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Del chafarote al monigote

Tenía que suceder. Son los límites de la estrategia del presidente Juan Manuel Santos y de su canciller, María Ángela Holguín: apaciguar a la fiera, primero Hugo Chávez y ahora Nicolás Maduro. Y apaciguar era buena idea, pero apenas como táctica y dentro de una estrategia de mayor alcance, que permitiera alcanzar objetivos específicos tanto en lo político como en lo comercial.

Muchos dirán que en el campo político el objetivo fue alcanzado con la mesa de La Habana con las Farc, a cuya instalación Chávez contribuyó. Y puede ser, aunque eso solo lo sabremos cuando de esa mesa surja un acuerdo claro y verificable. En el campo comercial, el balance es agridulce: aunque el comercio recuperó algo de su dinámica y Venezuela pagó parte de las deudas, la lista de pendientes es larga y vale cientos de millones de dólares.

Para conseguir estos limitados logros, Santos y Holguín le dieron toneladas de carne de primera a la fiera: miraron para otro lado ante el drama de los secuestrados que el Eln y las Farc se llevan a campamentos en Venezuela, silbaron hacia el techo ante las agresiones a indígenas y campesinos colombianos en la frontera, permitieron que alcanzaran los más altos cargos militares venezolanos asociados con las Farc en narcotráfico y comercio ilegal de armas, y avalaron a las volandas la cuestionada elección de Maduro.

Pero, como sucede siempre ante la extorsión, un día el extorsionista juzga que la paga no ha sido suficiente o que el extorsionado se portó mal. Y la fiera vuelve a rugir, como rugió Maduro esta semana después de que su archienemigo en la pelea interna del chavismo, Diosdado Cabello, pegó el grito en el cielo porque Juan Manuel Santos recibió al líder de la oposición, Henrique Capriles.

No está claro por qué lo hizo Santos, si por ganarse unos puntos en su carrera reeleccionista en vista de que en Colombia la opinión quiere más a Capriles que a Maduro, o si como resultado de una gestión de los dos asesores del mandatario colombiano que también lo son de Capriles, J. J. Rendón y Miguel Silva, algo que saca de quicio al gobierno de Caracas. Sea como sea, Santos estaba en su derecho de recibirlo como lo hacen, en democracia, la mayoría de los mandatarios del mundo cuando el jefe de la oposición de un país amigo pide cita. ¿O acaso Chávez no recibió cien veces a Piedad Córdoba y, peor aún, a ‘Iván Márquez’, que es oposición armada?

La verdad es que la pataleta de Maduro se explica por lo mal que andan las cosas allá. Cabello no le perdona una y le exigió que reaccionara. Por eso, al referirse a la sugerencia de Maduro de que en Colombia tenía origen un complot para desestabilizar a Venezuela, Santos dijo que le parecía una idea “descabellada”. Pero, además, a Maduro le servía incendiar la relación para distraer la atención del desabastecimiento de productos básicos que atormenta al vecino país, donde ha escaseado hasta el papel de baño. Pero la pataleta no le salió bien: ni lucía convencido ni convencía. Nada que ver con su efectista y efectivo antecesor: algo va del chafarote al monigote.

* * * *

Feria de avales. En las elecciones para alcalde de Cartagena asoma lo peor del crimen organizado. A las denuncias sobre apoyos ‘gatunos’ a la candidata María del Socorro Bustamante se suma que el partido Afrovides, que avaló su inscripción y que en su origen era un movimiento de negritudes, hoy es una fábrica de avales para candidatos cuestionados. Un ejemplo: Afrovides avaló al hermano de ‘Macaco’ para la alcaldía de Dosquebradas, y hay más casos. A otra candidata, Mercedes Maturana, la avaló el partido MÍO, con evidentes vínculos con el condenado por ‘parapolítica’ Juan Carlos Martínez. Ojalá los electores cartageneros den la espalda a esas candidaturas.

Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
2 de junio de 2013
Autor
Mauricio Vargas

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