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¿Qué hay detrás de las manifestaciones en Venezuela?

Aunque las protestas no son nuevas, la jornada del miércoles trajo escenas hasta ahora inéditas.

Venezuela se encendió de golpe. Las manifestaciones que, por espacio de siete días habían recorrido calles y ocupado plazas en varios estados, con reclamos de más seguridad y menos corrupción, derivaron el miércoles en violentos choque que dejaron siete detenidos, docenas de heridos y al menos tres muertos.

Las imagenes de avenidas repletas de manifestantes, ya fueran partidarios u opositores del chavismo, no son nuevas en Venezuela. Pero la jornada del miércoles trajo consigo escenas hasta ahora inéditas de estudiantes ensangrentados, civiles armados, carros en llamas, violencia y represión. (Lea también: Decenas de chavistas protestan 'contra el fascismo' tras disturbios)

En lo que para observadores internacionales constituye una muestra de desespero ante la fuerza de los hechos, el gobierno intimidó a los canales de televisión nacionales, que en su mayoría se abstuvieron de cubrir los desórdenes.

A su tradicional uso de las cadenas obligatorias para ocupar las frecuencias de radio y televisión, el gobierno sumó esta vez una orden para retirar de la parrilla de las principales cableoperadoras la señal de NTN24, un canal con sede en Bogotá que transmitió la jornada en vivo desde Caracas.

Mientras la oposición denunciaba la violenta represión de las manifestaciones, el presidente Maduro echó mano de un discurso ya bien conocido: que las marchas buscan derrocarlo, que los manifestantes tenían "intención de matar", que el país enfrenta un "rebrote nazi fascista" y que tiene "fotos y videos" de los autores intelectuales y materiales de los desmanes. (Lea también: Estado venezolano incumple estándares de derechos humanos: ONG)

El discurso oficial se nota cada vez más desarticulado, pues a la vez que llama a los jóvenes bolivarianos a una marcha en "desagravio", advierte que, quien salga a "ejercer violencia sin permiso para movilizarse" será detenido.

No parece responsable, en este punto, pronosticar qué curso seguirá la situación en Venezuela.

Los análisis de la prensa venezolana proyectan de acuerdo a la posición política de columnistas o medios.

En redes sociales pululan mensajes llamando a mantener las protestas y recordando que tomó 23 días de manifestaciones precipitar la salida del dictador Marcos Peréz Jiménez.

Sus mensajes no solo parecen ser simples deseos, sino que dan sustento a la tesis oficial de que tras las marchas hay una intentona golpista.

Pero nada de eso cambia el hecho de que esta contundente manifestación de descontento ciudadano toma al gobierno de Miraflores en un mal momento, desgastado por hechos recientes de violencia, por una pronunciada caída de la producción petrolera y por nuevas señales de descalabro económico.

No resulta claro si esta vez le bastará -o por cuánto tiempo funcionará- la táctica de culpar a la "oposición apátrida" y a la "derecha fascista".

La prensa venezolana, debilitada por años de intimidación, ha usado el poco papel que le queda para cuestionar que el país haya llegado a este lamentable extremo.

"Lo de lo de ayer (miércoles) parece anunciar el principio del fin de un proyecto que nació sin futuro porque no supo deslastrarse de un pasado indigno, fundado en un golpe militar y alimentado por la traición a los principios democráticos" decía el miércoles la editorial de El Nacional.

Por su parte, el opositor Tal Cual denunció la "violencia absurda" y apuntó: "El uso de armas de fuego debería estar prohibido para controlar manifestaciones, y los colectivos ­sinónimo de parapolicías- deberían ser desarmados".

La respuesta del presidente Nicolás Maduro lo hace lucir a la vez arrogante y asustado.

Pero incluso un gobierno habituado a responder con insultos y excesiva fuerza a clamores legítimos de quienes no comparten sus ideas debe saber que esta vez tiene que andar con pies de plomo.

Las manifestaciones estudiantiles suelen movilizar el apoyo de otros sectores y el potencial de violencia de más represión, quedó evidenciado, es enorme.

Corresponde al Gobierno ejercer la mesura y recordar que la indignación no se puede bloquear apagando la televisión.

WILSON VEGA
SUBEDITOR INTERNACIONAL

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Mundo
Fecha de publicación
13 de febrero de 2014
Autor
WILSON VEGA

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