'Cada niño podría ser un maestro del 'software': Walter Bender

'Cada niño podría ser un maestro del 'software': Walter Bender

Cofundador de Un portátil por niño dice que modelo comercial de tecnología no cambiará la educación.

'Cada niño podría ser un maestro del 'software': Walter Bender
20 de abril de 2014, 04:57 am

A principios de los 80, Walter Bender, junto con otros investigadores del Media Lab, del Instituto Tecnológico de Massachusetts, se propusieron una meta: lograr que cada niño en el mundo tuviera acceso a un portátil. Tres décadas después han logrado que 2,4 millones de estudiantes y profesores utilicen en sus clases laptops que funcionan con el sistema operativo Linux, que es libre y diferente a Windows o Mac. El proyecto se consolidó con el nombre de One Laptop Per Child (OLPC) o, en español, ‘Un portátil por niño’, que se desarrolla en 46 países de los cinco continentes. En Colombia, cuatro comunidades escolares ya aplican la iniciativa.

Pero Bender fue más allá y creó Sugar Labs, un revolucionario software basado en la teoría constructivista para dar herramientas de aprendizaje a los niños. Su uso es libre y cualquier profesor lo puede descargar. “Todo niño debería ser un desarrollador de software… No es que quiera que todos se conviertan en ingenieros, es solo que aprender a programar será indispensable para entender cómo funciona su mundo”, dice Bender en diálogo con EL TIEMPO.

¿Por qué un ‘software’ bajo los principios de la teoría del constructivismo?

Es un enfoque muy distinto al tradicional. Nosotros no les damos contenido sino herramientas, y ellos son los creadores. Si solo tienes la oportunidad de ser usuario, no te podrás convertir en un maestro, en cambio si eres el desarrollador, sí lo puedes lograr. Queremos que los niños vivan la experiencia de convertirse en maestros de algo. La teoría del constructivismo la añadimos en tres características: la expresión, las formas de relacionarse y la posibilidad de ser aprendices y maestros. También queremos que los niños hagan cosas que realmente les signifiquen algo a ellos.

En Sugar, muchas actividades parten de la construcción colaborativa. ¿Cómo impacta esto en la formación de los niños?

La única vez en la vida en que la colaboración entre compañeros se llama trampa es cuando se está en el colegio. En otros espacios de la vida se valora como una actitud inteligente para hacer el trabajo. Los niños pueden hacer lo que quieran con el software. Nuestro enfoque es aprender haciendo. Pero no solo así, sino a través de la reflexión; por eso, los niños no solo hacen, sino que les permitimos que paren, conversen y piensen con sus compañeros. Construimos la idea de reflexión dentro del mismo software. Cuando haces algo, debes crear un diálogo crítico sobre lo hecho.

¿Qué opina de las alternativas ‘on line’ que existen para la educación?

Buscar contenidos en la red no es muy práctico en el salón de clases; lo que quería es que todas las actividades escolares no tuvieran que estar en línea sino en su diario vivir. Queremos que cuando los niños estén en su escuela puedan colaborar con otros, resolver problemas, criticar entre sí su trabajo. Esas actividades serán importantes para mejorar el método científico y resolver los problemas globales actuales. Eso está hoy fuera de nuestras escuelas y queremos que se vuelva parte de ellas a través del uso del software.

Muchos niños perciben a internet como un espacio de entretenimiento, ¿cómo cambiar esta perspectiva?

No es tan claro para mí que esa mirada deba cambiar porque son niños, y ellos deben divertirse. Cuando llegamos a Uruguay con el programa OPLC, hicimos pruebas para saber qué hacían los niños con los computadores. Antes de que utilizaran Sugar, jugaban, y después de Sugar... siguieron jugando. Pero también hacían más que eso: buscaban información, escribían, componían música, hacían videos, chateaban, programaban, creaban imágenes. Utilizaban el computador como una herramienta. El objetivo de Sugar no es pararles el juego, sino dejarlos hacer algo más.

¿Cómo hacer que los maestros se familiaricen con las nuevas tecnologías y las apliquen en las aulas de clases?

Hay un secreto, y seguro será un gran titular: los profesores también pueden aprender. Lo que tenemos que hacer es ponerlos en un contexto donde puedan hacerlo. El problema es que no les damos la oportunidad a los profesores de ser aprendices; los estigmatizamos en vez de darles alternativas. También significa que su rol cambiará de darles información a los niños a convertirse en mentores. Tenemos que aceptar que el aprendizaje necesita tiempo. Sugar no es magia. El cambio no viene con la tecnología sino con lo cultural, y necesitamos transformar la cultura de la clase. Parte del problema es que ponemos expectativas irreales en la tecnología y tratamos de medir cosas que no importan. Deberíamos medir el emprendimiento de los niños y no las notas que sacan en los exámenes.

¿Por qué, en su perspectiva, es necesario el ‘software’ libre en la educación?

Si no aplicas el software libre en el aprendizaje, un estudiante no podrá convertirse en maestro; no va ser autónomo, no le va a dar sentido a lo que hace. Para la industria del software, un solo profesor, una sola clase, incluso, las escuelas de toda una ciudad son un segmento muy pequeño para el modelo comercial. Microsoft no va a comprometerse con un mercado así. No podemos esperar a que las grandes compañías cambien la educación; la única manera como será posible es si cada estudiante y profesor la cambian. Además, si ellos lo hacen, un estudiante no tendrá la oportunidad de convertirse en un maestro, no aprenderá.

LAURA BETANCUR ALARCÓN
Para EL TIEMPO