Una tarde en el tour de Pablo Escobar

Una tarde en el tour de Pablo Escobar

Empresas informales ofrecen en Medellín un 'recorrido por sitios claves del capo'.

Una tarde en el tour de Pablo Escobar
2 de diciembre de 2013, 04:43 am

–¿Y es que Pablo Escobar no dejó historia?

Eso dice el hombre que maneja la camioneta blanca con letrero escolar en la que va a empezar el “tour de Pablo Escobar por Medellín”. Son las dos de la tarde de un martes y esta vez el carro no va tan lleno. Por la mañana, en cambio –en el primer turno de todos los días que comienza a las 10–, el guía llevó a diecisiete turistas (todos extranjeros, la mayoría suramericanos), que pagaron los 60.000 pesos que vale el recorrido. Hay excursiones más baratas, explica el hombre, pero la que él ofrece tiene una ventaja sobre los demás y muestra la tarjeta de presentación que lo corrobora: “We are the only tour in Medellín that goes into Roberto Escobar’s house (Pablo’s brother), where you will meet and talk directly to the Escobar family”. También está escrito en español, aunque la mayoría del público que los busca es europeo o estadounidense. Por esa razón tienen contratados a jóvenes traductores, que les ayudan con los diálogos. Mientras otras empresas de Medellín ofrecen el recorrido de los sitios claves del capo por 35.000 pesos, este vale casi el doble porque irá a la casa del hermano de Escobar, el Osito, ficha importante del cartel de Medellín al que, cuando estuvo preso en la cárcel de Itagüí, le hicieron un atentado que lo dejó casi ciego.

El sitio de encuentro para iniciar el tour es el parqueadero de un centro comercial del barrio El Poblado. La camioneta está equipada con una nevera llena de jugos y agua para los turistas. Tiene, también, una pantalla de tamaño mediano, en la que desde el comienzo del viaje presentan un video sobre el narcotraficante colombiano; es uno de los DVD que luego se ofrecerá a la venta a 10.000 pesos cada uno. “Lo mejor es que lo vean con calma después, en sus casas, porque dura más de una hora”, dice el guía, un hombre recio, pero amable, que cuenta que conoce a la familia de Escobar desde hace más de 30 años y por eso su tour tiene entrada a la casa familiar, donde se construyó una suerte de museo del narcotraficante. Dice eso y le sorprende que haya una colombiana en el recorrido. “De los 500 turistas que recibo por mes, no más de 20 son colombianos”, afirma. La turista colombiana no ha dicho que es periodista. El guía ya ha advertido que Roberto Escobar no acepta periodistas. “Él va a recibirlos para que le tomen fotos, no para que hagan preguntas”. Y cuenta que una vez tuvo un problema con un turista español que le preguntó al Osito qué pensaba de las muertes que había provocado su hermano y “don Roberto se molestó. Es que para eso no es”.

Para eso no es.

La frase queda flotando.

Y entonces para qué es.

* * *

La primera parada es en el edificio Mónaco, donde vivió Pablo Escobar con su familia y donde, dice el guía, comenzó la guerra entre el capo y los ‘Pepes’ (‘Perseguidos por Pablo Escobar’) a causa del primer carro bomba que sus enemigos le pusieron, el 13 de enero de 1988. Lo que se ve es un edificio de ocho pisos deshabitado con la dirección carrera 44 n.° 15 sur-31. El guía propone un juego a los turistas: “A ver qué tan listos son. Traten de encontrar en qué parte del edificio dice Escobar”.

Pasan varios minutos sin la respuesta correcta. El hombre se ríe y muestra la sombra de unas letras metálicas que cubrían el muro frontal del edificio de arriba abajo con el apellido del narcotraficante. “Eran letras grandes, aunque él en realidad era un tipo reservado. No le gustaba ostentar. No andaba con cadenas de oro, nada de eso.” Los turistas pueden tomar fotos desde lejos del edificio; acercarse no, advierte, porque las autoridades no dejan. Es una parada corta. En realidad no hay mucho para ver. Desde lejos.

El camino hacia el segundo punto –la tumba de Pablo Escobar– es más largo y se alcanza a ver buena parte del video en la camioneta. El título del documental es 'Los archivos privados de Pablo Escobar', la historia del narcotraficante contada por su familia. Entre todas las cosas que se oyen, esta turista se queda con la frase de una hermana de Escobar que cuenta que la canción preferida del capo era “la de El violinista en el tejado; esa que dice ‘si yo fuera rico’”.

(Da algo de risa. Pero, sobre todo, da rabia. Qué hacemos aquí.)

Un par de horas después, un turista peruano comentó por qué había hecho el tour: “Por curiosidad, por hacer algo raro”. Por eso lo hace la mayoría, cuenta el guía. “Unos se van con la versión de que Pablo era un tipo muy malo y otros con la idea de que era un tipo muy bueno; la misma visión que tenemos nosotros acá.” Para hoy, 2 de diciembre, aniversario de la muerte del narcotraficante, espera que mucha gente llegue al cementerio a ver su tumba y otros tantos turistas hagan el tour por la ciudad.

