¿Reelección para qué?

¿Reelección para qué?


¿Reelección para qué?
22 de diciembre de 2013, 01:21 am

Cada día parece más segura la reelección de Santos. Zuluaga, como era predecible, tiene mucho menos favorabilidad que Uribe. No aparece tercería alguna con posibilidades reales. La izquierda sigue desunida y le hará mucho daño el espectáculo que ha dado Petro como alcalde y después de la sentencia del Procurador. Muchos se preguntan hoy cómo sería una presidencia de izquierda en Colombia, haciendo arbitrariedades y luego desafiando los fallos de las autoridades judiciales mediante movilizaciones populares. Desafortunadamente Petro resultó más parecido a Chávez que a Lula, hasta en lo mitómano (se compara todo el día con los próceres de nuestra historia).

Pero ¿la reelección para qué?, como diría el maestro Echandía. Santos solo ha dicho que quiere completar su obra, en especial las negociaciones de paz. ¿Sí le conviene apostar todo su capital político a un solo número de la ruleta? ¿O meter todos sus huevitos en una sola canasta? Sobre todo en una canasta que no depende solo del Gobierno: se necesitan dos para bailar tango y los negociadores de las Farc pierden frecuentemente el paso y hasta pretenden cambiar el ritmo. La mayoría de los colombianos continuamos apoyando el intento, aunque la desconfianza con las Farc ha ido creciendo a medida que hablan sus dirigentes. Santos no puede firmar cualquier tipo de acuerdo, como resulta claro de las encuestas de opinión y de los compromisos internacionales del país. Y no lo haría. Por eso escogió un excelente equipo de negociadores, que nos brinda esa garantía y que se ha mantenido fiel a la agenda cada vez que la contraparte busca descarrilarla.

También es bueno que termine las obras, donde hay obras en curso: los TIC, los programas de primera infancia, la vivienda y las carreteras nacionales. Y que ojalá logre hacer funcionar la reforma de la salud, aunque hay pesimismo al respecto. Pero ¿acabar qué obra en temas de gran trascendencia, que han sacudido al país en los últimos meses, y donde ni siquiera se ha echado la cimentación, como sucede con la calidad de la educación, el desarrollo rural y la justicia?

El país acaba de descubrir, como lo hace cada 4 años, cuando se publican las pruebas Pisa, que nuestros niños van a la escuela pública pero no aprenden. Y sabemos que esta situación limita nuestra competitividad y el crecimiento económico y es la razón principal por la que mantenemos tasas tan altas de desigualdad. Pero, aunque en lo individual los colombianos no ahorran esfuerzos para educar a sus hijos, hacemos muy poco en lo colectivo. Seguimos aceptando que se dediquen a la docencia solo los bachilleres con peores resultados Icfes, que se formen en programas de baja calidad, que no tengan el acompañamiento tutorial necesario cuando entran al magisterio ni dispongan de programas serios de actualización profesional, que trabajen en escuelas con pocos incentivos para mejorar y que se les pague mucho menos que a los ingenieros, economistas y abogados.

Sorprende que Santos, que conoce el nuevo mundo de la economía del conocimiento y que valora los conocimientos técnicos, le haya prestado tan poca atención a este asunto. Nombró a una buena ministra y la dejó sola en el trámite de la reforma universitaria. Y si bien puso en marcha un programa importante (Todos a Aprender), este es apenas un piloto y no está insertado en el programa ambicioso de reforma que necesita el país. Un estudio reciente, promovido por la Fundación Compartir, muestra lo que habría que hacer para tener en 10 años educación básica de la calidad, que hoy tienen Corea del Sur, Singapur o Finlandia. Ojalá nos decidamos a hacerlo.

Igualmente, el país descubrió con el paro agrícola que carece desde hace décadas de una política seria de desarrollo rural y agrícola. Pero no me alcanzó el espacio para este tema.

P. S. ¿A qué juega el Fiscal? ¿No sería mejor que se dedique a su trabajo?

Guillermo Perry