518 LGBTI han sido reconocidos como víctimas del conflicto

518 LGBTI han sido reconocidos como víctimas del conflicto

Casos de intolerancia y de la mal llamada 'limpieza social', que han promovido los grupos armados.

27 de enero de 2014, 01:44 am

El conflicto, que por décadas ha golpeado a las comunidades más vulnerables como indígenas y afros, ha hecho lo propio con la vida de lesbianas, gays, bisexuales, transgeneristas e intersexuales (LGBTI), quienes han tenido que sufrir el lastre de la violencia, de la intolerancia y de la mal llamada ‘limpieza social’ que han promovido los grupos armados.

Los horrores que ha tenido que vivir esta comunidad hacen parte de un capítulo que apenas empieza a escribirse. En la Unidad de Víctimas hoy reposan las declaraciones de 518 personas que han sido incluidas en el registro y con quienes se inició un proceso de reparación.

Hasta ahora los informes de Memoria Histórica han permitido conocer sobre los tratos crueles que sufrieron, por ejemplo, las mujeres que se reconocían como lesbianas en Barrancabermeja, en donde los paramilitares del Bloque Central Bolívar cometieron toda clase de abusos sexuales en su contra para someterlas.

Nohora Eliza Vélez, lesbiana, es una de las representantes de los LGBTI en la Unidad de Víctimas que hoy luchan por que se les reconozcan sus derechos en el Eje Cafetero. En el 2003 se desplazó desde Sevilla (Valle) a Armenia (Quindío), con toda su familia, luego de que las Farc violaron a una de sus hermanas y asesinaron a su hermano menor. “Querían reclutarlo pero lo mataron porque se dieron cuenta de que era homosexual y no servía para la guerra”, asegura.

El caso de la población de San Onofre también ha sido uno de los más reconocidos por los desplazamientos que generó, cuando en mayo del 2003, Marco Tulio Pérez Guzmán, alias 'el Oso', segundo comandante del frente Canal del Dique subió a un ring a 16 jóvenes gays que tuvieron que enfrentarse a puños, frente a todo el pueblo, para no ser asesinados. Los que se negaron tuvieron que salir de sus tierras. A la brutalidad paramilitar se suma la historia de un joven homosexual al que violaron, empalaron y finalmente degollaron varios hombres del Bloque Nutibara para “castigarlo”, en el año 2001.

Una de las primeras tareas de la Unidad ha sido llenar los registros con información que permita conocer quiénes son estas víctimas, dónde están y cómo mejorar sus vidas. De esas más de 500 personas, se ha podido establecer que el 70 por ciento han sido desplazadas de sus hogares por grupos armados, el 12 por ciento han recibido intimidaciones y amenazas, el 8,91 por ciento perdió a un familiar por un homicidio y el 2,71 por ciento sufrió un acto terrorista. Otros hechos como los delitos sexuales han dejado 9 víctimas LGBTI y la desaparición forzada, 5.

Antioquia es el departamento en donde más gays, lesbianas y transexuales han sido martirizados. Según los informes de la Unidad, en este departamento se encuentran el 20 por ciento de víctimas LGBTI reconocidas. Tan sólo en el Urabá Antioqueño, en donde se expandió el paramilitarismo, hay 25 casos. “En este departamento hemos notado que todavía hay una cultura machista fortalecida, en donde la heterosexualidad no reconoce otras opciones. Cuando el homosexual se hace evidente, confronta los estereotipos tradicionales, entonces llegan las amenazas, las violaciones”, asegura María Eugenia Morales, directora de género de la Unidad de Víctimas.

A Antioquia le sigue Bogotá, en donde se han registrado el 13,5 por ciento, Nariño, con el 4,3 por ciento, Bolívar, con 4,06 por ciento, y Chocó con el 3,58 por ciento.

La mayoría de personas sexualmente diversas afectadas son jóvenes entre los 18 y 28 años (46,7 por ciento); el 36,1 por cientos son personas adultas entre los 29 y los 60, y el 11,2 por ciento tienen 12 y 17 años. El 6 % son mayores de 60 años que viven en condiciones de pobreza.