Las dos abstractas fechas y el olvido. Eso escribió el gran Jorge Luis Borges respecto a lo que quería para su propia tumba. Eso (que es todo lo contrario de lo que merece la del escritor argentino) deberían tenerlo otras tumbas. Las dos abstractas fechas. El olvido. A la tumba de Escobar la visitan decenas de turistas. El pasto que la rodea se ha vuelto tierra de tanto caminarlo. Su tumba, en el cementerio Montesacro, está custodiada por la de sus muertos más cercanos. El guía va diciendo de quiénes se trata: su hermano menor, que murió en un accidente; su mamá, su papá, sus tíos; el escolta que murió a su lado –el único que se quedó acompañándolo hasta el final–. Unos metros más atrás, sin que lo visiten mucho, está la tumba de Gustavo Gaviria, primo y mano derecha de Escobar. “Ese hombre tuvo mucho más dinero que el propio Pablo porque, vea, era amarrado”, dice el guía y se soba el codo al mismo tiempo.

Cuando es momento de volver a la camioneta, el hombre advierte que hay que pagar el valor del tour y ofrece –extendidos en una de las bancas del cementerio– los videos que tiene a la venta, todos sobre Escobar, además de calcomanías –a 5.000 pesos– que tienen la silueta del capo con la frase: The King of the Coke. Ya no vende camisetas porque a los turistas les parecían muy costosas y no daban mucha ganancia. Otras empresas, sin embargo, que ofrecen el tour hasta por cuatro días (con visita a la hacienda Nápoles), sí venden camisetas con la imagen del narcotraficante e incluso las distribuyen para otros países, por 60 dólares extra por el envío. Son camisetas con el rostro del capo –como si fuera la de una estrella de rock– con frases como I love Pablo, El Patrón, Plata o Plomo. Tienen una página en Facebook en la que pueden leerse mensajes de fans (de Chile, Argentina, Reino Unido, Venezuela, España, Bolivia, Estados Unidos) interesados en comprarlas. “Todo aquel que dice saber mucho de Pablo y admirar al patrón, lo debe demostrar y darlo a conocer”, dice la página que invita al tour.

* * *

El tercer y último destino del tour es la casa museo de Roberto Escobar Gaviria. Ya no vale la pena ir a la casa donde Pablo Escobar fue dado de baja porque “no queda nada. La tumbaron”, explica el guía. También advierte, una y otra vez, que donde el Osito solo se podrán tomar fotos. Dice que no deja grabar y que tiene cámaras por todos lados, como medida de seguridad.

La camioneta toma rumbo a la avenida Las Palmas y sube por un camino casi destapado durante unos tres minutos. Es una vía por la que no pueden pasar dos carros en sentido contrario al mismo tiempo. Aquí empieza lo que, según el guía, es el plato fuerte del recorrido. Al bajarse del carro, lo primero que se ve es una foto ampliada de Pablo Escobar colgada en la pared de la entrada; la foto que se tomó en la cárcel La Catedral con un gorro ruso. El guía cuenta que “él quiso tomársela con esos barrotes para que vieran que sí estaba en la cárcel”. Luego mostrará un Wartburg azul del 65, uno de los carros preferidos de la colección de antiguos del capo; después una moto, el comedor donde celebró con su familia su último cumpleaños, una pared con fotos del narcotraficante que recorren su vida desde niño hasta adulto, el afiche donde se mostraba a los cabecillas del cartel de Medellín. Luego abre, como si se tratara del mayor de los tesoros, una caleta que habían hecho por si tenían que esconderse. “Tenían hasta oxígeno por si debían pasar mucho tiempo ahí.” “Tomen fotos, tomen fotos”, propone con insistencia el guía. Los turistas, la mayoría jóvenes mochileros que se enteraron del tour en los hostales donde se hospedan, toman fotos.

En el fondo de la casa de dos pisos hay una mesa con más videos sobre Escobar y fotos del capo ampliadas. Allá está el Osito, que espera para firmar los souvenir de los turistas. Se sienta en la mesa, recibe el DVD que debe firmar, pasa su índice derecho por la tinta y le pone su huella digital, junto con su firma.

–¿De dónde viene?

Es lo que pregunta a los turistas. Luego posa en la foto.

Así termina el tour, uno de varios que propone recorrer los lugares donde se desarrolló parte de “una historia que no podemos ocultar”. La pregunta que queda en el aire es si esa es la manera de conocer la historia de lo que representó Escobar para el país. La pregunta que ronda, durante todo el recorrido, es dónde quedan sus miles de víctimas en estas tres horas de turismo.

REDACCIÓN MEDELLÍN