Marta Lucía Ramírez: La mujer conservadora

Marta Lucía Ramírez: La mujer conservadora

Hace algo menos de 50 años fue modelo de jabones y champús para comerciales de televisión.

Marta Lucía Ramírez: La mujer conservadora
9 de mayo de 2014, 07:20 pm

Hace algo menos de 50 años fue modelo de jabones y champús para comerciales de televisión. Por bonita y por simpática, la tentaron para ser señorita Bogotá. Pero ella quería ser otra. Entró a la universidad a los 16 años, se hizo abogada de la Universidad Javeriana y se casó a los 21. Entonces comenzó una carrera exitosa: fue empleada de la organización Luis Carlos Sarmiento, presidenta de MazdaCrédito y presidenta de la ANIF. En lo público fue viceministra de Comercio, embajadora de Colombia en Francia y tiene el récord de haber sido la primera y única Ministra de Defensa que ha tenido el país. Es Marta Lucía Ramírez, la candidata a la presidencia por el Partido Conservador, una amante de la filosofía oriental.

Por Melba Escobar / Fotos Pablo Salgado

En su oficina hay cuadros abstractos. Arte asiático. Jarrones con flores. Hay un par de platitos de plata en el centro de la mesa de juntas, unas guacas precolombinas junto a la ventana y un tablero donde, escrito con marcador, están los verbos creer, probar, arriesgar. Los colores ocre, la sobriedad de la atmósfera, las luces cálidas me hacen sentir en una embajada.

Como casi todos los candidatos conservadores que recuerdo, se la conoce por el nombre, a diferencia de los liberales, a quienes se les llama por el apellido. Marta Lucía llega media hora tarde. No es difícil imaginarla en su faceta de modelo casi cincuenta años atrás. Es alta, sigue siendo muy esbelta, su vestimenta es impecable. Al saludar, me hace pensar en una reina, pero no en una reina de belleza, sino en una mujer de la realeza, o quizá en una especie de “dama de hierro” que combina elegancia, amabilidad y firmeza.

Se excusa por el retraso. Habla en tono pausado, mirándolo a uno de frente. Me ofrece algo de beber, pero no pide nada para ella. Su voz es suave. La oficina está invadida por jóvenes que le hablan con soltura y a quienes ella responde con esa mezcla de parquedad y cortesía que la caracteriza. Su interés por la cultura oriental parece apenas un reflejo natural de una persona que se proyecta contenida, en control de sí misma. La abogada de la Universidad Javeriana tiene un amplio recorrido en temas como Comercio Exterior, Seguridad y Emprendimiento.

Marta Lucía tiene especializaciones en Derecho Comercial, Alta Dirección Empresarial y Legislación Financiera. Ha trabajado con Juan Manuel Santos, Álvaro Uribe Vélez, César Gaviria y Andrés Pastrana. Generó las bases para consolidar el Ministerio de Comercio, donde fue viceministra. Ayudó a trazar la Política de Seguridad Democrática y a ejecutarla.

Puso en marcha la campaña “Vive Colombia, viaja por ella” y fue testigo activo de la recuperación de carreteras, instituciones y autoridades locales en cientos de municipios. Conservadora de nacimiento. Fue embajadora de Colombia en Francia y la primera ministra de Defensa que ha tenido el país, así como la segunda en Latinoamérica.

En el año 2006 fue elegida senadora de la república por el Partido de La U. Sin embargo, en marzo de 2009 presentó su renuncia a la colectividad y al Congreso por no contar, explicó en su momento, con las garantías para su candidatura presidencial en los comicios que ganó el actual jefe de Estado, Juan Manuel Santos.

Su trato es más afable del que hubiera esperado en una de las políticas de más experiencia en Colombia. No en vano logró salir candidata del centenario partido azul, cuando este se encontraba dividido entre quienes se inclinaban por adherirse al santismo y quienes buscaban un candidato propio.

Marta Lucía no solo logró hacerse elegir en la controvertida convención, sino que lo hizo con una votación de 1.047 votos sobre los 1.269 que recibieron los tres aspirantes.

Durante la entrevista llega a extenderse y, sin embargo, no dice una palabra de más. Es una mujer prácticamente inescrutable.

¿Cómo fue su infancia?

