'Me intriga el origen de la idea espantosa de Dios': Eduardo Escobar

'Me intriga el origen de la idea espantosa de Dios': Eduardo Escobar

Cercano al 'séptimo piso', el escritor hace su balance intelectual en 'Cuando nada concuerda'.

'Me intriga el origen de la idea espantosa de Dios': Eduardo Escobar
15 de noviembre de 2013, 08:49 pm

A punto de cumplir sus “primeros setenta años”, el escritor Eduardo Escobar se dio a la tarea de echar atrás en el rollo de su vida, para hacer una especie de balance intelectual. Así nació Cuando nada concuerda, el libro de ensayos que acaba de publicar.

“Lo fui redactando a medida que deshice los pasos por los libros de Kafka, Camus, Sartre, Thomas Mann, Nabokov, en fin, de los escritores más representativos del siglo XX. El libro podría servir como una guía de lecturas para los jóvenes de hoy que decidan abandonar los estadios, las puñaletas y el aturdimiento de las discotecas por la alegría de leer”, dice el poeta antioqueño, quien, con el tono sarcástico que lo caracteriza, habló con EL TIEMPO.

¿Con qué se encontrará el lector?

Son catorce ensayos sobre los libros que leyeron los nadaístas de Medellín, en los albores del movimiento, cuando la palabra nada era la única concordante con la situación desastrosa de un país habituado a vivir de sueños vanos y mentiras rampantes, entre las argucias del cacique y los terrores del cura desde hace quinientos años.

¿Por qué quiso reflexionar sobre la figura de Dios?

Descubrí al terminar el libro, como una revelación, que los mitos arcaicos que sustentan la civilización católica seguían vigentes en los autores mayores de la modernidad. Que Kafka, Kierkegaard, Nietzsche, Flaubert y Sartre eran sobre todo escritores religiosos aun cuando aparecían revestidos con las máscaras de la impiedad y el esteticismo. Me sigue intrigando muchísimo el origen de la idea espantosa de Dios. De ese fantasma venerable por quien ahora mismo se dinamitan mezquitas, sinagogas y basílicas, y se tortura mientras se reza.

Paralelo al tema anterior aparece la figura del demonio...

Me parece que la culpa es anterior al diablo. El cómico personaje no hizo más que cargar el peso del horror de la segregación que implica la conciencia de un Yo, separado de la naturaleza. Eso que el mito semita intenta explicar con la alegoría de la expulsión del paraíso y el pecado original que es el menos original de los pecados.

¿Y se metió también con la mentira, la moda y la farsa?

En el ensayo sobre la mentira y en el dedicado a la moda traté de indagar los motivos por los cuales los seres humanos simbolizamos, mistificamos, enlucimos la naturaleza cruda a través de las mentiras, la etiqueta y los trajes. Esta proclividad nos distingue de las otras familias de monos. Un poeta dijo que el hombre no soporta demasiada realidad. Las verdades de la ciencia no nos satisfacen. Necesitamos impostar, fingir, del ritual y de la ceremonia para poder vivir en sociedad.

No podía faltar el homenaje a ese gran amor de su vida: la literatura...

La literatura fue mi aire, mi casa, mi mundo. Fui lector precoz. Pasé la mayor parte del tiempo de mi vida entregado a las concupiscencias de la lectura. Soy un lector omnívoro. Vivo más intensamente en la literatura, que Sartre llamó comunidad con los muertos, que entre los libros de dobleces que son mis prójimos.

¿Qué papel cree que juega la literatura en la vida moderna?

La literatura convertida en una rama de las industrias del papel fue un fenómeno, una distorsión de la segunda mitad del siglo veinte. Pero no es justo pedirle a las masas consumidoras de las basuras de Hollywood y que solo pueden sentirse vibrar en los velódromos y los estadios, que mantengan viva una actividad sagrada, de clérigos. Los verdaderos lectores siempre fueron una minoría. Del mismo modo que una minoría prefiere Bach a Juanes. El tiempo de los booms ha pasado por fortuna.

¿Qué mirada retrospectiva hace hoy del ‘Nadaísmo’?

El nadaísmo fue para cada nadaísta una cosa distinta. Para mí, en lo personal, fue un modo de salvarme de la catástrofe masiva, un refugio y una justificación en una sociedad atroz entregada al ruido vano, a la charla vana y la matanza. Y en general representó una apertura para un país que se resistía a ingresar en el siglo XX. No importa si luego retrocedió a las viejas violencias partidistas en política, al alejandrino y el suspiro en poesía y en la novela al regionalismo que parecía superado desde Tomás Carrasquilla.

CARLOS RESTREPO
REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO