Un sueño colombiano construido en fichas de Lego

Un sueño colombiano construido en fichas de Lego

Luis Javier Gómez Piedrahita hace parte del equipo de diseñadores de 'La guerra de las galaxias'.

Un sueño colombiano construido en fichas de Lego
23 de diciembre de 2013, 03:37 am

Un castillo medieval, con torres, banderas y ejército, armado en 588 fichas de plástico. El regalo anhelado, pero impensado. Tan especial que cuando se hizo realidad valió por pasar el año escolar y como regalo de Navidad y cumpleaños. Era un esfuerzo económico de Alejandro Gómez y Elizabeth Piedrahita por complacer a su hijo mayor. Y un descuido así lo confirmó: la etiqueta del precio estaba pegada en una esquina de esa caja de Lego. (Vea la galería: Un recorrido por el mundo Lego)

“Les salió carísimo”, dice Luis Javier Gómez Piedrahita cuando recuerda su juguete favorito. Juntando esas fichas de colores y diversos tamaños, este bogotano puso la primera pieza para armar su sueño.

Todo el colegio lo pasó con los jesuitas en el San Bartolomé La Merced. No solo fue un buen estudiante, ahora es un exalumno de esos que visita el centro educativo cada vez que puede.

Aunque en la Javeriana se hizo diseñador industrial, moldeó, probó y descartó piezas hasta encontrar que esa que casaba con su modelo ideal estaba en Nueva York (Estados Unidos). “Salí de Colombia en el 2008 porque quería estudiar diseño de juguetes. Encontré esa carrera en Nueva York, apliqué al programa y me escogieron”, dice Gómez, de 29 años, delgado, con barba y siempre sonriente.

Su siguiente escala fue Wham-O, una empresa que le abrió las puertas al mundo de los juguetes y que ha creado productos tan exitosos como el 'frisbee', el 'hula-hula', la pelota loca y el ‘fuchi’. Allí, en Los Ángeles, trabajó tres años, durante los cuales desarrolló caucheras, patinetas y toda clase de juguetes. También viajó, hizo amigos y alimentó ideas, pero el modelo de su vida todavía estaba incompleto.

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La pieza que Luis buscaba parecía imposible. Estaba en Billund, un pequeño pueblo de Dinamarca, que aloja una atracción mundialmente famosa: Legolandia. Y en Internet encontró una ruta para llegar a ella. Debía aplicar a un taller que Lego, la tercera compañía de juguetes más grande del mundo después de Mattel-, realiza una o dos veces al año para reclutar diseñadores.

Era diciembre del 2012 cuando envió su carta de presentación: una carpeta con proyectos de la Javeriana, diseños de juguetes y muestras de los que estaban en el mercado cuando trabajaba en Wham-O. “Me respondieron que les interesaba mucho mi portafolio y que me querían invitar a ese taller en Billund”, dice Gómez.

Le llegó a Los Ángeles una caja llena de fichas de Lego con las que tenía que diseñar algo en lo que podía incluir otros materiales. Esa era su primera tarea.

Su diseño, secreto por políticas de la compañía, podría ser uno de los sets a la venta en las tiendas de Lego en el mundo en un par de años. Tenía el reto de descrestar con una propuesta única y, luego, de acomodarlo en su maleta de viaje. Al final resultó simple, menos ropa y más fichas.

La segunda tarea era sacar la visa. “Esos momentos en los que el pasaporte colombiano no ayuda mucho y da un poco de rabia porque no es justo que el mundo esté globalizado y haya que hacer todos esos trámites para ir a una entrevista de dos días”, señala.

Armó paseo a San Francisco, al consulado de Noruega, que se encarga de los trámites de Dinamarca en la costa oeste de Estados Unidos. Siete horas en carro. Un extenso papeleo y listo, visa aprobada y viaje confirmado para enero del 2013. Voló de Los Ángeles a Fráncfort y de ahí a Billund, el extraviado pueblo de unos 7.000 habitantes, donde está la sede central de Lego.

En el taller participaron 17 diseñadores. Él era el único latinoamericano. Dos días de pruebas armando naves, castillos y personajes se pasaron tan rápido como la noche en un día de verano en Escandinavia. Un par de entrevistas con vicepresidentes de la empresa, el protocolo tradicional con cenas y al final regalos para todos. Sí, cajas de Lego.

“Nos dijeron que en dos semanas nos daban resultados y que nos enviaban un correo”, dice Luis. Pero ese correo nunca lo recibió. “Así pasa con los que contratan”, revela.

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Una mañana de enero, mientras se duchaba en su casa en Los Ángeles, sonó su teléfono. El número en la pantalla del teléfono lo paralizó. Era de Dinamarca. “De una me dijeron que querían ofrecerme un trabajo, cuánto era el sueldo y que si lo aceptaba”, señala.

