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Sábado 24 de septiembre de 2016

'Proceso de paz es serio y bien diseñado': Joe Biden

Vicepresidente de EE. UU. llega al país para forjar una 'alianza estratégica de alcance regional'.

'Proceso de paz es serio y bien diseñado': Joe Biden

La última vez que Joe Biden visitó Colombia fue en agosto del año 2000 cuando el entonces Senador por el estado de Delaware acompañó al presidente Bill Clinton en una visita oficial a Cartagena.

Andrés Pastrana era presidente, Estados Unidos acababa de aprobar el Plan Colombia, el gobierno aún negociaba un proceso de paz con las Farc que iba de mal en peor y en Washington se decía que el país estaba al borde de convertirse en un estado fallido.

En los trece años que han pasado desde entonces es mucho lo que ha cambiado. En palabras del hoy Vicepresidente, Colombia es vista como un ejemplo no solo para la región sino en el mundo y si bien el gobierno se ha embarcado en una nueva negociación con la guerrilla lo hace desde una posición de fuerza en gran parte lograda por el apoyo de los estadounidenses.

A pocas horas de aterrizar en Bogotá, donde inicia una gira que lo llevará también a Brasil y Trinidad y Tobago, el Vicepresidente contestó en exclusiva algunas preguntas para EL TIEMPO.

De acuerdo con Joe Biden, el proceso de paz que se ha lanzado con las Farc “es serio, bien diseñado” y EE. UU. lo seguirá respaldando a través de aportes a los programas de restitución de tierras y reparación de víctimas.

Habla, a su vez, de una nueva era en las regiones hemisféricas marcada por intereses económicos mutuos, pero deja claro, eso sí, que Washington no comulgará con la despenalización en la lucha contra las drogas.

El presidente Obama estuvo hace un mes de gira por México y Costa Rica. Ahora lo hace usted y es claro que hay interés. ¿Pero cómo despejar las dudas que aún existen en la región sobre el compromiso de EE.UU, con Latino América?

Durante las próximas décadas, estaremos poniendo nuestro enfoque en las regiones donde vemos mayores oportunidades, y en realidad no tenemos que buscar más allá del continente americano. No existe otra región en el mundo que contribuya más a la prosperidad de Estados Unidos que el hemisferio occidental, ya sea a través de nuestros crecientes enlaces económicos, culturales o familiares.

Creemos que la mejor forma de avanzar en estos objetivos es a través del compromiso activo con un amplio número de socios, con los que compartimos valores e intereses mutuos. Por eso es que el Presidente, en su primer viaje a la región, prometió una política exterior basada en la colaboración y en la responsabilidad compartida. Por eso el Presidente viajó a México y a Costa Rica; por eso yo estoy viajando a Colombia, Brasil y Trinidad y Tobago; y por eso vamos a recibir a los presidentes de Perú y de Chile en junio, y a otros visitantes de América Latina en el segundo semestre del año. Tendremos, pues, el más alto nivel de compromiso que hemos tenido con América Latina en mucho, mucho tiempo, porque hay muchas oportunidades.

El hemisferio occidental ha experimentado un notable crecimiento económico, así como una profunda transformación democrática. Los gobiernos anteriores han prometido una relación más equitativa y más profunda con la región, pero debo decir que nosotros ya hemos cambiado la forma de relacionarnos con nuestros socios. La pregunta ya no es qué podemos hacer por América Latina, sino qué podemos hacer con Latinoamérica.

Recientemente la OEA entregó un esperado informe sobre las drogas, en el que recomiendan que los países miembros hagan un giro hacia la descriminalización en la lucha contra las drogas. ¿Respaldará su gobierno esa iniciativa?

Entendemos y respetamos que algunos líderes de la región han expresado su frustración por el efecto tan devastador sobre nuestros pueblos, causado por el crimen transnacional que se alimenta del tráfico de drogas. Sea apoyando el valiente trabajo del presidente Santos o de otros líderes de la región, el pueblo estadounidense entiende el impacto del tráfico de drogas en las sociedades de América Central y el Caribe, y algunas partes de Suramérica.

Sabemos que no podemos ver el asunto de la oferta de drogas en América Latina sin también tocar el tema de la demanda en Estados Unidos. Por eso hemos invertido miles de millones de dólares en programas de prevención y en tratamientos contra la drogadicción para abordar el problema de las drogas no solamente desde una perspectiva criminal, sino también como un asunto de salud pública.

También por eso hemos brindado un nivel de cooperación sin precedente a países como Colombia, no solo en contra de las drogas que fluyen hacia al norte, pero también para frenar el flujo de armas y el dinero hacia el sur.

