Potencia agrícola / Análisis

Potencia agrícola / Análisis

Minagricultura debe cambiar su modelo de asignación de recursos.

8 de septiembre de 2013, 02:31 am

Colombia puede llegar a ser una potencia agrícola de la región. Podría cuadriplicar su producción con un mejor uso de la tierra; una investigación en semillas y nuevas variedades, que se transfiera a los agricultores y genere aumentos de productividad; una buena capacitación de aquellos; una mejor infraestructura de carreteras, poscosecha, riego e información; una mayor inversión de capital por la vía directa de empresarios y mayor acceso al financiamiento de los pequeños agricultores, y una política activa para orientar parte de esa producción a los mercados internaciones aprovechando los TLC.

Actualmente, la producción agrícola se desarrolla en unos 5 millones de hectáreas, cuando tiene posibilidades de hacerlo en 15 millones. Hay mucha ganadería extensiva de bajísima productividad utilizando tierras para la agricultura. Por eso, toca hacer un gran esfuerzo de acciones combinadas del Estado: aclaración de derechos de propiedad y formalización, entrega de tierras con extinción de dominio a los productores y establecimiento de un impuesto predial que induzca a los propietarios con tierras improductivas a que las pongan a producir.

Corpoíca debe volverse en Colombia, en conjunto con los centros de investigación y las universidades, el Embrapa brasileño, que fue pieza clave para que ese país se convirtiera en la potencia agrícola mundial que es hoy.

El Ministerio de Agricultura debe cambiar su modelo de asignación de recursos por demanda para asistencia técnica, y establecer uno nuevo, más adecuado a las necesidades de los productores. El Ministerio de Educación y el Sena deben priorizar su esfuerzo en educación rural y capacitación.

El modelo de mantenimiento de vías secundarias y terciarias en manos de municipios y departamentos debe ser revisado para que, con recursos de regalías, se priorice obligatoriamente esta tarea.

El Estado debe dar señales claras y seguridad para la inversión privada en el campo. El acceso a financiamiento para los pequeños productores debe profundizarse con un trabajo mancomunado entre el Estado y los bancos.

Finalmente, el ICA y el Invima deben fortalecerse para acompañar a los productores en el proceso de cumplir con todos los requisitos fitosanitarios y de inocuidad exigidos por los mercados internacionales. La tarea es enorme, ¡comencemos ya!

JOSÉ LEIBOVICH
Experto en política agropecuaria
Para EL TIEMPO