Y así, sin entender siquiera la cifra –porque se la dieron en coronas danesas- aceptó. “No me importaba el sueldo”, dice emocionado.

Era la hora de desarmar. En dos meses desocupó su apartamento en Los Ángeles, vendió el carro, los muebles, renunció, se despidió de sus amigos y viajó a Colombia para visitar a su familia. El primero de abril reemplazó esas piezas con las que levantó una ilusión por la base de una estructura real en Billund: la de su sueño cumplido.

“Cuando niño me gustaba mucho jugar con los sets de Lego. Digamos que eso fue en gran parte lo que me incentivó a estudiar diseño de juguetes”, dice este joven colombiano, que revela que junto a su hermano Sergio comparte 52 sets de Lego.

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Su cargo soñado como diseñador de Lego resultó ser, además, uno de los más apetecidos: el área de ‘La guerra de las galaxias’ (Star Wars). Su perfil lo puso en la tarea de crear naves. Pese a que trabaja allí tiempo completo, el entrenamiento para los diseñadores incluye talleres en otras áreas como castillos o piratas.

Su oficina, dice, es un lugar increíble. “El edificio está dividido por proyectos, por un lado La guerra de las galaxias, por otro Lego City, el área de Ninjago, y dentro de cada proyecto están sentados todos los que tienen que ver con ese proyecto: marketing, administrativos, manuales de instrucciones”.

Si hay prisa, baja del segundo al primer piso por un tobogán. Para desconectarse, los sofás o los salones de juegos, y para trabajar, espacios de reuniones llenos de color.

Sobre su escritorio eléctrico, como el de todos los empleados, que les permite trabajar sentados o de pie, no tiene más que dos pantallas, un teléfono, sets de Lego que ha armado, muñecos de películas, un almanaque y un festival de fichas que en minutos convierte en naves espaciales.

“No he puesto nada pero sí voy a traer una bandera de Colombia, la tengo en mi lista de compras porque acá es imposible de conseguir”, adelanta.

Vive a dos cuadras de la oficina, en un moderno complejo de apartamentos que Lego construyó para sus empleados. Su jornada, como la de todos los empleados, es de 7 horas y 24 minutos diarios y cada quien las reparte como quiera.

Los modelos y piezas que elabora se construyen de manera física y virtual, explica. Y para ello tienen un tesoro único, el espacio soñado para cualquier niño: una biblioteca infinita de fichas. “Como diseñadores, vamos y cogemos las que queramos, las llevamos al escritorio y armamos”, resalta.

Así ha logrado la aprobación de tres sets de ‘La guerra de las galaxias’, que por procesos de diseño y producción saldrán al mercado entre mediados del 2014 y el 2015. Desde los bocetos hasta que la caja salga a la tienda –explica Luis- puede tardar unos 18meses.

“Uno de mis grandes retos fue diseñar una nave espacial que tiene casi 1.000 fichas”, revela. Por tratarse de modelos de una película, reciben de Disney (que compró Lucas Art, estudio que producía las películas) bocetos de las piezas. Ahí empieza su trabajo para darles vida en fichas de Lego.

Ya con el producto listo, se envía a Disney para que sea aprobado. Previo a eso se hacen pruebas con niños para ver si pueden armarla, si les gusta, si resiste al juego sin desarmarse, así como pruebas técnicas.

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Aunque con su llegada a Lego consiguió la ficha que le faltaba para cumplir su sueño, Luis no se pone un techo. “Me gustaría diseñar algo de una película de Pixar y Disney –dice–. Lego ha trabajado en ‘Cars’, en ‘Toy Story’; siempre he admirado a Disney Pixar como compañía y sería genial diseñar algún set”.

Dentro del equipo de 200 diseñadores -incluyendo de producto, gráficos y de concepto- comparte con personas de más de veinte nacionalidades y es el único colombiano. Pero prefiere que no se hable de él como “el colombiano que llegó a Lego”.

“Hay que enseñarles a los jóvenes a luchar por lo que quieren -insiste–. Siempre va a haber una forma, becas, donaciones. Que los niños que tienen un sueño no sientan que no pueden", asegura.

El camino que construyó para llegar a Lego seguirá siendo su motivación para crecer en la compañía. Por eso, en su apartamento tiene ese detalle que marcó su inspiración. “Cuando mis papás vinieron este año me trajeron esa caja del castillo que me regalaron cuando era niño”.

Lo más interesante es que ahí aún trabaja el escultor que hizo los caballitos, el castillo y hasta la foto de la caja en la que venía. En ese entonces, la empresa era pequeña y tenían que hacer de todo. Hace unas semanas logró que le firmara los caballitos con una dedicatoria de un ‘héroe’ que nunca pensó conocer, pero que siempre admiró; el encargado de darle vida al juguete con el que se divirtió toda su infancia.

NICOLÁS CONGOTE GUTIÉRREZ
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM