'No construyamos más colegios como cárceles': Frank Locker

'No construyamos más colegios como cárceles': Frank Locker

Este arquitecto asegura que planteles pequeños evitan los problemas de convivencia.

'No construyamos más colegios como cárceles': Frank Locker
17 de agosto de 2013, 05:16 pm

Frank Locker es arquitecto de la Universidad de Oregon (EE. UU.), pero su trabajo lo convirtió en un experto en educación. Alguna vez le pidieron que diseñara espacios para la enseñanza alejados del modelo tradicional y acordes con los nuevos tiempos y métodos. Desde entonces, su objetivo es la búsqueda del aula ideal.

Tiene una mención de honor del Consejo de Infraestructuras Educativas de su país y creó un curso en Harvard para que los futuros arquitectos piensen cómo serían los espacios óptimos para aprender.

Locker estuvo esta semana en Bogotá, invitado por el Gimnasio Los Caobos, institución que lo trajo para que rediseñe sus espacios.

¿Por qué dice que los colegios de hoy fueron diseñados como cárceles?

En EE. UU., las mismas personas que diseñaron las cárceles diseñaron muchos de los colegios. ¿Usted con qué relacionaría una fila de salones a puerta cerrada con un corredor en el que no se puede estar sin permiso y una campana que ordena entrar, salir, terminar o comenzar las clases? ¿A qué se le parece?

Visto así, no parece el entorno adecuado...

No lo es, y hay una parte cultural en este tema. En algunas culturas se espera que se le tenga miedo al profesor, y este tipo de infraestructuras contribuye a apoyar esa filosofía pedagógica.

¿Cuáles fueron las consecuencias de ese modelo arquitectónico?

Agravamos los problemas sociales y de comportamiento de nuestros estudiantes. Los profesores se centraron en hacer entregas de resultados sin que les importara si sus alumnos aprendían o no, ni por qué. Pero el problema empeoró cuando decidimos agrandar los centros. En los últimos 100 años hemos hecho instituciones impersonales que son rechazadas por los estudiantes y que terminan en problemas como el de la deserción escolar.

¿Se van porque se aburren en sus colegios?

Sí, sobre todo en los grandes. Lo dicen varias investigaciones y yo mismo lo he comprobado. Les he preguntado a alumnos de algunos de esos centros para qué estudian matemáticas de sexto, y responden que para poder tomar matemáticas de octavo. Esos vacíos en los propósitos han generado en mi país muchos fenómenos como el bullying. Por eso creo que hay que crear también ambientes en donde los jóvenes tengan la oportunidad de sentir respeto por el otro.

En ese sentido, ¿considera que fue un error construir en Bogotá megacolegios para hasta 2.000 estudiantes?

Sí. Pero por lo menos ustedes están aprendiendo en poco tiempo lo que EE. UU. tardó en aprender 100 años. Las consecuencias negativas de esa política fueron nefastas: violencia, drogas, conflictos, imposibilidad de control... Tenemos que ponerles atención al entorno, al tamaño del colegio, al transporte, a la alimentación, a la interacción entre profesores. En muchos de los distritos de EE. UU. los niños son tan pobres que no desayunan, eso baja el rendimiento. Por eso el Estado se volcó a darles alimentación y otras ayudas.

¿Cuál es el modelo que usted recomienda?

Las escuelas pequeñas logran que los estudiantes dejen de ser anónimos y evitan problemas de convivencia. Son lugares en donde el director y los profesores realmente conocen a sus alumnos; espacios donde los estudiantes pueden dar rienda suelta a su creatividad, a su imaginación, donde las habilidades sociales y comunicativas puedan desarrollarse al máximo.

¿Cuáles son los recuerdos de su colegio?

Pupitres y manos levantadas. Mi colegio era muy tradicional. No me acuerdo mucho de él. Eso quiere decir que no fue determinante en mi vida. Es triste; pasé tanto tiempo en el colegio que debería tener mejores recuerdos.

La responsabilidad de los alumnos

Para Frank Locker, la construcción de planteles con menos barreras fomenta también el que los alumnos asuman nuevas responsabilidades dentro de la comunidad educativa.

“Conocí un colegio en California en el que fueron los mismos alumnos quienes redactaron su propio manual de convivencia”, cuenta el experto.

CAROL MALAVER
Redactora de EL TIEMPO