Buriticá: sitiado por el auge de la minería informal de oro

Buriticá: sitiado por el auge de la minería informal de oro

El Dapard ordenó la evacuación del sector San Román, donde hay 3.000 mineros en alto riesgo.

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27 de octubre 2013 , 09:53 a.m.

Soportados en troncos, al lado de un camino zigzagueante en una pendiente de 150 metros, existe un centenar de locales hechos en madera donde se consigue desde una tablet hasta un soat para motocicleta y funcionan restaurantes, panaderías y bares.

Este sector, conocido como San Román, está ubicado cinco kilómetros antes de la zona urbana de Buriticá (Occidente). Los lugareños dicen que hasta hace tres años era un cafetal, pero desde que detectaron oro, un grupo de personas arrendaron y abrieron 12 minas.

“La noticia se esparció y en los últimos años han llegado unas 3.000 personas de toda Antioquia, mientras en el área urbana viven 1.700. Los campesinos están en las minas. Hoy solo se cultiva en 20 de las 36 veredas y la producción de hortalizas desapareció”, dice Edilberto Jaramillo, director de la Umata.

Como hace menos de un lustro la Federación de Cafeteros inició la renovación de cafetales, hoy hay 1.000 hectáreas sembradas, pero no hay nadie dispuesto a abandonar un oficio donde en una sola quincena se pueden ganar más de 4 millones de pesos.

“Trabajo aquí hace un año. Somos conscientes del riesgo que corremos, pero no hay otro lugar donde podemos ganar tan bien sin tener estudio”, sostiene, Samuel García, de 29 años, oriundo de Vegachí.

Él es un ‘chatarrero’ de ‘la amistad’. Así son conocidos quienes no pertenecen a la mina, sino que en una plataforma apoyada sobre gaviones (bloques de piedra sujetos con alambre), esperan los residuos de roca que desechan los ‘catangueros’. Estos últimos suben la roca que los ‘frenteros’ pican a 300 metros bajo tierra.

Otro minero dice que tuvo un mes de 10 millones de pesos, pero reconoce que como ganan gasta. “Una cerveza aquí cuesta 3.000 pesos y la alimentación hasta 800.000. Pero tengo una moto y 10 vacas en la finca de mi papá”, afirma.

El pueblo tampoco se escapa a la inflación. Según Jaramillo, una habitación cuesta 300.000 pesos y una casa más de un millón. “Los profesores o empleados del hospital prefieren viajar desde Santa Fe de Antioquia. Hay un alto porcentaje de renuncias”, dice el funcionario.

Pese a que hace siete años la Continental Gold es la titular de toda la zona y tiene 29.000 hectáreas solicitadas, en la población aún no se refleja la riqueza.

Las calles están resquebrajadas por el inicio de la construcción del Plan Maestro de Acueducto y Alcantarillado, financiado con un empréstito que hizo la Alcaldía local por 1.250 millones de pesos.

“El año pasado percibimos solo 350 millones de pesos de regalías reglamentarias. Uno entiende que la única empresa legal de la zona apenas está en proceso de exploración y con la nueva Ley estos recursos son distribuidos en todas la regiones”, asevera el alcalde de Buriticá, Carlos Mario Varela.

A su vez, lamenta que el pueblo haya pasado de ser una despensa agrícola a una receptora de alimentos. Recuerda que la relación de la minería con su municipio solo hacía parte de la historia.

Según el historiador Roberto Luis Jaramillo, los conquistadores encontraron oro de aluvión (ríos) en ese territorio indígena, habitado por los buriticaes, pero a finales del siglo XVII la actividad entró en decadencia.

“En la última parte del siglo XVIII el gobernador Francisco Silvestre se asoció con privados para iniciar minería de veta allí, pero no había aún la técnica. Como los funcionarios tenían prohibidas estas actividades, sus adversarios lo hicieron apresar en Madrid”, dice Jaramillo.

En el ojo del huracán

Si bien hace varios meses las autoridades locales y la Continental han denunciado los riesgos que tienen los informales, solo hace una semana el Gobierno Departamental decidió intervenir, ante un deslizamiento que pudo matar a 30 mineros.
Según registros del Departamento Administrativo de Prevención de Desastres (Dapard), en el último mes se presentaron tres accidentes, con un saldo de tres muertos y diez heridos.

Las condiciones de vida no son las mejores. La mayoría duermen en ‘cambuches’ tapados con plástico y tienen conexiones no autorizadas de agua y luz. Algunos tienen baños portátiles. Los menores de edad son pocos, y las mujeres trabajan, por lo general, en las zonas donde se muele la roca.


“El último accidente, en el que no hubo muertos, lo generó el colapso de un gavión de seis niveles. Cerca hay otro, de 11 niveles, usado para amarrar el terreno. La tierra ya dio una alerta, hay que evitar una ‘megatragedia’, concluye Hernández.


190 hombres de la fuerza pública apoyan el control


Buriticá pasó de tener en una semana ocho policías a 190 miembros de la Fuerza Pública. Esto como parte de la estrategia diseñada por la Administración departamental, luego de que el gobernador Sergio Fajardo visitara la zona, para iniciar un proceso de control y evacuación.

En los últimos días han decomisado casi un centenar de motocicletas por no tener documentación o por incumplir un decreto que prohíbe el uso de parrillero, y también algunas armas. El Dapard afirma que ya el municipio declaró la calamidad pública, y eso le permite tener un mayor acompañamiento. “Las autoridades han incautado madera y estupefacientes. La pólvora que los mineros usan para romper la roca, llamada ‘polvo loco’, es difícil incautarla porque movilizan es sus componentes, que son legales, como la azúcar, el amoniaco, la piedra lumbre y el fosfato de calcio”, agrega el director del Dapard, César Hernández.

El alcalde de Buriticá, Carlos Varela, dice que no quieren ‘chocar’ con la población, por eso están haciendo la tarea paso a paso, acompañados de las demás autoridades.

“No somos enemigos de la minería, pero tenemos que evitar una tragedia. Se va a garantizar el retorno de las personas y ya hay mesas de trabajo para lograr que muchos de estos se formalicen. No será fácil, por las inversiones que han hecho”, dice Varela.

Por su parte, Luis Arturo Álvarez, uno de los socios de ‘La Amistad’, donde se presentó el último accidente, agregó que están trabajando normalmente y solo les recordaron no emplear menores. “Estoy dispuesto a irme, pero sé que muchos no”, concluye.

OSCAR ANDRÉS SÁNCHEZ A.
Enviado Especial EL TIEMPO
Buriticá (Antioquia)

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