Así es el trabajo de un 'Director de la Felicidad'

Así es el trabajo de un 'Director de la Felicidad'

Se trata de Alain Lagger, el hombre encargado de generar una buena armonía en Open English.

10 de octubre de 2013, 03:37 am

En una compañía grande o pequeña podría sonar como un despropósito tener un departamento cuya única responsabilidad es velar por la felicidad de sus empleados. Tal vez podría verse más como un lujo que una necesidad, particularmente en un ambiente laboral como el colombiano, que todavía conserva una antigua relación de jefe-empleado con estructuras basadas más en rendimientos cuantitativos que cualitativos, o una mezcla de ambos.

Pensar en el bienestar de los empleados es de alguna manera un discurso moderno que poco a poco han ido adoptando algunas corporaciones, pero ese bienestar va más allá de tener un buen escritorio, una silla decente y buenas herramientas para hacer un trabajo.

En Open English, la empresa que enseña inglés a través de internet a toda hora cualquier día del año, existe un cargo poco común en el mundo corporativo: Director de la Felicidad.

Esa persona es Alain Lagger, y su trabajo es, como no, 'crear felicidad' en esa compañía.

Lidiar con algo al parecer ‘intangible’ como ese concepto es casi una utopía. Pero quizás sea al revés: la felicidad es tan visible como una sonrisa.

“Me aseguro de que todos los que trabajan aquí tengan la mejor experiencia de valor en la compañía” dice Lagger, y agrega: “la mayoría de compañías tienen valores fundamentales. A veces esos valores son grandes palabras, como ‘confianza’, ‘comunicación’ o ‘trabajo en equipo’, pero también a veces son solo palabras en una pared o en un pedazo de papel. Pero si hablas con los empleados, ellos no han vivido esas cosas en la compañía. Nosotros queremos ser muy propositivos respecto a definir cuáles son los valores fundamentales de Open English (…) para crear una cultura en una compañía que represente esos valores”.

Conversar con Lagger es introducirse en un universo de metáforas, anécdotas y teoría. Pero ¿cómo llevar ‘felicidad’ a más de 2000 empleados en un sentido práctico? Como Director de la Felicidad, Alain Lagger trata de mantener contacto personal con todos los empleados.

Ellos le envían correos sobre las cosas buenas que les pasan o le reenvían los comentarios de los clientes, pero también comparten con él sentimientos de insatisfacción en su trabajo o incluso en su vida, cuando están tristes, han tenido una pérdida en la familia o cuando simplemente necesitan algo de apoyo.

En suma, una relación cercana con los empleados, que lo mantiene ocupado entre Miami, Bogotá, Sao Paulo, Caracas, Buenos Aires y próximamente Europa.

Da charlas para motivar a los equipos, diseña y realiza entrenamientos para que todo tenga un elemento de felicidad.

Una de las tareas principales que él lleva a cabo es un evento denominado ‘Lifechangers’ (cambiadores de vidas), en donde se le presentan a todas las personas que ingresan a Open English los valores fundamentales de la compañía, hablan de su cultura y, por supuesto, de felicidad.

En palabras de Lagger: “tomamos los valores fundamentales y lo que hago yo es diseñar un evento que tenga una actividad para cada uno de esos valores (…) son actividades de empoderamiento y en ocasiones emocionales, porque queremos que la gente entienda que los queremos y que ellos se lo transmitan a los clientes”.

“Trata sobre abrirse uno mismo siendo honesto, sobre los sentimientos y de darse cuenta de que tu energía afecta la energía de otras personas, así que tú eres responsable por la creación de tu propio ambiente, tú eres responsable sobre tu propia vida en lugar de señalar factores externos”.

Lagger cuenta que se siente un poco extraño cuando visita algunas sedes de la compañía, porque lo reciben como si se tratara de una estrella de rock. En Brasil por ejemplo le piden fotos, le gritan, lo aplauden. Debe ser difícil tratar de estar comunicado con tantas personas con distintas urgencias. Pero en esa comunicación, que según él puede ser desde una 'tusa' hasta discutir el trato con un cliente, ¿cómo mantener una distancia entre la vida laboral y la vida personal?