Yo nací en Bogotá, me crié aquí, estuve en el colegio María Auxiliadora, luego en el José Joaquín Castro Martínez, después en la Universidad Javeriana donde estudié Derecho. He tenido una familia común y corriente, mis padres eran empleados ambos, mi papá en Bavaria, ambos están retirados. Tengo cuatro hermanos, me casé muy joven, por fortuna he tenido un matrimonio estable, ya de muchos años. Ver el matrimonio de mis papás ha sido un referente de mi propia vida.

¿Qué quería ser cuando niña?

Siempre me imaginaba qué estaba haciendo la gente en otra parte del mundo. ¿Qué estará haciendo una persona en Malasia? ¿Qué estará haciendo una persona en la China? Estamos hablando de hace más de cincuenta y pico de años. No voy a decir que a los siete años quería ser presidenta, pero sí me preocupaba el bienestar y el desarrollo y cómo éramos en relación con otros países.

¿Le molesta que le recuerden su faceta de modelo, por ejemplo cuando fue portada de Cromos?

No. ¿Sabes qué me molesta? La manera tendenciosa en que lo hacen, porque es descalificadora. Yo entré a la universidad a los 16 años, era una persona de clase media. Mi mamá me pagó la universidad con préstamos que ella pedía en el fondo de empleados de la compañía de seguros. Todos los semestres yo iba a recoger el cheque de ese préstamo, de tal manera que a esa edad era muy consciente del esfuerzo que hacían mis padres. Cuando tenía 17 años me propusieron hacer unas propagandas de Clearasil. La de Clearasil llevó a una propaganda de shampoo Glemo, y la de Glemo llevó a la de jabón Juno.

¿Qué hacía con las ganancias?

Empecé a ahorrar con la plata de esos comerciales y a ayudar a cubrir mis gastos. Como a los 18, después de haber hecho ese tipo de comerciales y de cosas, realmente me puse a pensar: el tema del modelaje, que es una carrera que valoro, no es lo que realmente quiero. Entonces me empezaron a llamar para el Reinado Nacional de la Belleza. Querían que fuera señorita Bogotá, y ahí sentí que eso ya me estaba desdibujando de lo que yo realmente quería ser: una abogada reconocida por su profesión. No me molesta haber hecho esas fotos, me molesta la manera tendenciosa en que Cromos las entregó a mucha gente cuando me nombraron ministra de Defensa.

¿La belleza puede impulsar una carrera?

Al contrario. Yo creo que para las mujeres en Colombia, cuando hemos tenido simpatía, cuando hemos sido “boniticas”, porque yo nunca fui una belleza extraordinaria, lo triste es que nos tratan de descalificar. Ojalá otros países tuvieran lo que tenemos acá: mujeres preparadas, talentosas, inteligentes y también bonitas. Es que quién dijo que para ser exitoso en la vida hay que ser feo y renegar de la vanidad.

¿Ha tenido experiencia con la educación pública?

No. Cuando iba a entrar a la universidad me presenté en la Javeriana, el Rosario y la Nacional. La primera que presentó resultados favorables fue la Javeriana y mis padres decidieron escogerla.

¿Ha estado desempleada alguna vez?

Buscando empleo, no. Digamos que siempre he sido hiperactiva. Parte de esa experiencia de hacer los comerciales en televisión, la tengo que complementar con una anécdota. Mi esposo es artista, él es arquitecto. Y me enseñó a hacer dibujos. Los dos, cuando teníamos diecisiete y dieciocho años, hacíamos registros de primeras comuniones, invitaciones de matrimonio, bautizos. Ese era nuestro trabajo los fines de semana. Eso me enseñó a ser recursiva, emprendedora. Hay que poder inventarse una actividad propia. En mi caso, cuando no he sido empleada he sido consultora, he tenido mi oficina, he hecho las cosas por mi cuenta. Si nunca he estado desempleada es porque nunca me he dejado desemplear.

Fue presidenta de MazdaCrédito. ¿Desde ahí cómo fue el paso al sector público?

Antes de eso fui dos años empleada de la organización Luis Carlos Sarmiento. Trabajé muchos años en el sector privado. Después de estar en MazdaCrédito cinco años, desarrollando en parte lo que es hoy el sistema de financiación de vehículos, fui presidenta de ANIF. Estando ahí comenzó el gobierno de César Gaviria, la época de la apertura económica, cuando me ofreció ser la directora del Incomex.

¿El Incomex pasa a ser el Ministerio de Comercio Exterior?

