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Niña con leucemia terminó primaria por Skype

Gracias a la tecnología estudió desde su casa.

A los 13 años, Verónica Castellar del Campo ya sabe lo que es luchar por su vida. Tenía apenas 10 cuando se le diagnosticó un tipo muy agresivo de leucemia que la obligó a apartarse de sus compañeros de 4.° de primaria en el Colegio Alemán de Cali para dedicarse por completo a su tratamiento contra el cáncer, en la Fundación Valle del Lili.

Sin embargo, logró continuar con su formación básica gracias a la voluntad de sus padres, médicos y profesores, y a una forma innovadora de utilizar Skype, el popular servicio de videoconferencias.

En diálogo virtual con EL TIEMPO, sentada frente al computador instalado en la sala de su casa –su aula durante casi tres años–, Castellar recordó cómo a los miedos e incertidumbres propios de un caso como el suyo, agravado por una inusual resistencia de su cuerpo a la quimioterapia, se sumó la tristeza de no poder seguir estudiando con sus compañeros.

En palabras de su padre, Alejandro Castellar, un ingeniero mecánico de 49 años, la pequeña buscaba desesperada un “cordón umbilical” para no quedarse rezagada.

El tratamiento de Verónica debía tomar seis meses, pero se extendió a un año, y al principio el colegio le mandaba las tareas a su casa y su educación avanzaba, pero su recuperación no. “A nuestra Vero le pasó todo lo que le puede pasar a alguien a quien le hacen quimio –cuenta Alejandro–. Tuvo dos accidentes cerebrovasculares, una desmielinización (proceso que daña las fibras nerviosas) y una meningitis que la puso en coma”.

La última opción era someterla a un trasplante de médula ósea. A pesar de lo difícil que fue encontrar un donante compatible, el procedimiento fue exitoso. Sin embargo, los médicos ordenaron que pasara los siguientes meses en el más estricto aislamiento. Una vez más, ir al colegio no era una opción.

Entonces alguien sugirió que usaran Skype. La mamá de Verónica, Nubia Yaneth del Campo, relata conmovida que una profesora del Colegio Alemán les regaló el computador portátil de su hija, recién fallecida, para que la pequeña pudiera seguir atendiendo las lecciones.

“Al comienzo, la cámara ni siquiera apuntaba al tablero, sino al grupo. La idea era que me sintiera integrada con el resto del salón”, comenta Castellar.

Ella terminó 5.° a distancia y, cuando llegó el momento de pasar al bachillerato, el Colegio Alemán incluyó en su presupuesto un kit especial, con una cámara de alta definición en el techo, que le daba a la estudiante una vista total del salón y del profesor, que dictaba la clase con un micrófono, para asegurarse de que ella lo escuchara, y mejoró su conexión a internet para que la comunicación con Verónica fluyera.

Cuando pasaban lista, ella contestaba como los demás, participaba en clase –el profesor incluso podía ver cuando levantaba la mano para pedir la palabra– y hasta estudiaba alemán en horarios extracurriculares. “Una vez me callaron. El tema de sociales me gustaba mucho y me estaba extendiendo tanto que el profe me dijo: ‘Bueno, ya. Deje hablar a sus compañeros’ ”, recuerda.

¿Y en los recreos? Verónica Castellar fue, durante el sexto grado, la única alumna del Colegio Alemán de Cali que se podía dar el lujo de pasárselos viendo la televisión.

Volvió al colegio

Hoy, Verónica tiene 13 años y cursa 7.° grado. Madruga para ir al colegio y, como antes de la enfermedad, se sienta junto a sus compañeros. Su presencia en el salón ya no es virtual, sino real, y ella está feliz. No obstante, confiesa que regresar a las clases presenciales fue un reto, pero más social que académico.

De hecho, sus maestros tenían listo un plan de choque porque se creía que iba a necesitar un proceso de nivelación, pero no fue así: ella estaba al tanto de todo y, lo mejor, completamente sana.

La experiencia con Castellar no solo ayudó al Colegio Alemán de Cali a prepararse para casos similares, sino que le valió ser destacado en el contexto internacional como ejemplo de accesibilidad.

El plantel, que hace parte de una red de 141 patrocinados por la Central de Colegios Alemanes, recibió el Sello de Calidad Exzellente Deutsche Auslandsschule. Para Alejandro Castellar, el caso de éxito de su hija aportó “un grandísimo grano de arena” al proceso de evaluación que condujo a esa acreditación internacional, el cual duró diez años.

WILSON VEGA
Subeditor de Tecnología

Publicación
eltiempo.com
Sección
Tecnósfera
Fecha de publicación
27 de abril de 2014
Autor
WILSON VEGA

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