“Creo que no hay tal cosa de una vida laboral y una vida personal. Solo está la vida. Pasamos ocho o nueve horas diarias en el trabajo, pasamos una hora llegando a la oficina, una hora regresando a casa, una hora para bañarnos en la mañana y estar listos, pero al final del día solo te restan como nueve horas de tu día, y de esas nueve horas necesitas dormir ocho. Así que para la mayoría de las personas el trabajo es una gran parte de la vida, y si tú no eres feliz en tu trabajo, significa que no eres feliz con una gran parte de tu vida”, responde.

Los resultados de la felicidad

Actividades como meditación, conferencias, talleres artísticos, eventos, estímulos, consejos… todo aporta al desempeño de Lagger. Una labor que, como cualquier otra, es revisada y aprobada con resultados.

La gestión del Director de la Felicidad se mide con varios indicadores. En primer lugar, con la satisfacción de los propios empleados que a través de encuestas arrojan varias conclusiones sobre sus estrategias. Segundo, con los comentarios de los clientes y cómo estos califican la calidad del servicio.

Sus resultados no son estrictamente cuantitativos y no son medidos entonces como tal, pero Lagger afirma que otro indicador importante es cuántas personas han abandonado la compañía y cuántas personas quieren trabajar para Open English. “Eso es algo que medimos, porque obviamente cuesta mucho dinero –y tiempo- entrenar las personas que reemplazan a los que salen de la compañía”, dice.

Y cuenta además: “también medimos a ‘niveles micro’. Por ejemplo, un empleado tiene cierto desempeño. Nosotros hacemos un evento de motivación, hacemos ‘personal coaching’ (entrenamiento personal) y medimos en un corto término cómo ese empleado responde a un incremento en su rendimiento. Tenemos muy buenos ejemplos de eso”.

No obstante, un elemento significativo a considerar sobre la gestión de Lagger es que, basado en la cultura y en esos valores fundamentales que profesa la compañía, se han tomado decisiones como la de emplear y expulsar a alguien.

“Hemos empezado a contratar personas y a despedir personas basados en cultura. Por ejemplo, si tienes un talento increíble, pero no eres una persona simpática, Open English no es la compañía ideal para ti, porque queremos crear una cultura donde la gente es respetuosa, abierta, honesta, feliz y colaborativa, así que no importa lo talentoso que seas, si no eres una buena persona, eso no va a funcionar bien”, afirma.

La felicidad para qué

Según Lagger los seres humanos tenemos diferentes maneras de escoger o encontrar la felicidad. Pero además cree que, sin importar cómo se ‘manifieste’ esta felicidad, todo conduce a un mismo sentimiento.

“Para algunos significa obtener ese trabajo que siempre han querido, para otros tener ese carro, y para otros simplemente significa algo muy simple”. “Cada persona en el planeta es manejada por esta única fuerza, esta idea que tenemos sobre la felicidad, que es diferente para todos, pero el sentimiento siempre es el mismo”, explica.

El director de la felicidad hace énfasis en la forma en que esa sensación varía de un momento a otro, algo que –cuenta- siempre le ha parecido fascinante. “Por ejemplo, recibo mi nuevo computador. Mi nuevo computador Apple, último modelo, nueva pantalla. Me encantan los ‘gadgets’. Entonces abro la caja, enciendo el computador y me siento feliz, esa sensación de ¡wow! Soy genuinamente feliz en ese momento. Pero 30 minutos después, esa felicidad se ha ido”.

“Tal vez tenga una gran comida y coma algo muy bueno. Y soy feliz en ese momento, pero 15 minutos después, ya se fue”. Y sigue: “Cuando la gente obtiene ese carro y lo maneja, pero después de manejarlo toda una semana, se convierte en tan solo un carro, y la felicidad se ‘apaga’”.

Menciona tantas veces estos pequeños ‘disparos’ de felicidad, que algunas personas tal vez encuentran en un cigarrillo o un vaso de whisky, porque dice que no podemos contener ese sentimiento, no podemos congelarlo, y eso nos obliga a buscar más. Lo cual no puede juzgarse como algo bueno o malo. Para Lagger, a través de su trabajo, es muy importante reconectar a las personas con su propia felicidad, con las cosas que los hacen felices.

“Experimentar la felicidad es realmente una decisión y no solamente algo que vive en el futuro, sino que puedes escoger ser feliz ahora mismo e igual trabajar por esas metas”.

A grandes rasgos, todo podría resumirse en sentirse bien con uno mismo. Pero a lo mejor llegar a ese ‘estado’ es algo tan abstracto, complejo o simple, como la misma felicidad.