Sí, yo le propuse a Gaviria que creáramos ese ministerio, el cual fue responsabilidad mía durante su gobierno. Tuve que hacer el proyecto de ley, la planta de personal, remplazar un instituto con 180 funcionarios, de los cuales la mitad pasaron al ministerio y la otra mitad fueron nuevos, aplicando todo lo que había aprendido con Luis Carlos Sarmiento en cuanto a calidad, competencias, la gente más capacitada, pero también con una mejor disposición.

¿Y luego usted pasó a ser viceministra de ese ministerio?

Nombraron un ministro con credenciales políticas (Juan Manuel Santos), porque este es un país donde si uno no tiene apellidos ni maquinarias ni recomendaciones políticas, entonces le cuesta más trabajo abrir las puertas. Y cuando llegó el ministro, pues encontró todo armado.

¿Hubo una cercanía con Ernesto Samper o en qué momento se conocieron?

Cuando yo entré a la universidad, había otra generación de la que hacían parte Noemí Sanín, Ernesto Samper, Julio César Turbay Quintero. Era un grupo de gente que iba al final de la carrera, ellos iban en quinto cuando yo iba en primero. Entonces por aquello de que yo era bonitica, pues varios de ellos me coqueteaban [risas]. Años después, Ernesto fue presidente de ANIF. Entonces me invitaba a algunos eventos, hacíamos parte de unas reflexiones que se efectuaban en unas reuniones donde tuve oportunidad de conocer al doctor Alfonso López Michelsen, a Hernando Gómez Agudelo, y oír lo que ellos consideraban sobre cuál debía ser el desarrollo de la banca en Colombia.

¿Y alguna vez hicieron política con Samper?

Estuve con Guillermo Perry y con Cecilia López ayudándole a desarrollar todo su programa económico y en mi caso particular que conocía tanto de comercio exterior, esa fue la responsabilidad mía y mi única vinculación con el liberalismo.

¿Ser conservadora le viene de familia?

Mi papá es conservador, mi mamá, liberal. Resulta curioso que en las familias colombianas es común que las mamás sean más liberales. Yo realmente nunca fui una activista política y nunca me gustó.

¿Ahora le gusta?

Sigue sin gustarme por la manera como se hace la política en Colombia. Creo en la necesidad de cambiar la forma de hacerlo: sin maquinaria, sin clientelismo y pensando en políticas públicas, no en beneficios personales. En un momento dado tuve un profesor, Gabriel Melo Guevara, que me invitó a la campaña de Álvaro Gómez, y cuando llegué me pidieron que me pusiera a envolver votos, y ahí me di cuenta de que definitivamente no me interesaba esa visión de la política.

¿Es conservadora en sus valores, en su estilo de vida?

Sí, primero que todo soy una mujer católica, apostólica, romana. Voy a misa, comulgo, me hace falta esa comunicación espiritual y la tengo a través de mi religión, que es la religión católica. Nunca he pensado cambiarme de religión. Discrepo de algunas posiciones de la Iglesia que han sido demasiado radicales y que el papa Francisco está revisando en buena hora. Por otro lado soy absolutamente conservadora en que defiendo la familia y la unidad del matrimonio.

¿Y para gobernar?

En materia de valores creo profundamente en las instituciones. Creo que la sociedad necesita instituciones sólidas, necesita orden, necesita un Estado fuerte y siempre digamos que he tenido esa afinidad.

¿Cómo fue la entrada al Partido Conservador?

Fue después de haber pasado por el Ministerio de Defensa, algo que me hizo preguntarme qué quería hacer yo con mi vida: si seguir viviendo en el mundo glamuroso del sector empresarial, del comercio internacional, de los temas globales, que son supremamente importantes y muy bonitos, o si quería meterme en lo más pedestre, en lo más difícil, en lo más fangoso, como es la realidad nacional. Ahí tomé la decisión de ir al Congreso.

¿Cuál es su posición frente al proceso de paz?

Cuando a mí me correspondió dejar redactada la Política de Defensa en Colombia, dejé claro que el fin del conflicto debe ser en una mesa de negociación. Mi discrepancia con el presidente Santos responde a la oportunidad. Me parece que él anticipó innecesariamente un proceso que de todas formas nos íbamos a sentar a hacer. A las Farc había que seguirlas cercando desde el punto de vista militar y judicial, limitarlos y presionarlos, pero a él le pudo más la gana que la oportunidad. Mi segunda reserva obedece a que él nunca le puso condiciones. Y todos los que hemos sido negociadores sabemos que hay que poner condiciones.

