'La industria está en crisis; el periodismo, no'

'La industria está en crisis; el periodismo, no'

Enric González, Jurado del Premio de Periodismo Gabriel García Márquez, habla del oficio.

'La industria está en crisis; el periodismo, no'
20 de noviembre de 2013, 11:40 pm

En diciembre de 2010, el cronista español, Enric Gonzalez escribió: “el arte es el instrumento que nos permite descubrir las preguntas que se ocultan tras las respuestas que nos rodean”.

Y ahora, el periodista, que vive una semijubilación que no es tan cierta-sigue trabajando- y quien renunció públicamente al diario El País, tras el despido de 149 colegas, se encuentra a la expectativa de las respuestas sobre el cambio que vive el mundo de los medios y del periodismo.

Su pluma irónica y vehemente que sirvió para contar historias sobre Londres, París, Nueva York, Washington, Roma y Jerusalén, donde fue el corresponsal más destacado del diario español, ahora se puede leer en El Mundo y en Jot Down, donde publicó su libro Memorias Líquidas, con los secretos de 27 años en El País. González fue uno de los jurados del Premio Gabriel García Márquez, que se entregó en Medellín y habló con EL TIEMPO sobre periodismo, cubrimiento de conflictos y crónica.

A un año de su renuncia a El País ¿cómo ve el rumbo del medio español?

Sigue por la vía de hace varios años, tiene los problemas por todos conocidos, pero por lo menos existe todavía, que era algo que no estaba asegurado hace algún tiempo. Y sigue teniendo periodistas muy buenos a los que respeto mucho.

¿Y el suyo después de la publicación de Memorias Líquidas?

Me siento en una época de transición. Muchos estamos a esperando a ver qué pasa con la industria, qué queda y qué desaparece. Ahora en España ahora todo es muy fluido: las cosas aparecen y desaparecen a gran velocidad, lo que parecía muy sólido ya no lo es, entonces es como ir saltando de una piedra a otra y procurar hacer el trabajo.

Y usted, con tantos años en el medio, ¿qué visualiza?

En España lo que veo es que el endeudamiento gigantesco de los medios compromete su supervivencia, impide su independencia y puede llevarlos a la desaparición; en el contexto global lo que existe es una transformación que tiene opciones benéficas, muchos riesgos de concentración de capital, desaparición de medios independientes, fusión entre el espectáculo y la información. Todos esos síntomas se han dado ya y habrá que ver qué ocurre, siempre quedarán medios interesantes, el punto es saber cuántos.

En esa transición, los ciudadanos cada vez participan más…

No soy muy creyente del periodismo ciudadano, ni del periodismo que lleva apellidos. Los que saben hacerlo son los periodistas, los ciudadanos pueden ser fuentes de información, participar en el debate, pero el periodismo es algo más complejo que eso. Por más que la industria está en crisis, el periodismo no y todos los días se hacen trabajos excelentes. En América Latina, tanto en papel como en internet, hay un montón de ejemplos de periodismo de óptima calidad.

Pero cada vez nos critican más, cuáles son los errores y aciertos del periodismo hoy…

Hay un gran problema que tiene dos caras pero viene de la misma fuente: la prisa y la falta de medios. El periodismo siempre se ha movido entre esos dos, pero la situación de ahora empieza a ser crítica: se acepta que los trabajos sean banales con tal de que resulten baratos y en muy poco tiempo, mejor minutos que horas y desde luego, mejor días que semanas, eso empobrece. El problema es que no parece haber ya empresas que quieran apostar por el contenido y que crean que haciendo buen periodismo tendrán lectores y harán negocio. Y entre peor lo haces, menos público tienes.

Usted ha dicho antes que "lo peor del periodismo son los lectores", ¿cómo es eso?

El lector que se enfrenta a un medio informativo con ganas de aprender y ser informado y pone un poco de esfuerzo porque quiere saber en qué mundo vive, es el lector óptimo y ha sido una minoría; luego hay un lector que quiere entretenerse, que busca cosas que le diviertan o escandalicen. Mi inquietud es que con tal de tener una mayor circulación en internet, con tal de vender prensa en papel, se está apostando por ese lector mayoritario que quiere cuestiones sencillas y que cada está vez más sesgado ideológicamente, porque ya se niega a intentar comprender las razones ajenas. Eso perjudica al producto: si buscas entretener al lector lo estás acomodando a cosas fáciles y degradando tu propio trabajo.

¿Y ese no es un lector fiel?

El lector mayoritario no tiene por qué ser fiel, porque tiene un montón de productos gratuitos más o menos comerciales, más o menos sensacionalistas, dispuestos a entretenerle a cualquier precio. Lo que conviene es dar al lector de siempre lo que necesita y cuidarlo.