Lagger explica así cuál es su pasión: “quiero unir a la gente para que viva esa felicidad sin necesidad de algo externo, solo sabiendo que tienen ese sentimiento en ellos, y que pueden realmente detonar ese sentimiento y compartirlo, y que cuando lo comparten de hecho estén detonando ese sentimiento en otras personas (…) una creencia profunda de que podemos cambiar la manera en que nos sentimos”.

De policía a director de la felicidad

Alain Lagger nació en Amsterdam. Tiene 37 años y una sonrisa pulida. Fue a una escuela de agricultura y trabajó como paisajista unos meses, pero descubrió que eso no era lo suyo. Tenía 16 o 17 años. A esa edad se volvió oficial de policía y durante un momento se convirtió en el policía más joven de Europa. Trabajó en este cargo siete años y medio, en un lugar que llama 'una ciudad muy liberal', con una cantidad de problemas de drogas y mucha actividad criminal.

Ser policía –dice- da mucho conocimiento sobre las personas y cómo se comportan. “En esos años literalmente pasé por todo el espectro emocional; estuve en situaciones en que salvé la vida de alguien, que es un sentimiento increíble obviamente, pero también estuve en situaciones donde me tocaba ir y decirle a un padre que su hijo había muerto en un accidente y que nunca más volverá a casa. Lidié con todo, cosas muy emocionales, muy profundas, tuve momentos en que casi me tocó tomar una vida, gracias a Dios nunca tuve que hacerlo, pero también hubo momentos en los que casi pierdo mi vida”.

Se alejó de ese trabajo y cayó en una serie de oficios: fue entrenador personal, comenzó una empresa de internet, fue administrador de una compañía de jeans. Pero no era feliz en su trabajo. Ejerció como vendedor puerta a puerta y dice que entendió la sicología de las ventas, pero una vez más, eso no era lo suyo.

Posteriormente terminó en la industria cinematográfica como asistente de producción para comerciales de televisión. Creció como productor de televisión para grandes marcas europeas e internacional de comerciales. Empezó a viajar por el mundo, a trabajar con celebridades y a manejar grandes presupuestos. Recuerda este periodo como una vida del Jet-Set, una vida vacía.

Pero al mismo tiempo siempre apoyaba a sus amigos. Cuando algo les pasaba siempre lo llamaban y le pedían consejos. Y sus amigos le llevaron a otras personas para que les diera consejos a aquellos que estaban pasando por un divorcio y situaciones así. “Naturalmente me convertí en un ‘life coach’ (consejero de vida)”, dice.

Eventualmente conoció a alguien que sí se desempeñaba como ‘life coach’, quien lo convenció para que se dedicara a esta actividad con unos clientes de él. Empezó a hacerlo y antes de darse cuenta, ya se desempeñaba en ese rol de tiempo completo. Lagger ya tenía su propia empresa de producción, pero empezó a ver los cambios positivos en las personas y se dedicó de lleno a este asunto de estar al servicio de las personas y el compartir lo que ha ganado a través de la vida. Eso –admite- le dio un sentimiento de realización.

Paró todo y en 2011 se mudó a un bosque en Nueva York, en Woodstock para ser precisos, y durante un año meditó y se ‘conectó con sus principios fundamentales’. Terminó ese viaje y pasó tres meses en Miami, donde dio talleres sobre energía y felicidad. Conoció a unas personas y decidió quedarse en Miami, y ahí conoció a Andrés Moreno, Fundador y CEO (Consejero Delegado) de Open English.

Andrés y Alain se volvieron buenos amigos y empezaron a tratar temas que los apasionaban. Y algunas de esas cosas –según Lagger- tuvieron un gran impacto en Moreno. Fue entonces cuando este último le dice que si es posible compartir todo eso con sus empleados en la compañía. Moreno le habló además sobre el trabajo que venía haciendo una firma llamada Zappos, que había logrado construir una cultura agradable y exitosa. Y él quería algo similar y en cierto sentido, más profundo, para su compañía de internet.

Para Alain Lagger sonó como un reto increíble. Y desde hace 18 meses es Director de la Felicidad. “Tienes la capacidad de impactar como compañía, de ser exitoso como empresa y también de mostrar a otras compañías que pueden ser más exitosas si pasan más tiempo cultivando felicidad en sus empleados. Ellos al final son los que le hablarán a sus clientes”.

LUIS E. QUINTANA BARNEY
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM
@LuchinoVisconti