Menos mitos, más realidades

Menos mitos, más realidades


Menos mitos, más realidades
11 de septiembre de 2013, 12:07 am

 Desde finales de la década de los sesenta, si no antes, se vienen escuchando voces en contra del libre comercio. Cuando Colombia se propuso realizar su primer acuerdo comercial, el Pacto Andino, se dijo en alguno de esos panfletos: “El Pacto Andino hace parte de la nueva política del imperialismo yanqui para consolidar su dominación neocolonial en el continente mediante los acuerdos de integración subregional”.

Más de cuarenta años después, la Comunidad Andina, con todo y los altibajos políticos de sus miembros, ha sido un aportante al desarrollo de Colombia. Tan lo ha sido que los herederos políticos de esos panfletos, hoy en procura de candidatura presidencial, defienden sin rubor alguno el bloque andino.

Entonces, así como le llovieron en su momento las críticas al Pacto Andino, con el mismo encono esos viejos argumentos, hoy con renovados oportunistas, se la juegan en las redes sociales y en la motivada protesta campesina para pescar en río revuelto para ver si ganan favores electorales sembrando miedos.

Curiosamente, con los mismos argumentos de hace 40 años y casi que con los mismos actores, se está atacando la Alianza del Pacífico, que es un proceso de integración entre países de América Latina, más que un acuerdo comercial.
Otra de las perlas más frecuentes es la de decir que hay hemorragia o indigestión de TLC. Todos los acuerdos comerciales que Colombia ha puesto en vigencia están precedidos de un largo proceso de negociación, con activa participación de la sociedad civil y los empresarios, justamente para buscar un balance positivo para todo el país.
Desde luego, como ocurre con cualquier medida de política económica, en este caso también hay quienes no se sienten beneficiados y a ellos hay que dirigir el esfuerzo de la agenda de competitividad.

Sin rigor y con mucha obsesión han disparado a topa tolondro todo tipo de comentarios por estos días. Por ejemplo, suman las importaciones agrícolas de Estados Unidos, en virtud del TLC con ese país, pero no hacen las restas por las caídas en otros orígenes de esos mismos productos.

Entonces, ¿desconocen el desplazamiento comercial? Si un comprador colombiano compraba su insumo en un país y ahora lo consigue más barato en otro, ¿es eso malo? En el caso del trigo, por ejemplo, las importaciones desde Estados Unidos crecieron 168,7 por ciento en el primer semestre del 2013, pero cayeron en 66 las de Argentina y en 32 las de Canadá.

Les cuesta trabajo sumar y restar para darse cuenta de que Colombia no ha importado más alimentos; 6,5 por ciento menos entre enero y junio del 2013, para ser exactos. Y también les cuesta trabajo ver el potencial de los productos colombianos del agro y de la industria para llegar a los mercados internacionales.
Los acuerdos más recientes ya muestran efectos positivos; en el caso de Estados Unidos, hay más de 1.100 empresas nuevas exportando y más de 200 productos nuevos. Algo similar ocurre con los acuerdos de Canadá y Suiza. Esto en un ambiente de desaceleración de la economía mundial. Somos conscientes de que los TLC no son inmunes a los ciclos económicos.

No es cerrando la economía como Colombia puede solucionar sus problemas. Es avanzando en su agenda interna con más infraestructura, mejoramiento de las cadenas de distribución de insumos agrícolas e industriales, crédito blando y fácil de obtener para productores y empresarios y, sobre todo, el compromiso del Gobierno de ejecutar los pactos suscritos con los ciudadanos.

* Ministro de Comercio, Industria y Turismo