Dentro de la 'sala de cirugía' de un libro

Dentro de la 'sala de cirugía' de un libro

Recorrido por el Área de Conservación de la Biblioteca Nacional.

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23 de agosto 2013 , 05:00 p.m.

Lo que puede definirse como una sala de cirugía de documentos históricos, opera en el Área de Conservación de la Biblioteca Nacional de Colombia.

Se trata de un lugar silencioso y marcial. Además de la titánica labor de salvar verdaderas joyas de la memoria histórica del país, unas 20 personas trabajan en procesos de digitalización con el cuidado y precisión de un relojero.

Uno de esos procesos es, precisamente, el que adelanta la Biblioteca con el Fondo Eduardo Carranza, a propósito del centenario del nacimiento del poeta llanero (Villavicencio, 23 de julio de 1913-Bogotá, 13 de febrero de 1985), que dará vida a un libro digital.

¿Pero, cómo es que se salva un libro? Lo primero y más importante, explica Sandra Angulo, coordinadora del Área de Conservación de la Biblioteca, es entender que no se trata de una línea de producción, sino de un equipo de expertos capaz de enfrentar cada caso de deterioro de forma diferente.

Y es que los ‘pacientes’ son disímiles. Esa entidad salvaguarda más de dos millones de documentos y cerca de 60 fondos bibliográficos conformados por libros, manuscritos, mapas, obras gráficas –como caricaturas y dibujos–, partituras, periódicos, revistas, registros audiovisuales, sonoros y digitales y documentos sueltos como cartas, edictos o proclamas.

A la ‘sala de cirugía’ llegan muchos de estos documentos –algunos heridos de muerte, otros necesitando apenas un retoque– que por efecto del tiempo, de los microorganismos o por su manipulación claman una intervención.

Una vez en la sala de operaciones, el documento se registra de la misma manera que se le pone el brazalete a un paciente.

Luego se procede al diagnóstico de la enfermedad. Para ello, un equipo especializado de microbiólogos y biólogos se encarga de analizar el tipo de hongo (si lo hay) para combatirlo. Eso en algunos de los casos, pues en otros lo que hay que enfrentar son los daños que han ocasionado insectos o ratones. “No se trata solamente de la conservación de los libros o documentos. Se trata también de la vida y de la salud de los usuarios que los manipulan”, anota Sandra Angulo.

Luego de detectársele el daño, el libro pasa a una sala en donde un equipo multidisciplinario, conformado, entre otros, por conservadores, restauradores, diseñadores industriales e ingenieros de sistemas, procede a aplicar el remedio.

Desde rasguños...

“Si es un libro, una vez ha pasado por el saneamiento, se continúa con una fase de limpieza página por página, con el misticismo que supone tratar un documento antiguo de los años 1500 o 1600, por ejemplo”, explica Angulo antes de enumerar los males más comunes de las publicaciones, que determinan la gravedad del deterioro.

Estas afecciones pueden ir desde pequeñas rasgaduras hasta pérdidas de pedazos completos que obligan a hacer reconstrucciones o reposiciones de las áreas faltantes y la intervención de las encuadernaciones para, finalmente, dar de alta al ‘paciente’.

Pero cuando de conservación se trata, uno de los avances importantes que esa área ha tenido, gracias al apoyo de Corea del Sur, ha sido la adecuación para la digitalización de libros y documentos de gran valor histórico (véase recuadro).

Este espacio también se encarga del tratamiento especial que se le da a la prensa de todo el país, con el fin de preservarla para las futuras generaciones. Estos documentos son encuadernados con una costura especial a mano.

“Luego se hacen unos encajes que se anclan a unas cartivanas, que tienen sus guardas de protección y se encuaderna con un enlomado de alta calidad, para asegurarle su durabilidad en el tiempo”, concluye Angulo.

‘La vorágine’, una ‘joya’ en digital

Dentro del Área de Conservación, un grupo de ingenieros es el encargado de digitalizar gran parte de la historiografía nacional del siglo XIX, que incluye, entre otros, manuscritos y hojas circulantes. Asimismo, buena parte del fondo de don Rufino José Cuervo y ‘joyas’ como ‘La vorágine’ escrita a mano por José Eustasio Rivera. “Nuestra prioridad es salvaguardar ese tipo de documentos, que le interesan al mundo entero”, explica Angulo.

CARLOS RESTREPO
REDACCIÓN CULTURA Y ENTRETENIMIENTO

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