¿Y cómo los periodistas pueden romper el círculo vicioso de escribir lo que piden los clics?

Hay una opción bastante incómoda y peligrosa que es mantener una cierta cultura de resistencia dentro de las empresas y no aceptar órdenes o instrucciones que son evidentemente estúpidas. Y luego está lo esencial que es hacer bien el trabajo, aunque las condiciones sean malas y los medios sean pocos, porque ese es nuestro crédito. Si no lo hacemos bien no solo no tenemos derecho a quejarnos sino que nos volvemos superfluos.

¿Y usted cómo lo logró en El País?

No hice nada en especial, me expresaba en mi columna diaria. Luego me censuraron una columna y al cabo de un poco tiempo me la retiraron y el director me ofreció la corresponsalía en Jerusalén, pero mi enfoque tampoco era completamente del gusto de la dirección. Finalmente dejé el periódico porque ya no podía seguir ahí y mantener los principios en los que yo creía.

¿En qué momento sintió que el diario perdía el rumbo?

Lo que me ocurría a mí no importaba mucho porque tenía una buena posición en el periódico, pero me alarmaban más las cosas que ocurrían a compañeros, cómo se cubrían ciertas informaciones, cómo se marginaba a periodistas muy buenos para beneficiar a otros no tan buenos pero mucho más dóciles. Era una situación global, todos nos sentíamos incómodos. La decadencia de un periódico que ha sido bueno durante años y empeora con rapidez, afecta bastante.

¿Se sintió traicionado por Cebrián?

Yo no, los traicionados fueron los principios fundacionales del periódico, El País aspiraba a ser un medio independiente y sobre todo muy profesional. La independencia se perdió con el tiempo, la deuda se hizo muy grande y el periódico como grupo quedó manos de los bancos acreedores y la profesionalidad también.

Hablando de transición en el oficio, ahora toma fuerza el periodismo de datos...

No lo veo como una amenaza, sino una vía nueva e interesantísima que se nos abre. Lo que no hay que perder de vista es que si haces periodismo de macrodatos es para servir a la gente que está en la calle, no a las empresas. Yo aconsejo a la gente joven que se familiarice con esas herramientas, porque pronto será algo muy usual e imprescindible. Hay que saber salir y hablar con la gente, sin eso no hay nada, pero necesitas acumular y depurar información.

Usted vivió varias guerras, ¿cómo ve el cubrimiento que se hace hoy de los conflictos?

Los cubrimientos de guerra siempre son frustrantes y ahora más porque la gente que lo hace está muy mal pagada, intenta hacerse un nombre y no ha tenido la suerte de aprender, al lado de veteranos, los recursos, la necesidad de prudencia, los detalles que hacen que te muevas mejor. Además, los ejércitos aprendieron que a los periodistas hay que mantenerlos cuanto más lejos mejor y eso complicó las coberturas, se invocó el riesgo para acreditaciones, permisos y demás, pero no lo redujo. En realidad el periodista tiene que buscarse la línea y salir, ver lo que está pasando.

¿Pero si lo estamos haciendo?

Hay una aparente falta de interés por buenas historias de conflicto. Parece que solo basta con obtener algo que se ha colgado algo en Internet con mucha sangre, cabezas cortadas, y aspectos ‘gore’ y no hacer una cobertura rigurosa en la que no solo se explique lo brutal de esta guerra, sino lo qué está pasando por debajo, quién la está moviendo. Todo eso sin una inversión poderosa que permita desplazar a los periodistas a lugares remotos. El caso es la guerra en Siria, que es en general muy mala.

Por eso recurren al empotramiento en unidades...

Es una trampa. Antes un periodista podía agregarse a una unidad y seguirla como observador independiente; ahora con las nuevas reglas de empotramiento dependes de los oficiales, de la censura militar, tienes que quedarte donde ellos te dicen y acaba creándose una relación de dependencia. Lo suyo es que el periodista vaya por su cuenta, pague sus gastos y pueda permitirse criticar lo que sea criticable en la unidad con la que está.

Finalmente, fue jurado en crónica y se habla de un boom de esta en América Latina…

No es una novedad. La crónica, que para mí es el género estrella porque tiene mayor presencia de la voz del autor, brilla en América Latina hace muchos años pero creo que va cada vez mejor. Pero lo que más me llama la atención es lo bien que se escribe, en comparación con España donde el uso del lenguaje se ha empobrecido. En América Latina se está llegando finalmente a proporcionarle un auténtico placer estético al lector.

CATALINA OQUENDO B.

Redacción Cultura y Entretenimiento