Mujeres ‘trans’, las más vulnerables

Cuando tenía 15 años y se llamaba Cristian Camilo, Darla Cristina González fue reclutada por el frente noveno de las Farc en el municipio de San Luis (Antioquia). En las selvas del oriente antioqueño le enseñaron desde el himno de las Farc hasta cómo cargar un fusil. “Yo sabía que era un chico homosexual al que le gustaban los niños. Lo primero que sentí en la guerrilla fue ese rechazo por lo que era”, recuerda.

Cuando Darla llevaba menos de un año en la guerrilla, en el 2001, decidió escaparse. Un día se ganó la confianza de los altos mandos, pidió permiso para visitar a su familia pero nunca regresó. Se fue a vivir a Cali en donde luego se enteró de que las Farc habían secuestrado a sus padres como represalia por su fuga. Tiempo después sus papás y sus tres hermanas salieron desplazados para Buenaventura y luego Bucaramanga.

“No teníamos nada. Todo lo que nos pertenecía se quedó en San Luis”, cuenta. Así fue como Darla, quien para esa época ya había cambiado su apariencia a la de una mujer con cabello largo, cejas depiladas y ropa ajustada, entró en la prostitución. “No era fácil vincularme a ninguna trabajo. A los 17 años vi un aviso en el periódico en el que buscaban un chico que ofreciera servicios sexuales para un hombre. Yo me ofrecí”.

Meses después, con el sueño de tener una vida mucho más estable y ganar dólares se fue a vivir a Ecuador. Pasaron los años y Darla cambió se pasó por tres ciudades de Ecuador y luego en otras cuatro de Colombia. Finalmente decidió radicarse en Pasto. “La Policía creía que podía hacer con nosotras lo que quisiera. Nos detenían, nos echaban agua y orines, nos encerraban sin razón alguna en calabozos”. La humillación que experimentó en esos años y las amenazas en contra de las mujeres transexuales la motivaron a crear la organización social Género Trans del Sur, de la que hoy es líder y desde la que ha impulsado la defensa de los derechos de la comunidad LGBTI, la prevención del VIH y la coordinación de la reparación en la Unidad de Víctimas, proyecto que encaminó hace 6 meses.

Darla es una de las más de 250 personas transexuales que la Unidad de Víctimas ha reconocido como afectadas por el conflicto, las más vulnerables entre los LGBTI. El otro 33,9 por ciento de víctimas reconocen como gays, el 10,5 por ciento son lesbianas, y el 4, 9 por ciento, bisexuales.

De todos estos casos, la realidad que los transexuales han vivido en Colombia a raíz de la violencia y la discriminación, para la Unidad resulta alarmante. El 89,4 por ciento de víctimas que ha cambiado su apariencia y su sexo son mayores de 60 años de las cuales el 47 por ciento son hombres que se hicieron mujeres y que, según las investigaciones de la Unidad, hoy “viven en condiciones de extrema pobreza” por la discriminación laboral que sufrieron en su juventud. “En la edad productiva y debido a la problemática de la transexualización de los oficios, fueron relegadas al ejercicio del trabajo sexual y/o la ocupación en salas de belleza”, asegura la Unidad de Víctimas.

Darla, quien fue candidata al concejo y la primera mujer ‘trans’ que trabajó con la administración de Pasto, reconoce que las amenazas no terminan. Hace dos años un grupo que se identificó como neonazi asesinó a Gabriela, su compañera de apartamento. Hoy, como líder social, sigue recibiendo panfletos intimidantes. “Nos tratan de putas, dicen que somos un mal de la sociedad, un cáncer”, cuenta. “Por eso creo que la reparación a las víctimas LGBTI debe venir desde todos los frentes. Plantear políticas para eliminar la discriminación, darnos garantías en la salud, la seguridad, el trabajo, para vivir sin miedo. Reparar es un proceso que lleva tiempo y en ese trabajo estamos”, dice.

MILENA SARRALDE DUQUE
REDACCIÓN JUSTICIA
milsar@eltiempo.com
@MSarralde