda. De Boer era más lento. Aldair jugaba mucho. Con la Roma ardía. Él tenía técnica, posición. Cannavaro también. Y Thuram.

¿Fue el “scudetto” de 2002, perdido en el último partido, el que más dolió? ¿Aquel penalti que le hicieron y que no pitó el árbitro?

Aquello fue absurdo, tanto que después probaron que la Juve tuvo acuerdos con la mafia en varias ocasiones. ¿Quién sabe si en aquella también?

Otra cosa que le critican es que ganó pocos campeonatos nacionales. No ganó con el Barça ni con el Inter.

Gané con el Madrid. Y gané tres copas con el Barça, y la UEFA con el Inter.

¿Cómo explica la derrota ante Francia en la final del Mundial del 98?

Ellos jugaron muy bien. Corrieron mucho y estaban en casa, tenían un gran equipo y marcaron dos goles al comienzo.

¿Y la convulsión?

Necesitan siempre encontrar un culpable. Así lo encontrarán…

Pero ¿qué pasó al final?

No sé, no me acuerdo de nada. Es como si nada hubiese pasado. Si no hay explicación científica para eso, ¿qué voy a decir yo?

Se habló de epilepsia, estrés, enfermedades del sueño, efectos adversos de medicación…

Se dijeron muchas cosas, pero nadie probó nada.

¿Estaba nervioso aquel día?

No, no estaba. Solo dolores normales, de dar zancadas, etc…, eso es el fútbol. Difícilmente un jugador entra en el campo sin nada, sin un moretón, sin una uña levantada…

¿Debió cuidar más su rodilla en la época del Barça?

Quizás. Hoy los preparadores físicos prestan más atención al estilo de cada jugador, a sus necesidades. Yo aprendí a entender que necesito hacer un estiramiento, un refuerzo…

¿Hubo alguna intencionalidad en su lesión? Tan seria y rara como la del tendón rotuliano…

No, estoy seguro de que no. Pasó, fue una fatalidad que no podría haber sido evitada. No fue porque me ejercité de más o porque no me cuidé.

¿Seguía las declaraciones de personas que decían que no iba a regresar nunca?

Sí, algunos pidieron disculpas públicamente, como el médico Moisés Cohen.

¿Tuvo poco apoyo de la prensa?

Pero ese poco me daba ánimos. Lo que más me ayudó fue la compañía de mi hijo, Ronald, que aún era pequeño. Lo que me molesta es la crítica sin fundamento. Es como ahora: es lógico que estoy por encima de mi peso. Me pasé dos meses sin poder salir de cama, seis meses sin ejercitarme. ¿Cómo no voy a ganar peso? Pero las personas en la calle me dicen: “No estás gordo, vamos que te vas a recuperar”. Es muy reconfortante.

Otros decían que solo era un buen finalizador…

Como si rematar fuera fácil [risas].

¿Y usted se considera solo un buen rematador? ¿No cree que las personas solo reparan en sus goles y se olvidan de sus cualidades técnicas?

Mi trayectoria proyecta eso. Primero, para marcar un gol no solo hay que estar allí para empujar el balón. Solo vi uno que hacía eso, Hugo Sánchez, que hizo 38 goles en un año todos de un solo toque. No salía del área, solo completaba las jugadas. Otra cosa es la manera en la que yo hago las cosas, da la sensación de que es fácil, de que parece fácil. Hoy hay gente que está fino de puntería para chutar con la izquierda, pero necesita dominar el balón, colocar el cuerpo para chutar con la derecha. Rematar en velocidad no es fácil. Si vienes corriendo y regateando no tienes ese apoyo perfecto. La rodilla está doblada y el cuerpo desequilibrado.

Cuando “Felipao” (Scolari) lo llamó y le dijo: “Ronaldo, te quiero en la Copa del 2002”, ¿qué pasó?

El doctor Runco, que para mí es el mejor médico de Brasil, me acompañó durante todo el tiempo. Entonces “Felipao” me dio esa oportunidad contra Yugoslavia. Hice un buen final de temporada en Italia y entré en la convocatoria.

Rivaldo fue muy importante en aquella Copa...

Sí. Y Ronaldinho también jugó mucho, mucho. Buscó la pelota en el mediocampo, corrió muchísimo. Aquel equipo era muy bueno, fue todo prácticamente perfecto.

¿Cuál fue el jugador más grande contra el que jugó? ¿Zidane?

Es difícil… En su posición fue, sin duda, el mejor. Pero también estaba Romario, que fue bueno de narices; Rivaldo, Maldini en su posición, Roberto Carlos...

¿Quiénes son sus amigos de verdad?

En fútbol, Zidane es uno y Roberto Carlos, el otro. Dida, Adriano, Figo… Felizmente tengo buenos amigos. Fuera del fútbol tengo algunos de toda la vida.