¿Qué otra falla?

El reclutamiento de menores es un crimen de lesa humanidad, eso no puede hacer parte de una negociación. Los niños tienen derecho a una infancia tranquila al lado de sus padres, no puede ser que se los lleven a los diez años a la selva. También el presidente les ha debido poner la condición de no seguir colocando minas en el campo. Como no les han puesto condiciones, ellos siguen cometiendo toda clase de atropellos y por eso los colombianos hemos perdido la fe en el proceso.

¿Usted acabaría con las negociaciones de paz?

Cuando yo sea presidenta, voy a continuar ese proceso. Habría que mantener, en la medida de lo posible, el mismo equipo negociador reforzándolo y, una vez se analizaran todos esos textos que ya están negociados, nos volveríamos a sentar a la mesa. A partir de ahí le vamos a dar cuatro meses de plazo para concluir esa negociación. El país no puede seguir indefinidamente en un proceso que todos los días nos da una señal contraria y los que están cogiendo fuerza mientras tanto son los de las Farc.

"Cuando tenía 17 años me propusieron hacer unas propagandas de Clearasil. La de Clearasil llevó a una propaganda de shampoo Glemo, y la de Glemo llevó a la de jabón Juno".

¿Alguna vez ha sentido las secuelas de la violencia en carne propia?

En la época del Ministerio de Defensa sufrí las amenazas “normales”, digamos, por cuenta del cargo. Quizá lo más doloroso para mí en esos momentos fue que mi hija de dieciséis años, una adolescente viviendo en su casa como cualquier otra, de un momento a otro tuvo que irse del país, pues aparentemente no podía ser protegida de ser un supuesto objetivo militar de las Farc. Eso a mí me hizo tomar conciencia de cuántas familias en Colombia se han desmembrado por cuenta de este conflicto.

¿En qué medida se ha afectado su familia por el hecho de ser usted un personaje público?

Ser mamá es el don más maravilloso que Dios pudo haberme dado. De hecho, como mi esposo y yo nos casamos tan jóvenes, recién cumplidos los 21, durante ocho años no pudimos quedar esperando. Ya nos habían dicho que no podíamos tener hijos, y para mí era una de las cosas más dolorosas en la vida. Pero como Dios es grande y tengo tanta fe en Él, de un momento a otro llegó esta criaturita que ha sido la bendición de nuestras vidas. Tenemos una hija maravillosa. Y yo toda la vida trabajé muy duro. Y mi esposo también. Pero siempre he tenido un esposo que ha sido el mejor coequipero de la vida.

¿Hubo épocas de vacas flacas?

De hecho cuando ella nació estábamos en un apremio económico muy grande, en una situación difícil, porque mi esposo siempre ha sido independiente. Él es arquitecto y en esa época hubo una crisis en la construcción, de las muchas que hay. De tal manera que empecé a trabajar con Luis Carlos Sarmiento, y eso es el servicio militar más grande que uno pueda prestar, pues ahí no hay como llegar media hora tarde nunca. Mi esposo me ayudó muchísimo, mi mamá me suplía en algunas citas médicas y cosas así, pero lo otro ha sido organización.

¿Cómo manejan el tiempo?

Tenemos claro que nuestra prioridad es ser buenos padres de familia y buenos trabajadores, pero nunca hemos tenido vida social. No la necesitamos, nunca nos gustó mucho y nos desviaba de lo fundamental. Entonces eso nos ha permitido tener muchos tiempos dedicados a nuestra hija: los fines de semana, las noches. En mi casa siempre fue una disciplina llegar a más tardar a las ocho, ocho y media para comer, ver las noticias y normalmente ya nos sentábamos a trabajar de nuevo después de la comida. El problema es que la hija copió el modelo, ya es adulta y casi siempre trabaja hasta la una de la mañana o más.

¿Qué hace su hija?

Es economista, trabajó en una consultora, hizo un MBA por fuera y ahora está en el exterior.

¿Alguna vez se ha sentido discriminada por ser mujer?

Por supuesto. Normalmente en Colombia, mientras que a los hombres se les presumen sus capacidades, a las mujeres les toca entrar demostrando. Pero cuando uno se gana el respeto, digamos que ya es distinto. Yo sí creo que hay discriminación en contra de la mujer. No es un tema de percepción, son realidades que se dan todos los días. En el caso mío digamos que no las sufro directamente porque tengo carácter y aunque a veces no quieran oírme, me hago escuchar, pero sí lo veo con otras mujeres. Por eso siempre que he tenido un cargo público o privado, he tratado de empoderar a otras mujeres.

