Franqueza sobre el bisturí

Franqueza sobre el bisturí

'Complicaciones: confesiones de un cirujano sobre una ciencia imperfecta'

Franqueza sobre el bisturí
30 de abril de 2013, 10:36 pm

“La medicina, he descubierto, es un asunto extraño y de muchas formas, perturbador. Lo que está en juego es mu­cho; las libertades que se toman, tremendas. Drogamos a la gente, los llenamos de agujas y tubos, manipulamos su quí­mica, biología y física, los anestesiamos y les abrimos sus cuerpos al mundo. Lo hacemos porque tenemos una con­fianza permanente en el conocimiento de nuestra profesión. No obstante, lo que uno descubre cuando se acerca, lo su­ficiente como para percatarse de las cejas ceñudas, las du­das, los pasos en falso, los fallos y también los triunfos, es lo confusa, incierta y sorprendente que puede ser la medicina”.

Con este párrafo ágil y agarrador, el cirujano general Atul Gawande, del Brigham and Women’s Hospital en Bos­ton, abre el telón al tema de los 14 ensayos que componen el ya clásico libro, no hace mucho editado en español: “Qui­se explorar el poder y los límites de la medicina, una ciencia que ante todo es profundamente humana”, dice. “Por eso me puse a escribir; para concientizarme de ello”.

Gawande habla de lo que ve en su diario trabajar. Por ejemplo, el médico que ya tuvo suficiente y quiere dejarlo todo, o el paciente terminal que se acoge a la cirugía más arriesgada, con resultados fatales. Y usa los casos para ex­plorar los asuntos éticos más amplios que subyacen en la profesión médica: ¿Qué tanto aporte debe tener el pacien­te? ¿Cómo pueden los médicos jóvenes obtener experiencia práctica sin poner vidas en peligro? Y, ¿qué tan responsa­bles son estos doctores de sus errores? “Muchos de los te­mas provienen de experiencias que yo no entendía, o que me molestaban”, explica Gawande. “Cosas que los pacien­tes preguntaban y para las cuales yo no tenía la respuesta, y me propuse investigarlas con este libro”.

Algunas de las descripciones son escabrosas, como la del cirujano que hizo una biopsia en el seno equivocado, retar­dando el diagnóstico de cáncer de la paciente por 18 me­ses. Otras fallas han sido las suyas propias: en una ocasión hizo una traqueotomía de urgencia, teniendo muy poca ex­periencia en ese procedimiento, casi matando a la pacien­te. Pero otras descripciones son gloriosas, como la de la jo­ven mujer infectada por bacterias carnívoras en las piernas. Ante el asombro del hospital entero, la paciente sobrevivió en contra de todas las posibilidades.

“A juzgar por lo que he visto en el interior de las perso­nas”, escribe el cirujano, “he llegado a la conclusión de que los seres humanos estamos entre un huracán y un cubo de hielo: en algunos aspectos somos permanentemente miste­riosos; pero en otros, cuando tenemos la ciencia adecuada, somos completamente escrutables. Sería igualmente ne­cio pensar que hemos llegado a los límites del saber sobre el cuerpo humano, como creer que nunca podremos en­tenderlo todo… El predicamento central de la medicina, la cosa que hace tan desgarrador ser un paciente y tan difícil ser un médico es la incertidumbre. Ese es el estado natural de la medicina. Y la sabiduría, para médicos y pacientes, se define por la forma en que uno lidia con esa espantosa incertidumbre”.

Gawande demuestra con su honesta forma de escribir que la franqueza –a veces brutal– puede hacer más por ganarse la confianza del público en la profesión médica que el escalpelo.

POR ÁNGELA POSADA
SWAFFORD
MIAMI