11 mitos sobre el whisky

11 mitos sobre el whisky

Que no puede acompañar la comida o que se daña al mezclarlo con agua, algunas creencias extendidas.

11 mitos sobre el whisky
9 de noviembre de 2013, 09:20 pm

¿Se puede beber una copa de whisky mientras se degusta un cebiche? Lo que parecería una especie de ‘herejía’ para los amantes de ese trago ancestral no es más que otra de las leyendas que se han ido generando alrededor de esta bebida. John Scott, uno de los 17 embajadores de la escocesa Glendiffich en el mundo, lleva años no solo promoviendo la marca sino rompiendo mitos. He aquí los 11 más extendidos.

1. Entre más viejo, más fino. La edad del whisky –de 15 a 18 años, por ejemplo– no garantiza su calidad. “Lo que sí garantiza la edad son más expresiones gustativas, más cuerpo en boca”, dice Scott.

2. Decidir cuál es el mejor es cosa de expertos. El mejor whisky es el que le gusta a uno. Esta máxima también la predican los enólogos y los sommeliers acerca de casi cualquier bebida. Aunque es bueno dejarse guiar si uno está aprendiendo.

3. La forma correcta de tomarlo es la de los escoceses. En Colombia se toma whisky para refrescarse; en Escocia, para calentarse. Scott sugiere ver la forma de tomarlo como una elección personal, similar a cuando se escoge el término de cocción en que a uno le gusta la carne.

4. El whisky barato es para los cocteles. Whisky mezclado con cualquier cosa que no sea agua es un coctel, afirma el experto: “Mi amigo, el embajador de un vodka, dice que un coctel es tan bueno como su ingrediente más barato. No importa lo que le pongan; si se trata de hacer un buen coctel, hay que usar lo mejor de cada cosa.

5. ‘Se demoran años haciéndolo para que uno lo dañe al mezclarlo con agua’. Otra idea para revaluar. El destilado sale del alambique a un promedio de 65 grados de alcohol, de ahí pasa al barril y con el paso de los años perderá fuerza hasta quedar en un rango entre 57 y 52 grados de alcohol. Para embotellarlo y venderlo hay que bajarlo a 40 grados y eso se logra hidratándolo. Una vez se va a servir, uno elige si echarle agua o hielo o tomárselo puro. Si se decide por el agua, es mejor echarle unas gotitas (no más de una cucharadita), lo que reduce el grado alcohólico y permite que los aromas escondidos se presenten. Agua en exceso le cambiaría el sabor.

6. Da menos guayabo. La relación entre la resaca y el whisky se explica casi en términos psicológicos. El barato tiene el mismo grado de alcohol que el caro. “Pero si le agregas hiperactividad, desgaste físico, deshidratación, exaltación mental y velocidad a la hora de beberlo y una mala dieta, porque no comes a la par sino tomas solo, te dará guayabo”, dice Scott. En contraste, un whisky que acompaña una comida mientras se está conversando no da guayabo porque supone una ingesta moderada. Pero hay una diferencia entre whiskies de una sola malta o single malt y blends (botellas que reúnen malta y otros granos). Químicamente, los single malt darían menos guayabo, porque tienen menos concentración de azúcar.

7. Es aperitivo o bajativo, no compañero de la comida. Scott sostiene la tesis contraria, aunque la lógica del maridaje (equilibrio entre comida y bebida) con whisky es distinta de la del vino. Si un whisky 12 años es dulce, afrutado o fresco con golpes almendrados, podría ir con los sabores frescos de un cebiche, un tartar de atún, un tiradito o un pulpo a la parrilla. Otra referencia de carácter más fuerte podría acompañar un cordero y una intermedia el postre. Otros sommeliers proponen jugar con la dilución en agua, hielo o puro a la hora de combinarlo con algunos bocados.

8. El hielo saca sabores escondidos. Todo lo contrario. El hielo amortigua el paladar y no permite saborear el whisky realmente, lo que sí se consigue con el agua.

9. Son mejores los más famosos, los ‘blends’. El 90 por ciento del consumo del mundo se inclina hacia las mezclas de malta y de grano, pero en Escocia la proporción es inversa: el 90 por ciento del consumo es de una sola malta. Así que no se puede decir cuáles son mejores.

10. Los aromas y sabores a canela o especias se deben a que estas se echan al barril. Es otro error creer que en la destilería se introducen ingredientes en el barril. La regla es que nunca se le debe agregar nada.

11. Es un trago masculino. “En mi opinión, es más femenino, porque sus aromas siempre llenan un ambiente de apreciaciones muy cálidas, dulces, frescas y suele tener un terminado largo que perdura en boca como el recuerdo de una mujer. Lo importante es que, por ser tan noble, puede degustarlo cualquier persona”, concluye Scott.

LILIANA MARTÍNEZ POLO
Cultura y entretenimiento