Comida lista para imprimir

Comida lista para imprimir

Impresoras 3D de alimentos están a la orden del día. Pueden preparar un menú de forma automática.

Comida lista para imprimir
25 de mayo de 2014, 01:25 am

Usar el término ‘impresión’ con la comida puede inducir a la confusión. Pero es la última promesa tecnológica para la gastronomía. En verdad, se trata de un proceso de fabricación aditiva, en el cual se van depositando capas de alimentos para conseguir un plato listo para degustar. “Podemos pensar que se trata de una fábrica a pequeña escala que tenemos en casa y que reproduce el proceso industrial, pero en el cual nosotros controlamos qué ingredientes usamos”, explica Emilio Sepúlveda, ingeniero cofundador de Natural Machines, que en diciembre sacará al mercado la impresora Foodini.

Cómo funciona parece un misterio, pero Emilio lo resume así: “El usuario crea o selecciona o se descarga la receta que quiere hacer, el dispositivo indica qué ingredientes son necesarios en qué cápsulas y, una vez cargados, ya puede empezar el proceso”.

Los ingredientes son muy variados, y las recetas, tantas como se quieran. Sólo tienen que cumplir ciertos requisitos para que trabajen bien con la máquina. Por ejemplo, no se pueden poner trozos de ingredientes que sean duros y muy grandes (como una avellana entera). Después, imprime finas capas de cada ingrediente.

Las recetas se gestionan a través de una aplicación; una tienda digital de recetas en la que los usuarios pueden compartir sus creaciones sin límite. Foodini trabaja con algunos chefs para que produzcan recetas para el dispositivo, que se suman a las de pasta, pizza, hamburguesas, recetas con arroz, chocolate, galletas, macarons... “Aparte de la funcionalidad pura de recetas, estamos colaborando con varias organizaciones para el seguimiento de dietas y, desde foodini, se puede saber el aporte nutricional de las porciones”, señala Sepúlveda.

Hay dos grandes ventajas: se eliminan los costos de distribución y manufactura, y además se puede tener un control absoluto sobre lo que se come. Por no hablar del tiempo que uno ahorra. La promesa de Foodini es hacer “platos con ingredientes naturales sin emplear mucho esfuerzo y sin necesidad de conocimientos tecnológicos o culinarios, personalizar los platos, conseguir formas y texturas complicadas de hacer a mano y seguimiento de dietas” (entre otras).

Creatividad sin técnica

Foodini no es la única. En Estados Unidos, Kyle Von Hasseln presentó Chef Jet Pro, una impresora 3D que produce caramelos, collares de chocolate y adornos comestibles. Para Von Hasseln, la ventaja de imprimir comida sirve para crear diseños personalizados y con una geometría casi imposible de hacer a mano. La máquina se comercializará por entre 4.000 y 10.000 dólares.

Precisamente, una de las cosas que permiten estas máquinas es hacer que los platos adquieran ese sentido estético extra a través de diferentes diseños. A esto, Foodini lo ha llamado ‘Food made fun’: “Probar diferentes formas y combinaciones antes de decidir qué vamos a preparar y, posteriormente, compartirlo a través de las redes sociales o a través de la tienda de recetas”. Ese es el aspecto más lúdico; “el tiempo extra que podemos dedicar a la creación”, dice Sepúlveda.

Tanto así que la Nasa ha invertido 125.000 dólares para explorar la posibilidad de utilizar una impresora 3D en misiones espaciales de larga duración.

Sin conservantes ni aditivos

Sin conservantes ni aditivos químicos. Esa es la principal diferencia de estas microfábricas respecto a la comida precocinada. “Es interesante leer alguna vez la etiqueta de lo que compramos y ver lo larga que es la lista de aditivos que llevan estos platos y la cantidad de sal, que no solo los hacen perjudiciales para nuestra salud, si no que, en algunos casos, los hacen adictivos”, señala Sepúlveda, cocreador de Foodini.

Por otro lado, estas máquinas están pensadas para elaborar la cantidad justa de comida que se quiera, sin que se desperdicie nada. Finalmente, está la personalización; la calidad y el precio de los alimentos dependen de la decisión de uno, ya que se puede preparar un plato a gusto de cada uno de los comensales, y no igual para todos; sin gluten, o con más especias, etc. Eso lo hace más codiciado en restaurantes o empresas de eventos, que ya han generado bastante demanda de Foodini.

REDACCIÓN DOMINGO