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Voto blanco

No se dejen engañar de nuevo. No coman cuento. No sean cómplices del circo que levantarán en marzo próximo. Ninguno merece respeto. El país no cambiará un ápice con ellos. Si no me creen, repasemos.

Partido Liberal. Increíble que un joven como Simón Gaviria sea tan viejo. Clientelista, subyugado por el brillo del poder, delfín sin el menor recato. No le importó ceder inamovibles con tal de mantener el puesto que le consiguió el papá. Que Horacio Serpa sea la renovación de esa cuadrilla roja es otro insulto a la memoria colectiva. Aún no responde por el robo de las elecciones de 1994 con dineros del narcotráfico, todavía no aclaró los múltiples señalamientos en el crimen de Álvaro Gómez y los liberales lo escogen para que encabece su manada. Que los voten los estómagos agradecidos, pero no los colombianos decentes.

Partido Conservador. ¿Qué más pruebas quieren de que desean seguir comiendo a nuestra costa de espaldas a los intereses patrios? Ómar Yepes, el que se repartió por cuatro decenios con su supuesto rival, José Renán Barco, el departamento de Caldas, ahora lo encabeza. Y ponen al frente de la lista del Senado al rey de la politiquería más rastrera del Atlántico, el incombustible de Gerlein.

Uribe Centro Democrático. Su líder absoluto pudo combatir la corrupción y prefirió aliarse con ella para repetir mandato. Y sigue en las mismas, con personajes aliados de los paramilitares. Por si alguien tiene dudas, miren que Óscar Iván Zuluaga, que combatió por años la siniestra alianza Yepes-Barco, ahora lo olvida y coquetea a los conservadores porque le interesa llegar al poder así sea de la mano del diablo.

Partido de ‘la U’. Es una vulgar empresa que compra curules donde hace falta, mantiene bandidos y solo camina hacia donde huele mermelada. Lo parió Uribe con su entonces vasallo Juan Manuel Santos, luego cambiaron de bando y mañana será de cualquiera que le garantice puestos y plata. Solo lo votan los que esperan algo a cambio.

Partido Verde. Ofrecía limpieza, política sin peajes. Pero perdieron y mientras unos olvidaron sus principios y se aliaron con el gobierno que encarnaba lo opuesto, otros deciden unirse a un partido que gestiona la capital del país con una ineptitud clamorosa y los demás ni sabemos en qué andan.

Polo Democrático. ¿Acaso Samuel Moreno no era de ese partido? ¿Nunca supieron nada? ¿Acaso el Polo no se unió con Samper para ganar Bogotá? ¿No sigue en un lugar destacado del Polo Jaime Dussán? Son, sin duda, los únicos con coherencia ideológica pero se les distrae la moral con excesiva frecuencia.

Voto en blanco. Es ahora o nunca la ocasión para enviar un mensaje a una clase política que nos desprecia todos los días. Santos se las prometía felices porque contaba con el 80 por ciento del Congreso. ¿De qué le sirvió? De absolutamente nada. No hicieron las grandes reformas que necesita el país porque suponía arrebatar injustos privilegios a las castas de siempre. Y para aprobar cualquier iniciativa, en lugar de argumentos echó mano de burocracia y contratos. El voto en blanco les grita que no nos representan, que son un parche en el que mandan los hampones, que deben corregirse.

Les auguro desde ya que si votan por algún partido, se arrepentirán.

NOTA: Se fue el más grande. Lástima que la Humanidad sólo produzca un Gandhi, o un Juan Pablo II, o un Mandela cada siglo. Así nos va.

Salud Hernández-Mora

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
8 de diciembre de 2013
Autor
Salud Hernández-Mora

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