¿Qué opina del aborto?

No estoy de acuerdo. Pienso que esa no debe ser la opción para una mujer que se embarazó por descuido. Jamás. También, como me costó tanto trabajo tener esta hija, para mí el aborto es impensable. Pero creo que hay que permitir que la sentencia de la Corte se aplique en condiciones excepcionalísimas. El Congreso no la legisló y por eso nos vemos frente a interrogantes como ciertas malformaciones en el feto, donde yo creería que no da lugar a un aborto. Pero creo que en algunos casos se debería poder hacer un aborto en condiciones terapéuticas y sanitarias. Pero repito, solo en casos excepcionalísimos que el Congreso debería acotar todavía más.

¿Y el matrimonio del mismo sexo?

Estoy de acuerdo con las uniones de un mismo sexo, tengo amigos y amigas homosexuales, les tengo un profundo respeto pues veo que hay un amor auténtico en muchos de los casos. Pero considero que el matrimonio es entre un hombre y una mujer, que tiene además como objetivo procrear, tener una familia.

¿Cuál fue su mayor frustración cuando pasó por el Senado?

Sentir tan poco debate sobre los temas nacionales. Constatar ese pupitreo de los proyectos. Eran cerca de 500 proyectos al año, es una inmensidad, y yo hacía fichas de cada uno, lo que me convertía en el hazmerreír de la mayoría, cuando realmente creo que esa debería ser la responsabilidad de todos.

¿Hay un momento en concreto en el cual perciba la desigualdad social?

Es evidente que la gente de los estratos 1 y 2 no tienen acceso a salud, educación, empleo. Creo que hay que mejorar las condiciones de las personas más necesitadas. Creo que es importante que haya una élite, siempre y cuando se trate de una élite intelectual, profesional, no una élite social ni económica, que es lo que tiene la sociedad colombiana.

¿Cómo ha sido trabajar en el Gobierno?

He trabajando con varios. De hecho aquí cuando lo quieren descalificar a uno le dicen “es que fue gavirista”. No. Yo trabajé con el gobierno de Gaviria, pero no hice parte de su campaña, nunca trabajé políticamente con él. Estuve en su gobierno y creo que hizo cosas muy valiosas, un hombre reformador, hiperactivo; no trabajé con el gobierno de Samper, porque me pareció lamentable y vergonzoso para Colombia el proceso ocho mil. Trabajé con el gobierno de Andrés Pastrana y me sentí contenta de hacer parte de un gobierno con orientación exportadora, ahí hicimos la política de emprendimiento que luego sería copiada por otros países como México. Se llamaba “Jóvenes emprendedores exportadores” y Pastrana fue un activo apoyo en ese tema. Su visión internacional fue importante.

Después trabajé en el gobierno de Álvaro Uribe y fue una experiencia absolutamente conmovedora: después de 5, 7 o 9 años de no tener presencia del Estado en zonas donde la autoridad eran las Farc, y que llegáramos con la Policía, con el Ejército, que volvieran los concejales, que volvieran los alcaldes, fue realmente muy conmovedor.

¿Qué recuerda?

Por ejemplo en Miraflores las Farc les daban “cédulas”, entre comillas. Ver la reacción de la gente, el entusiasmo de los colombianos al ver cómo se iban recuperando las carreteras, por ejemplo en el programa que puse en marcha de “Vive Colombia, viaja por ella”, fue algo absolutamente emocionante. Fue recuperar una noción de nación y de país. Y la disciplina de Álvaro Uribe, su noción de darle a Colombia un futuro, su visión de inclusión, de inversión, de generar oportunidades, de convivir sin temor a que los mataran, fue un gran aprendizaje. Solo trabajé con él 18 meses, pero ese tiempo fue para mí un privilegio de hacer parte de un gobierno que nos cambió la visión de país y nuestra experiencia como colombianos.

¿Y su experiencia con Santos?

Santos era el ministro y yo la viceministra de Comercio del presidente Gaviria, pero como he dicho antes, a mí me tocó hacer el trabajo de adentro. El presidente Santos fue un ministro que el país recuerda porque fue el primer ministro de Comercio Exterior.

En lo personal, ¿qué diferencia a Uribe de Santos?

