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Un tesoro literario en el corazón de Bogotá

En la librería Merlín, en el centro, está la mayor cantidad de libros usados para la venta.

Todo impresiona en la librería Merlín. Desde sus 150.000 títulos hasta la intimidad de sus tres pisos de un viejo edificio de los años 60, en la carrera 8a. con calle 15, en el puro centro de Bogotá

El sitio es el asilo de gran parte de los libros de segunda mano, de la tinta ya leída, de las páginas retocadas. Nació por iniciativa de Célico Gómez y Eliana Jordán, dos amantes confesos de la literatura que empezaron en el negocio de las librerías de viejo con El Verso, que hizo fama en los 90 en Chapinero.

“Comenzamos por el interés mutuo que le tenemos a la figura del libro. Luego de la experiencia con El Verso nos trasteamos aquí a la calle 15, quizás el mercado más grande de libros de la ciudad”, cuenta Eliana, en el primer piso del inmueble que le da vida a Merlín desde hace 12 años.

En la primera época, el local solo ocupaba el primer piso, pero con la acogida que tuvo por parte de los compradores que encontraban, sin buscar tanto, desde primeras ediciones de los libros de García Márquez y ejemplares que llevaban tiempo buscando, la librería empezó su expansión hacia arriba.

“Compramos el segundo y tercer piso que eran unos apartamentos grandísimos que se prestaron para diseñar las salas en las que está dividida Merlín”, recuerda Eliana, quien estudió Lingüística en la Distrital. Célico terminó Literatura en la Javeriana.

Así se organizan

Los pequeños y grandes montones de libros del primer piso que, incluso, ocupan escaleras y rincones, dan paso en los siguientes niveles a espacios organizados con estanterías en varios tipos de madera donde el visitante encuentra sin dificultad su pedido, pues los títulos están organizados “en orden alfabético por el apellido del autor”, aclara un aviso.

Los materiales no están divididos por los más vendidos del mes. Aquí están organizados en inmensas salas temáticas, como la Colombia, donde está buena parte de la historia de la literatura nacional. Se consiguen crónicas y novelas de José Antonio Osorio Lizarazo, el humor negro de Alfredo Iriarte y la sobredosis de cine de Andrés Caicedo, además de ediciones originales de autores como Héctor Rojas Herazo, Manuel Zapata Olivella, Eduardo Caballero Calderón y Eduardo Zalamea Borda.

A pocos pasos, entre montañas de tomos de antropología, psicología, geografía, política, economía, castellano, francés e historia, se llega a la sala El Verso, en honor a la antigua librería de Chapinero, donde existen joyas como un pequeño cuaderno editado por la Caja Colombiana de Ahorros y que, según una firma, le perteneció a Flor María Rojas. Ahí, la anónima mujer consignó recetas (pollo a la almendra, galletas de sagú, galletas de naranja), escritas en impecable letra pegada. Allí mismo, se pueden adquirir ejemplares que contienen las firmas de sus autores. “Tenemos obras con la de Gabo y hace dos meses vendimos un libro con la de Margaret Thatcher”, dice Eliana, dueña de una memoria capaz de identificar dónde va cada libro.

Al día, llegan a los estantes más de 200 nuevos ‘residentes’ que provienen, en su mayoría, de bibliotecas pertenecientes a personas difuntas o a lectores caídos en desgracia que venden sus libros de toda la vida para poder comer por unos días.

En la librería se usa también la figura del trueque: los dueños del lugar revisan el ejemplar, leen el prólogo y el índice y hacen negocio.

En esa dinámica llegan libros curiosos, como uno que llamó la atención de Eliana: “Era la historia de un japonés que cuando murió su esposa pianista decidió abrirle el cerebro para adelantar un estudio”.

La soledad de los pasillos y las salas es una de las características de Merlín. Los clientes lucen solitarios en un ambiente adornado con sillas de cuero, espaciosas mesas de lectura, máquinas de escribir Underwood y retratos de Kafka, Camilo Torres Restrepo y Gonzálo Arango. “Este es un espacio muy interesante porque es de los pocos sitios donde se pueden encontrar ediciones antiguas”, afirmó Jhill Jaramillo, artista de la Distrital.

Es tal la escenografía que exhibe la librería que hace 7 años fue prestada para la filmación de una escena de la película Satanás, sobre la matanza de Pozzeto. Y es que en Merlín no le fue difícil encontrar al asesino su novela favorita: El extraño caso del doctor Jekyll y el señor Hyde , de Stevenson.

FABIÁN FORERO BARÓN
Redactor de EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
3 de junio de 2013
Autor
FABIÁN FORERO BARÓN

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