¿Empleadas domésticas o esclavas?

¿Empleadas domésticas o esclavas?


7 de octubre de 2013, 12:51 am

María limpia el popó del perro, que el hijo maleducó. Pero el hijo no puede recoger los excrementos; “para eso está ella”. La adolescente llegó tarde de la fiesta, pero ella no puede calentar su cena; la empleada tiene que levantarse y hacerlo; “para eso se le paga”. La “tonta esa” me hizo quedar mal al servir la mesa; es que, ¡claro, no sabe ni leer ni escribir, menos sabe de protocolo, pero hay que exigirle! Observemos la televisión colombiana y vemos cómo ella reafirma esta actitud, con todo el desparpajo.

Todos y todas sabemos que trabajar día tras día como empleada doméstica en un hogar es uno de los oficios más ingratos, más mal pagos y, en muchas ocasiones, uno de los más humillantes, por obra de los llamados “patrones y patronas” y su reguero de “pequeños príncipes”. “¡Pero las cosas han cambiado!”, me dice un amigo de aquellos que, como en mi caso, hemos tenido la posibilidad de pagar como doméstica a una mujer, ama de casa, mamá, abuela, como nosotros, pero que, por esas cosas raras de la vida, no tuvo la oportunidad de estudiar, hacer una carrera y un postgrado y tener un trabajo más gratificante, como el nuestro. El asunto, querido amigo, no es de pequeños cambios o paños de agua tibia. El servicio doméstico exige ser contratado como el de cualquier otro oficio, con todos los derechos y deberes.

Pero, en las ciudades colombianas, muchas empleadas domésticas siguen siendo las esclavas del siglo XXI y, lo que es peor, son mujeres menores de edad las principales víctimas de tal esclavitud. Según cifras del Ministerio de Trabajo y la Organización internacional del Trabajo, el 99% del servicio doméstico total es realizado por mujeres. Al enfocarse en el grupo de niños, niñas y adolescentes de entre 10 y 17 años, se revela que 20.000 menores de edad se vinculan como trabajadores domésticos, de los cuales 14.000 (70%) laboran por días y 6.000 (30%), en la modalidad de internos. Sorprende en particular encontrar que más de 1.000 niñas de entre 10 y 14 años se desempeñan en estos oficios en condición de internado. Las jornadas de trabajo en el servicio doméstico son prolongadas, en especial cuando se labora como interna: suben hasta las 60 horas a la semana. Esta situación afecta gravemente a los niños, niñas y adolescentes trabajadores domésticos.

Ante esta realidad vergonzosa nadie puede lavarse las manos: el Estado, que legisla pero no vigila el cumplimiento de la ley, y la sociedad, que sigue asumiendo actitudes feudales, incluyendo la de las mujeres contra las mujeres. Muchas siguen llamando “igualadas” a sus empleadas domésticas si se atreven a sentarse siquiera por un momento a su misma mesa. Los arquitectos siguen diseñando cuartos “del servicio”, donde apenas cabe una cama, independientemente de que los apartamentos o casas tengan, para el resto de la familia, 200, 500 o 1.000 metros cuadrados a su disposición. Los padres de familia niegan el derecho al seguro social y en nuestros hogares las horas de trabajo laboral de las empleadas domésticas se extienden sin derecho a pagos extras, y los hijos e hijas continúan maltratando a estas personas ante el silencio y la complicidad de sus padres.

Este es un problema cultural, que habla de lo que somos. Muchas cosas podemos hacer por aliviar la vida de las mujeres que nos ayudan en casa. ¿Por qué no darles permiso a las internas para ir los miércoles a dormir con sus hijos y escuchar de la soledad de sus problemas? ¿Muy horrible si no tenemos la esclava al lado por una noche para que levante del suelo nuestras miserias?

En Colombia hay nueva legislación: el Gobierno busca que 100.000 empleados domésticos tengan sistema de subsidio familiar antes de finalizar el 2013. El presidente de la República, Juan Manuel Santos, dijo que los empleados del servicio doméstico merecen el reconocimiento de todos los colombianos, y manifestó sentirse muy orgulloso de haber expedido la norma que obliga a los patronos a vincularlos al sistema de subsidio familiar. Según el ministro de Trabajo, Rafael Pardo, antes de la expedición del decreto, solo 8.000 colombianos trabajadores del servicio doméstico estaban afiliados a las cajas de compensación familiar. Pardo les explicó finalmente a los trabajadores del servicio doméstico que pueden marcar sin costo #120 desde cualquier celular y recibir información y orientación sobre la manera de afiliase a una caja de compensación familiar.

Nuevas normas. Bienvenidas sean, pero que nos pongamos todos y todas en la tarea de cumplirlas porque estamos robando la vida y la felicidad de muchas niñas y madres, distintas de nosotros sólo en una cosa: tener muchos pesos menos.

SONIA GÓMEZ GÓMEZ