¿Por qué somos tan malos en matemáticas?

¿Por qué somos tan malos en matemáticas?

Énfasis en lo memorístico y uso de fórmulas sin contexto influyen en desempeño de los estudiantes.

¿Por qué somos tan malos en matemáticas?
28 de septiembre de 2013, 08:36 pm

No hay materia más exacta que las matemáticas, pero tampoco una más odiada. Y eso tiene consecuencias. Según un estudio de la Universidad Nacional (Palmira), ocho de cada 10 ‘primíparos’ llegan a la educación superior con pésimos conocimientos matemáticos.

“De una población de 428 estudiantes, solamente el 11,4 por ciento aprobó la evaluación de matemática básica. El 45,1 por ciento obtuvo calificaciones entre 0 y 1, o sea que está en un nivel crítico. Es sumamente preocupante que la mayoría ni siquiera sobrepase la calificación baja de 2,5. Que desde el colegio vengan con un nivel tan bajo de aprendizaje no solo es un inconveniente para el estudiante, sino para la universidad, que afronta grandes retos para solucionar el problema”, afirma Martha Cecilia Tutalchá, vocera de ese centro de estudios. Estos datos, a los que se suma una serie de estadísticas recogidas desde el 2007, reafirman una triste conclusión del Programa de Evaluación Internacional de Estudiantes (Pisa): en habilidades matemáticas, los jóvenes colombianos tienen un rezago de más de dos años de escolaridad frente a estudiantes de otros países.

Esto es particularmente grave si se tiene en cuenta que buena parte de las situaciones de la vida diaria requieren un pensamiento aritmético (medir, repartir, calcular, contar, etc.). Además, las matemáticas ayudan a formar ciudadanos críticos y aumentan la capacidad para reflexionar, resolver problemas y argumentar.

La propia ministra de Educación, María Fernanda Campo, ha reconocido que el mayor porcentaje de deserción universitaria se presenta en carreras como ingeniería, arquitectura, matemáticas y ciencias naturales, donde los números son determinantes.

EL TIEMPO consultó a cinco expertos de primer nivel para identificar las razones del bajo desempeño en matemáticas de los estudiantes colombianos y las mejores estrategias para entenderlas y, sobre todo, aplicarlas en situaciones reales.

1. La formación y la actitud de los maestros

Hacen falta educadores bien preparados en esta rama (muchos la enseñan sin conocer profundamente la materia) y con vocación de maestros. Esto hace que la enseñanza no tenga la calidad ni el atractivo suficientes. Si una persona no siente amor por lo que enseña y no la cautiva el tema, no puede generar interés en sus alumnos.

2. Se utilizan métodos pedagógicos inapropiados

Sigue predominando la memorización de fórmulas y se ignora el poder conceptual de las matemáticas: entender la idea detrás de la suma, la división, la multiplicación… Todo ejercicio tiene una razón de ser, pero esto no se enseña. Las matemáticas son un lenguaje, como el inglés, que se aprende poco a poco. Al principio sí se repite lo que dice el profesor, pero luego hay que dejar que el estudiante utilice lo aprendido en la vida real.

3. La dictan como un área independiente

En muchos colegios, las matemáticas se enseñan como una ciencia sin relación alguna con la vida diaria ni con otras áreas. Se hace ver como un cuerpo rígido de verdades absolutas, que no da espacio a la imaginación ni a nuevas propuestas. Una herramienta poderosa es fomentar las aplicaciones atractivas de esta materia, como la electrónica, la exploración espacial y la creación de robots.

4. Poca comprensión de lectura

Las pruebas han demostrado que los estudiantes no entienden el problema que leen. Si no logran comprender un enunciado, no podrán nunca pasar la información a un lenguaje matemático.

5. La cultura del atajo

Predominan el inmediatismo y el facilismo. A los estudiantes no se les enseña a ser constantes, dedicados, pacientes, críticos, analíticos y reflexivos, cualidades básicas para entender y aplicar las matemáticas en forma adecuada.

6. La promoción automática

Limitar al 5 por ciento la cantidad de alumnos que debían repetir un curso, medida que estuvo vigente entre el 2003 y el 2009 y conocida como promoción automática, generó mediocridad y desinterés en el aprendizaje.

7. El mito de que son difíciles

La creencia de que las matemáticas requieren un nivel intelectual superior hace que los niños y jóvenes las enfrenten con actitud de derrota. La sociedad no les hace entender su importancia. Faltan estrategias para hacerlas atractivas. Las personas no las disfrutan, ni enseñándolas ni aprendiéndolas.

8. Carencia de hábitos de estudio

Las matemáticas requieren un entrenamiento diario. La falta de rutinas y los bajos niveles de concentración impiden la debida apropiación de los conocimientos. Un objetivo del maestro debe ser lograr que, desde una edad temprana, el alumno vea las matemáticas como una necesidad.

9. Influencia familiar

Frases como “yo también era malo en matemáticas” refuerzan su supuesta dificultad y generan prevención. A esto se suma la actitud negativa hacia los buenos estudiantes de matemáticas, a quienes se los califica de nerds y son blanco de matoneo.

10. Los absurdos del sistema educativo

Muchos estudiantes de colegios públicos afirman que durante varios años de su educación media no tuvieron profesor de matemáticas. Esta situación es prácticamente irreparable.

ANDREA LINARES GÓMEZ
Redactora de EL TIEMPO

Con la asesoría de Margarita Ospina, magíster en matemáticas y doctora en ciencias matemáticas; Ignacio Mantilla, matemático y rector de la Universidad Nacional; Jesús Alonso Ochoa, director de la carrera de Matemáticas de la Universidad Javeriana; Crescencio Huertas, profesor de la maestría en enseñanza de las ciencias exactas y naturales de la Facultad de Ciencias de la Nacional, y José Ricardo Arteaga, director del Departamento de Matemáticas de la Universidad de los Andes.