Y si fuera la hija de Darío Salazar...

Y si fuera la hija de Darío Salazar...


7 de mayo de 2013, 09:53 pm

Cansada de una nueva ola de conservadurismo contra la autonomía que tienen hoy las mujeres para interrumpir legalmente un embarazo en los tres casos excepcionales estipulados por la sentencia C-355/2006, decidí hacer un pequeño manual de la godarria con el fin de polemizar sobre las ideas que sostienen los promotores del referendo que prohibiría la interrupción del embarazo en todos los casos. Para empezar, no olvidemos que el aborto en Colombia no está legalizado, solo está despenalizado en tres casos excepcionales, que representan el 1 por ciento, o menos, de la totalidad de los abortos. Los ultragodos piensan que todo el país es conservador. Aceptando que una mujer católica practicante puede decidir no abortar, por qué oponerse entonces a que las mujeres que no lo son puedan interrumpir su embarazo. Decenas de miles de mujeres, incluso muchas católicas, han abortado y lo seguirán haciendo a pesar de todas las barreras culturales, legales y morales que les sean impuestas.

Los ultragodos no saben que la salud sexual y reproductiva es, desde hace tiempo en Colombia, un derecho. Un dramático caso reportado esta semana en El Salvador resume lo que se vendría para Colombia si el referendo lograra ser aprobado. Una joven mujer de origen humilde padece de una enfermedad que, en caso de continuar con la gestación, puede producirle la muerte. Además, el feto que espera tiene un diagnóstico de anencefalia (ausencia de una parte del cerebro). Pues, atérrense: no puede abortar, ya que en este país centroamericano no existe este derecho. Tiene un hijo de 2 años. Y yo pregunto, señor Darío Salazar, expresidente del Partido Conservador: si fuera su hija, ¿la dejaría morir?

Los ultragodos no tienen idea de lo que significa para una mujer ser violada. Así de sencillo: si un referendo como este tuviera éxito, una mujer violada no tendrá ninguna posibilidad de interrumpir su embarazo, pues estará cometiendo un delito. Aparte de vivir una experiencia traumática que, para la mayoría de los miembros del Partido Conservador, no parece tener ninguna resonancia sensible o solidaria, condenamos a las mujeres al ámbito de lo ilegal y de lo clandestino. Me niego a que las colombianas pierdan ese derecho fundamental y más en un país en guerra que apenas está descubriendo los miles de abusos sexuales cometidos por los actores armados contra las mujeres.
Los ultragodos son antidesarrollo. Uno de los indicadores de desarrollo humano de los países son, hoy en día, los derechos sexuales y reproductivos. Cuanto más avanzadas son las naciones, mayor esfuerzo han realizado para incorporar los derechos de las mujeres y, específicamente, los derechos sexuales y reproductivos. Como dice el secretario general de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, donde las mujeres gozan de derechos, de autonomía y de educación, las sociedades son más pacíficas y estables. Muchos católicos y católicas del mundo, muchos conservadores progresistas han entendido estos principios de una modernidad ilustrada. Pero los ultragodos, al parecer, no.

Los ultragodos se han olvidado de lo que significa la compasión. Antes de proteger a una mujer que desea vivir, a una madre que desea seguir al lado de sus hijos, pero que tiene que abortar para salvar su vida, o a aquella que no puede soportar el peso de lo que significa esperar el hijo de una violación, ustedes deciden proteger cigotos, embriones o fetos, que, si bien son promesas de vida, son todavía solo un devenir que tendrán que sortear muchos albures antes de llegar a término. Colombianas, colombianos: no se dejen engañar.

* Coordinadora del grupo Mujer y Sociedad