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Pijao, en el Quindío, es el primer pueblo 'slow' de Colombia

Este municipio está cerca de ingresar a la red mundial de ciudades sin prisa 'Cittaslow'.

Aunque suene a cliché, Pijao, un municipio de 6.600 habitantes ubicado en el occidente del departamento del Quindíó, en plena Cordillera Central, parece congelado en el tiempo.

La entrada al pueblo es un arco de columnas de ladrillo crudo con una estatua desportillada de la Virgen María. El reloj de la iglesia, una torre larga y con poca gracia, pintada de naranja pálido -el párroco dirá más tarde que parece una barra de jabón- se detuvo a las 7:25 minutos, algún día, hace muchos años.

En la plaza revolotean varias decenas de garzas blancas que llegan desde Canadá huyendo del invierno, los hombres matan el tiempo en cafés y cantinas con partidas de dominó, póker o billar; los niños juegan, los abuelos descansan. Por sus calles angostas la gente camina despacio, como contando los pasos; otros se asoman desprevenidos a los balcones de sus casas de madera, pintadas de azul, amarillo o verde, de las que cuelgan orquídeas, helechos y novios.

Aquí, como en la mayoría de pueblos, la gente vive sin afanes. Pero Pijao no es un pueblito común y corriente: está cerca de convertirse en la primera localidad de América Latina dentro de la red internacional de Cittaslow (ciudad lenta, en italiano) una organización mundial con sede en Italia que reúne a cerca de 150 ciudades que viven en comunión con la naturaleza, la cultura local y la comida sana, y que les brindan a sus pobladores una buena calidad de vida y, sobre todo, mucha tranquilidad.

La gestora de esta iniciativa se llama Mónica Flórez, una comunicadora e investigadora etnográfica que Nació en Pijao pero que se fue de allí durante 20 años, tiempo en el que trabajó como docente universitaria y reportera. También vivió en Estados Unidos e Israel. Y hace siete años decidió regresar, huyendo del ritmo desbocado de las ciudades y con el sueño de hacer algo bueno por su municipio, que aún no se recuperaba del terremoto de enero de 1999 y que estaba muy afectado por la crisis cafetera y por el conflicto armado. Una toma guerrillera ocurrida en el 2001 espantó a mucha gente.

Entonces, Mónica se preguntó qué hacer con un pueblo tan bello y rico en naturaleza, y se le ocurrió que una salida podría ser el turismo rural sustentable. "Tenemos montañas, tierra caliente y de páramo, osos de anteojos, cientos de pájaros, palmas de cera, aire puro, ríos y cascadas". Alguien le habló del movimiento Cittaslow y dijo: "eso es lo que necesitamos".

Viajó a Orvieto, en Italia, donde queda la sede de Cittaslow y dijo: "yo vivo en un pueblo colombiano que puede pertenecer a esta organización, ¿qué hay qué hacer?".

Volvió a Pijao y empezó a fomentar la idea con familiares, amigos y vecinos, con el alcalde de turno. Siguiendo las recomendaciones que le hicieron en Orvieto, emprendió un plan para embellecer las fachadas y otro sobre huertas orgánicas comunitarias con mujeres y niños, al igual que un programa de educación ambiental y gastronomía saludable con el apoyo del Sena y otras instituciones. Y así nació Pijao Cittaslow, en el 2006, fundación de la que ella es presidenta y que la llevó a ser concejal del municipio en el periodo anterior.

La propuesta ha estado en tres planes de desarrollo municipales, recibió en el 2012 el premio de 'Experiencia significativa' por parte de la Federación Colombiana de Municipios y también, el año pasado, estuvo a punto de llegar a feliz término. Pero el alcalde, Julián Vergara, un hombre convencido de este proyecto, murió de un infarto y los trámites quedaron parados. Tenía 66 años.

Sin pausa pero sin prisa

¿Qué tiene de bueno el sello de 'ciudad lenta'? Mónica lo resume así: "Lo primero: un reconocimiento a nivel mundial, ser el primero de América Latina, y que nos ayuden económicamente para sacar adelante un sistema de saneamiento básico y otros proyectos". Pijao no cuenta con agua potable. "También llegarían subsidios culturales y sociales como que nuestros jóvenes puedan ir a Italia a aprender sobre Slow Food (movimiento de comida lenta adscrito a Cittaslow)", sigue.

También podría convertirse en un paraíso turístico. "Hay un potencial de 80 millones de viajeros que buscan destinos naturales tranquilos e inexplorados como Pijao", continúa Mónica y explica que lo que se pretende es generar un turismo responsable -no masivo ni invasivo- y respetuoso de la naturaleza y las tradiciones locales.