Entendemos que nuestros socios también quieren sostener un diálogo para analizar si las leyes que están vigentes ahora están empeorando la situación. Nosotros estamos dispuestos en tener esta discusión. Sin embargo, no creemos que una legalización amplia de las drogas resolverá el problema o reducirá los niveles de violencia que sufre nuestro hemisferio, y por eso seguimos oponiéndonos a la legalización de las drogas.

Las organizaciones criminales transnacionales que trafican con drogas tienen negocios altamente diversificados de los que también obtienen ganancias sustanciales, como el tráfico de personas, el secuestro, la extorsión y la corrupción. Más allá de eso, los desafíos sociales, de salud y de calidad de vida que el público enfrenta cuando las drogas son más amplios y fácilmente accesibles, son monumentales.

Usted y el Presidente Obama han dicho que están dispuestos a respaldar el proceso de paz en Colombia. ¿Cuál es su lectura de la actual negociación y de qué manera creen que puede ser útil?

Los líderes de Colombia, incluyendo al presidente Santos y su gobierno, merecen un enorme reconocimiento por el lanzamiento de este proceso serio y bien diseñado para poner fin al conflicto, para que los colombianos puedan disfrutar la paz y la prosperidad que tanto merecen. Hemos apoyado los esfuerzos de Colombia para mejorar la situación de seguridad y enfrentar los factores que originan el conflicto.

Pero sabemos bien que los propios colombianos son los verdaderos líderes en este proceso. Estamos preparados para continuar apoyando a Colombia en su meta de avanzar hacia un futuro que incluye nuestro respaldo al programa continuo de restitución de tierras y reparación de víctimas por parte del gobierno, a la búsqueda de opciones más viables para los ciudadanos que operan en la economía lícita, y al respeto por los derechos humanos y el Estado de Derecho.

Tras años de ofrecer ayudas, Estados Unidos ahora se refiere a Colombia como un socio estratégico. ¿Cuál es el futuro de esta relación bilateral?

Colombia ya ha recorrido un milagroso trayecto hacia la seguridad y la prosperidad. Vemos gran potencial en su futuro y en nuestra alianza.

La relación bilateral entre Estados Unidos y Colombia se ha mantenido fuerte por muchos años. Nuestra relación va más allá de la seguridad a largo plazo y de la cooperación antinarcóticos, e incluye temas de índole económico, social, medio ambiental, como también derechos humanos, el Estado de Derecho, ciencia y tecnología, y temas regionales y globales. Cooperamos en innumerables temas de interés mutuo y el trabajo constructivo de Colombia con nosotros en programas de seguridad, iniciativas en materia de desarrollo económico y medio ambientales, energía, clima, y las iniciativas de inclusión social son vitales para el logro de nuestros objetivos comunes.

Hoy, la pregunta central sobre las relaciones entre Estados Unidos y Colombia es cómo aprovechar nuestra estrecha relación para construir una alianza estratégica con visión a futuro y con alcance regional y global positivo. Por eso nos asociamos con Colombia para ayudar a los países de Centroamérica a enfrentar los retos del narcotráfico y el crimen organizado. Por eso negociamos un tratado comercial que ha generado grandes beneficios económicos tanto para los colombianos como para los estadounidenses.

Por eso extendimos la validez de la visa para los colombianos de cinco a 10 años, para así fomentar nuestra relación comercial y cultural. También, por eso nuestro presidente ha hecho público su respaldo a las aspiraciones de Colombia de unirse a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Y por eso mismo nos aliamos con Colombia y otros países para lanzar una iniciativa el año pasado llamada ‘Connect 2022’, que busca proveer a todos los ciudadanos del hemisferio el acceso a electricidad confiable, limpia y asequible mediante el aumento de la interconexión eléctrica. Y apenas estamos empezando.

El TLC parece estar beneficiando más a las empresas estadounidenses (las exportaciones han crecido hasta en un 20 por ciento en el primer año) que a las colombianas. ¿Cómo podemos estar seguros de que los beneficios son para los dos países?

Ambos países han visto verdaderos beneficios. Excluyendo petróleo y café, que se han visto afectados en el último año por problemas no relacionados con el TLC, las importaciones de Estados Unidos desde Colombia han incrementado en un 22 por ciento desde que el acuerdo entre ambos países entró en vigor. Si bien es cierto que antes de la firma del TLC la mayoría de productos colombianos gozaban de acceso libre de aranceles al mercado de Estados Unidos, bajo varios programas de preferencias comerciales, esos programas vencieron en varias ocasiones. Una de las ventajas que la permanencia de nuestro tratado comercial ofrece a los empresarios colombianos es la confianza que ahora tienen para invertir en el desarrollo de nuevos mercados para sus productos en Estados Unidos.

SERGIO GÓMEZ MASERI
Corresponsal de EL TIEMPO
Washington

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