Es común que diga al despedirse por teléfono: “queda con Dios”. ¿Es religioso?

Sí, lo soy. No soy de ir a misa o de rezar, pero creo en Dios. Soy católico.

En Real Madrid comenzó todo muy bien: ganaron la Liga, la Intercontinental, fue “Pichichi”, el tercero mejor del mundo, pero… al año siguiente todo comenzó a empeorar.

Ellos cambiaron de entrenador, Vicente del Bosque y algunos jugadores como Makelele fueron vendidos. Pero así fuimos líderes casi hasta el final. En el último mes perdimos dos o tres partidos y se cayó el mundo.

Cuando acababa de llegar recibió el trofeo al mejor del mundo en 2002 y la afición gritó “Raúl, Raúl”. ¿No fue esa una cuestión de nacionalismo?

Claro que sí.

En 2005 la afición comenzó a tomarla con usted. Comenzó a sufrir muchas lesiones y ellos empezaron a llamarle “gordo” y “gordito”.

Es que volvía de la recuperación de las lesiones fuera de ritmo. Quizás volví antes de lo que debería, algunas veces por las necesidades del equipo. Mi masa muscular aumentó, pero no estaba gordo. Lo que importa es el porcentaje de grasa, y yo siempre lo tuve compatible con el de un atleta. Siempre estuve en la media, en torno al 10 %.

¿En la Copa del 2006, también?

Ahí también estaba recuperándome de la lesión. Seguía en la media según el fisiólogo, pero no valía la pena seguir desmintiendo.

¿Por qué nunca declaró su peso o se subió en una báscula y acabó con todo aquello?

Porque no iba a ganar nada. Lo que cuenta es la masa muscular. La polémica interesaba e iba a seguir de cualquiera manera.

¿Cuál es su peso ideal? ¿Los 94 kilos que pesaba oficialmente?

No hay un peso ideal. Lo ideal es estar por debajo del 12 % de grasa corporal. Pero ahí las personas divulgan lo que quieren.

De todas maneras, nos acordamos de sus arrancadas con el Barcelona, con el Inter… Después disminuyeron.

Cuando volví en 2002 jugaba más como “centro atacante”. Pero también tuve arrancadas, solo que no siempre acababan en gol. En el Barcelona los adversarios aún no me conocían. Yo hubiese querido ser aquel chico del Barcelona para siempre.

¿Qué pasó en la Copa del 2006?

Hubo muchas equivocaciones en 2006. Cada vez que la selección iba bien, era porque el equipo permanecía concentrado, aislado, protegido, solo entrenando. Nos concentrábamos más, con más ganas. Allí los entrenamientos eran vistos por 10.000 o 15.000 personas, con trasmisión en directo, prensa...

¿Y no podían protestar?

No éramos los responsables de aquello.

¿Y el equipo?

Había muchos jugadores volviendo después de una lesión, como yo. Pero no había un problema principal. No es igual que un coche al que le ves una avería o un defecto. Fueron muchas cositas.

También culparon a las “torres gemelas”, usted y Adriano al frente…

Pero cuando perdimos contra Francia, Adriano no era titular.

¿Y la acusación de que cada uno quería batir un récord?

¿Cuál es el problema? Si lo bates, es el conjunto el que sale ganando. La competitividad dentro de un grupo es saludable, nadie tenía problemas con eso. Si alguien batía el récord de presencia en la selección, es porque merecía estar allí, no es porque le gustase a Ricardo Teixeira. La gente no entiende eso, no entiende nada.

¿Y de aquí en adelante, Ronaldo…?

Me quedo un poco más de tiempo aquí en Río, entrenando, hasta encontrar trabajo [risas].

¿Qué pretende hacer cuando se retire?

Quiero ir a la universidad, pero aún no sé qué quiero estudiar. Pensé en economía, pero me gustan las matemáticas. Tal vez administración.

¿Vigila todos sus negocios?

Todos. Soy muy conservador con las finanzas. Invierto en inmuebles y el resto lo dejo todo en el banco, sin ningún riesgo.

¿Sabe adónde va a parar su dinero?

Eso lo sé muy bien.

Fue tres veces mejor jugador del mundo, marcó ocho goles en un mundial, es el segundo máximo goleador de la selección… ¿cree que aún tiene algo que demostrar?

Mi historia está hecha. Hay algunas páginas en blanco [risas] pero está hecha. Y la historia se hace dentro del campo. Lo que van a recordar en 50 años es lo que se hizo dentro del campo.

¿Se recordará la convulsión del 98, y el peso del 2006, menos que la conquista del 2002?

Claro. Basta ver lo que me dicen en la calle, que hice mucho por Brasil. Lo que quedará para la historia es lo que se hizo, no lo que no se hizo.