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Imágenes en movimiento

Montajes en sitios públicos de E.U. de la colombiana Mónika Bravo.

La magia de sus obras proviene no de sibilinas formulas sino del estudio, introspección y juiciosa reflexión de esta artista que se fue del país, en los 80, a estudiar diseño a Italia, pasó por Francia e Inglaterra y terminó en E.U. Abandonó metro, tijera, aguja e hilo y, después de estudiar fotografía en Londres y Nueva York, se enamoró de la cámara de fotografía, primero y luego del computador y por cuenta propia se dedicó a su estudio con la decisión de crear una obra no convencional pero lo suficientemente robusta como para que diera buena cuenta de su relación con el mundo exterior y de la pelea con ese yo interno que, casi todos, intentamos apaciguar, morigerar y que ella lo ha logrado, de alguna manera, con la ayuda de un maestro de técnicas orientales con quien hace Tai Chi y aprendió a meditar, para poder ser y crear.

Su nombre se asocia con esa nueva manera de producir arte. Las manos no son aquí el instrumento, es la mente en armonía con el computador y cámaras, explorando nuevas formas artísticas en las que emplea materiales dúctiles o inflexibles; resistentes o frágiles para moldear un trabajo singular.

Con lentitud duró años dándole forma a su expresión creativa, hasta encontrar esa forma de expresión que la caracteriza, a través de imágenes fotográficas o videográficas -imágenes en movimiento-. Uno de esos trabajos Landscape of Belief, está expuesto en la casa republicana de la Biblioteca Luis Ángel Arango de Bogotá, dentro de la muestra Los Habladores, en la que participan 17 artistas. Son imágenes de 7 ciudades reconocibles, construidas con letras con las que se forman edificios, puentes, torres, iglesias, plazas. Se trata de una experiencia visual en la que se emplean textos provenientes del libro Ciudad Imaginada de Italo Calvino, que aparecen y desaparecen cada 45 segundos frente al espectador, dejando entre ciudad y ciudad un espacio transparente y vacío, de segundos, en los que se reta a la imaginación.

Hace un par de meses en Cuernavaca, México, hizo parte de también de la colectiva Diálogo con la Mar, donde 16 artistas crearon obras que hablaran de las investigaciones oceanográficas de Jaques Cousteau y de la interacción de la humanidad con el mar y la vida submarina. Mónika Bravo presentó una pintura impresionista móvil en la que muestra esa tormentosa y contaminante relación a través del reflejo de los residuos del petróleo en el agua.

En el aeropuerto internacional Tom Bradley de Los Ángeles, en el área donde se toman los vuelos para Asia, se exhibe de manera permanente una de sus obras Breathing_Wall_lax, que presentó la víspera en que se cerraba la convocatoria y cuyo resultado, unos meses después, la dio como ganadora de la comisión. Las imágenes para este proyecto fueron filmadas a lo largo de 5 años y muestran a multitudes, en sitios públicos, distorsionadas por la lente.

Una obra menos monumental hecha también por encargo fue la concepción, edición, fotografía y diseño de un libro sobre las construcciones del arquitecto Gabriel Cure Lemaitre que Mónika bautizó como Arquitectura del detalle y en el que se empleó hasta lograr precisamente que quien lo mire no olvide jamás las edificaciones del arquitecto. Narrativa que va de lo abstracto a lo concreto en una hermosa publicación, que ya ha sido premiada.

Su próxima comisión se inscribe dentro del programa de arte público Landmarks de la Universidad de Texas, que la contrató para crear un video instalación que se proyectará en una esfera de 6 pies, en el edificio de Geociencia, para recordar esa mezcla entre ciencia pura y poética visual, que hace de Mónika Bravo una artista del s. XXI.

POR MYRIAM BAUTISTA

Publicación
eltiempo.com
Sección
Otros
Fecha de publicación
4 de julio de 2013
Autor
POR MYRIAM BAUTISTA

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