Cerrar

Publicidad

Últimas Noticias de Colombia y el Mundo - ELTIEMPO.COM

Últimas Noticias

Ver más últimas noticias

Patrocinado por:

Es el momento

La nueva, y absurda, denuncia de Nicaragua contra Colombia hace ineludible una revisión profunda de la geopolítica regional y de nuestra política exterior en el Caribe. La verdad es que el país ha tenido históricamente una presencia marginal y débil en el área, agravada por la obtusa y populista decisión del gobierno Uribe de cerrar embajadas.

Con la excusa de que los diplomáticos no son más que unos zánganos y un desangre para el erario, desbarató la escasa infraestructura que teníamos en la zona. ¡Cuánto nos han costado en el Caribe y en el mundo ese aislacionismo y el desprecio del anterior gobierno por una diplomacia vigorosa!

La falta de presencia, la indiferencia y hasta el racismo que han caracterizado nuestra relación con los Estados insulares han permitido que otras naciones adversas a los intereses de Colombia expandan su influencia –de manera consistente– en el área. Llevamos décadas dando papaya.

Venezuela, desde Carlos Andrés Pérez, ha apalancado sus excedentes petroleros para proyectarse, agresiva e impunemente, sobre el Caribe. La versión más extrema de esa estrategia, sin duda, la puso en marcha el chavismo. Con millones de dólares en ayuda energética, los venezolanos se han comprado la solidaridad geopolítica e ideológica de esos países, arrancando por Cuba.

Sin plata, pero con un profesionalismo diplomático superior reconocido por tirios y troyanos, Cuba también mantiene una influencia significativa aprovechando sus recursos humanos (artistas, doctores, profesores, espías, milicias, entrenadores) y porque siempre asume una firme actitud en la lucha contra el racismo y el colonialismo, que coincide con las reivindicaciones históricas del Caribe.

El supuesto tácito que ha alimentado nuestra política hacia el Caribe es que las islas y las naciones angloparlantes del área son irrelevantes. El estereotipo usual es que no son más que paraísos fiscales. Craso error. No por ser pequeños esos países dejan de ejercer una influencia colectiva que es definitiva en los asuntos regionales e interamericanos.

Pero no hay mal que dure cien años. La coyuntura política actual ha abierto una oportunidad de oro para cambiar de paradigma y revertir las décadas de ausencia en el Caribe. Las grandes fuerzas geopolíticas en la zona están en retirada. La crisis venezolana llevará, más pronto que tarde, a que Maduro tenga que recortar severamente los recursos burocráticos y económicos con los que sostiene su presencia en el área. Así se lo está exigiendo su pueblo.

Por su lado, los cubanos, con su inmensa sagacidad diplomática, ya ven venir las consecuencias de una retirada chavista y han acelerado sus esfuerzos para avanzar en la distensión con los Estados Unidos. Obama está empezando a buscar una vía para la normalización de las relaciones con La Habana. Eso hará que Cuba suavice su activismo caribeño. Además, a los europeos –que después de la descolonización siempre han mantenido unos lazos privilegiados con los Estados del Caribe– se les acabó la gasolina con la crisis económica.

Ha llegado el momento de dar un viraje decisivo, cambiar de paradigma y aprovechar ese vacío para construir una presencia sólida y permanente en el área. Eso no se hace con pañitos de agua tibia. Si Colombia realmente quiere blindar su soberanía en el Caribe, hay que gastar menos en abogados y muchísimo más en diplomacia.

Díctum. El jaguar es una especie que une con su presencia a toda América y que está en el alma milenaria de nuestros pueblos. Hay que preservarlo a toda costa. La fundación Panthera Colombia –dedicada al objetivo de defender a los felinos tropicales– debe recibir todo nuestro apoyo.

Gabriel Silva Luján

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
2 de diciembre de 2013
Autor
Gabriel Silva Luján

Publicidad

Paute aqu�

Publicidad