La disciplina de trabajo de Álvaro Uribe es infinitamente superior. Su capacidad de meterse en los temas a nivel micro. Su rigor con los detalles. Su visión integral de país. En el caso de la Política de Seguridad Democrática, el país percibía que había una visión y una urgencia por trabajar unos temas como era recuperar algunas regiones, no abandonar las que habían estado en el abandono. En el caso del presidente Santos yo le veo un solo foco, que es firmar el acuerdo de paz. Lo demás son buenas intenciones.

¿Se considera nativa, residente o turista digital?

Me considero residente. Paso varias horas al día en Internet. De hecho tengo una mamá con una curiosidad impresionante. Ella en 1996 ya se metía a Netscape. Y ella me explicaba todo lo que podía encontrar en Internet. En 1998, cuando yo estaba en el ministerio, me mandaba artículos de la OMC. Reviso noticias, mando información, ahora en campaña me ha bajado la disciplina, escribo tuits, tarde en la noche, pero me parece que esta era digital está cambiando mucho lo que somos.

¿Cómo cambiamos con conectividad?

Quiero que cada municipio de Colombia tenga educación virtual. Que haya tanto emprendimiento como educación superior de calidad para toda la gente que vive en pequeños municipios de Colombia. Quiero que un campesino pueda ir a un aula virtual y entender mejor cómo hacer el manejo de su cosecha y que sepa qué está pasando en los mercados, cómo se puede asociar, y garantizar que todos los jóvenes tengan acceso a educación universitaria y técnica. Generar intercambios con otros países de reconocimiento de títulos, de tal manera que un niño en Chigorodó, Santa Fe de Antioquia o Chía pueda estudiar en la Sorbona a través de la educación virtual, porque hay ese acuerdo gobierno a gobierno.

¿Dónde le gustaría vivir si no fuera Colombia y por qué?

Nunca he considerado la posibilidad de vivir fuera de Colombia. Mi esposo es ciudadano americano porque su papá era oficial de la Fuerza Aérea y él nació en EU y ese fue un dilema en nuestro hogar por muchos años, pues él quería irse y yo quedarme. Allá habríamos sido irrelevantes mientras que siento que acá lo que hagamos va a servir mucho.

¿Cuándo fue propietaria por primera vez?

Cuando estábamos mi esposo y yo recién casados, a los 21 años, tuvimos la oportunidad de comprar un apartamento aquí a la vuelta gracias al UPAC. A mí me duele que hoy día la gente no tenga un sistema de financiamiento de vivienda propia, hoy que los precios están desbordados. Actualmente por ejemplo un profesional que sale a ganarse tres o cuatro millones de pesos, encuentra que un apartamento de cien metros le vale 600 o 700 millones, por eso en mi gobierno la prioridad va a ser devolverle a la clase media un sistema de financiación de vivienda que les permita ser propietarios.

¿Y el campo?

En el caso nuestro, conseguimos ese crédito, pero yo siempre quise vivir en el campo. Y en esa época cuando no se usaba, encontramos un lugar en la Calera, con aire puro, con árboles que sembré yo misma y que ya son gigantescos.

¿Reciclan?

Mucho. Toda la vida hicimos huecos profundos para enterrar allí la basura orgánica y todo lo no orgánico lo bajábamos a Bogotá y lo botábamos a un basurero. De hecho tenemos una hija que era un sargento en la casa con ese tema.

Veo algunas piezas muy interesantes como esa de ahí. ¿De dónde es?

Es de Tailandia, la trajimos en unas vacaciones. Me encantan las cosas asiáticas. Tenemos mucho arte. Sobre todo en la casa. Y es que es una vida muy larga, son 38 años juntos. La filosofía oriental y el arte oriental me gustan mucho.

¿En literatura o en otras disciplinas?

Soy buena lectora, leo muy rápido, pero el 80% de mis lecturas son técnicas.

¿Cocina?

Me encanta. En una época tomé clases en una academia que hoy es Verde Oliva, si no estoy mal. La clase era con amigos, empresarios, los lunes a las seis de la tarde. Más tarde llegaban los esposos y hacíamos una comida en conjunto y el fin de semana ponía en práctica lo aprendido; mi hija se volvió una gran cocinera.

¿Qué otra cosa hace para relajarse?

Me gusta mucho caminar. Los fines de semana camino 12,15 kilómetros al día a muy buen paso. En una época montaba muy duro en bicicleta, ahora menos.