El nuevo alcalde, Alberto Peña, de apenas 23 años y quien lleva siete meses en el cargo, afirma que ya está retomando el tema que dejó pendiente su antecesor, pues cree que este reconocimiento le traerá muchos beneficios a su municipio.

Sabe que esos trámites, prácticamente, dependen de su despacho y que con el turismo puede llegar el progreso. Eso lo ha expresado Pier Giorgio Olivetti, presidente de Cittaslow, quien ha sugerido, además, implementar un programa de energías renovables y fortalecer los sistemas de huertas comunitarias orgánicas. De eso, y de la voluntad política de la Alcaldía, depende el sí de esa red global. "Pero todo va por buen camino", opina el alcalde, y lo ratifica Mónica Flórez, quien espera que el próximo año llegue la aprobación desde Italia.

Hablando de huertas, Leiber Sofía Peña tiene una en la que siembra aguacate, limón y naranjas, y aromáticas como hierbabuena, caléndula, menta y mejorana. "Estamos cultivando productos orgánicos, no queremos comer más químicos. Eso nos enferma", dice la mujer, quien conoció este modelo de agricultura gracias a la propuesta de Pijao Cittaslow.

Pero, así como tiene amigos, este proyecto suma detractores. "No nos podemos comparar con los pueblos europeos. Allá hay gente que le gusta el silencio y toda esa vaina. No hay niños. ¡Pero aquí estamos levantando niños y no podemos condenarlos al silencio!", opina Gildardo Patiño, quien cree que si llega el título de Cittaslow, Pijao se convertirá en un lugar aburrido donde nadie querrá vivir.

Su esposa, Sixta Ardila, dueña del restaurante Las Delicias, lo mira con un gesto de desaprobación y cuenta que ella sí está de acuerdo porque cree que, con el turismo, el pueblo saldrá de la pobreza. Lo interrumpe y aclara que no significa literalmente 'pueblo lento' sino 'pueblo tranquilo' o 'sin prisa'.

Los bares, cantinas y discotecas se escuchan poco. Una tutela interpuesta por la fundación Pijaos Cittaslow logró, a comienzos de este año, que esos establecimientos le bajaran el volumen a la música, que retumbaba en todo el pueblo. El dueño de una discoteca -que no dice el nombre- califica de "ridícula" esta propuesta, además de considerar que afecta la economía de mucha gente y el derecho al entretenimiento.

Suenan las campanas del templo color naranja, invitando a misa, y sale el padre Albeiro Pérez, párroco de la iglesia que se derrumbó el terremoto y que fue levantada, después -según él-, en forma de barra de jabón.

Él también hace parte de esta campaña, tanto que piensa construir un mirador en la torre del templo como un atractivo para los visitantes que empezarán a llegar. "Este es un pueblo de paz, tranquilo, donde no pasa nada malo y la gente se muere de vieja", dice el sacerdote y aplaude este proyecto.

Desde que pisó Pijao, en el 2008 -tras una invitación de Mónica Flórez-, la alemana Martina Smith quedó enamorada de este lugar, tanto, que dejó su país y se fue a vivir allí. Compró un lote, en la zona rural, donde siembra café orgánico, vive en una casa de bahareque y madera, sin luz eléctrica, cocina en un fogón de leña y duerme en una hamaca. Y es una de las principales aliadas de Mónica Flórez en este propósito.

"Me siento absolutamente libre en Pijao, duermo con el sonido de los grillos y los pájaros. Me despierto y digo: vivo como en un cuento de hadas".

Reiki en los cafetales

Víctor Grisales es un caficultor que produce, en su finca de Pijao, uno de los 15 mejores cafés especiales del Quindío: el café Luqman. Además de ser agricultor, es maestro en reiki.

Un día, cuenta el hombre, vio que a uno de sus cafetos le estaban saliendo hongos y se le ocurrió hacerle terapias de reiki en lugar de usar agroquímicos. La planta, asegura, se sanó.

"El reiki tiene que ver con la calidad, el sabor y el aroma; son fuerzas y energías del universo a favor de nuestro café", dice Grisales, convencido de que a los viajeros les encantará conocer los cafetales que crecen saludables y exquisitos gracias a esta terapia de origen oriental.

JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO
Enviado especial de EL TIEMPO
Pijao (Quindío).

Publicación
eltiempo.com
Sección
Viajar
Fecha de publicación
17 de noviembre de 2013
Autor
JOSÉ ALBERTO MOJICA PATIÑO

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