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¿Cuánto y dónde debe crecer Bogotá?

Peñalosa controvierte los pronunciamientos de Petro acerca de frenar el crecimiento de la capital.

Suena bien decir que Bogotá, o cualquier otra ciudad, no debe extenderse más y solamente densificarse; o que la vivienda social no debe ubicarse en los bordes de la ciudad, sino en el centro. En realidad, en el caso de Bogotá, esos no son más que mensajes emocionales sin sustento.

Frenar de múltiples maneras el crecimiento de la ciudad, como lo está haciendo el alcalde (Gustavo) Petro, solamente lleva a que se genere desempleo y a que la vivienda escasee y se encarezca. Las consecuencias las sufren los ciudadanos de menores ingresos que tienen entonces mayores problemas de hacinamiento, deben acudir a la urbanización ilegal en sitios y condiciones desastrosas e ir a conseguir vivienda cada día más lejos, fuera de Bogotá.


No asumir con responsabilidad los desafíos de crecimiento de la ciudad y planificarlo bien, lleva a que la ciudad se haga donde no debe y como no debe hacerse.

El alcalde Petro publicó en EL TIEMPO el 16 de marzo titulado “Dos maneras de entender el mundo”. Es asombroso que ya en la alcaldía, siga diciendo que la ciudad no debe crecer, porque supuestamente hay 600 hectáreas “desocupadas” en el centro. Allí se ubica por ejemplo San Andresito, con uno de los precios de finca raíz más altos de Colombia.

Pero, quitando todo límite a la imaginación, supongamos que es posible sacar a las buenas o a las malas a todos los ocupantes de las 600 hectáreas. que él menciona. Que el alcalde plantee que el crecimiento de Bogotá hacia el futuro cabe en 600 hectáreas muestra un desconocimiento monumental del desafío que enfrentamos.

Bienvenida toda la renovación urbana que se pueda llevar a cabo. Nuestra administración llevó al Concejo y consiguió la aprobación de la creación de la Empresa Distrital de Renovación Urbana; no siempre para densificar, sino para mejorar la ciudad.

No obstante hablar mucho de densificación, la alcaldía Petro impidió hacer la renovación urbana del barrio la Esmeralda propuesta por la Empresa Nacional de Renovación Urbana. Aunque valiosa, la renovación urbana no tiene ninguna posibilidad de acomodar el crecimiento que tendrá Bogotá en las próximas décadas.

Para estimar cuanta tierra necesita la ciudad para su crecimiento, es necesario tener en cuenta: el déficit de vivienda existente; lo que crecerá la población; el tamaño de los hogares, que se está reduciendo, lo que hace que se necesiten más viviendas para la misma población; y el incremento en la participación de las construcciones distintas de vivienda dentro del total de la ciudad, lo que ocurre con un mayor desarrollo económico: aumentan las edificaciones destinadas a tiendas, restaurantes, gimnasios, universidades, oficinas, industrias, bodegas, cines, etc. Por esta razón además, la densidad de las ciudades tiende a disminuir. que defiende la idea de frenar el crecimiento de la ciudad.

El estudio llamado ‘¿Es escaso el suelo disponible en Bogotá?’, de Santiago Higuera, es interesante porque fue contratado por la administración Petro. Dice que solo en la década entre el 2001 y el 2012 el área construida de Bogotá aumentó en más de 33%. ¿Acaso se frenará de repente ese crecimiento?

Bogotá necesita miles de hectáreas adicionales

Según Higuera, el déficit cuantitativo de vivienda hoy asciende a 116.000 unidades. El Dane proyecta que entre 2012 y 2022 la población de Bogotá metropolitana aumentará en más de un millón de habitantes, una cifra similar a la población total de Cartagena o Bucaramanga.

Higuera estima que en ese mismo período, el número de hogares en Bogotá aumentará un 26%, en 586.315. Así, según el consultor de la alcaldía Petro, se necesitarán 703.000 viviendas nuevas entre el 2012 y el 2021. Esta cantidad de viviendas alberga una población cercana a 2,5 millones de personas. Según el alcalde, ¡cabrán en 600 hectáreas! ¿Cuánta tierra necesitará Bogotá?

Higuera concluye que, solo para los 10 años del 2012 al 2021, Bogotá necesita 3.200 hectáreas para vivienda y 1.430 para usos distintos de vivienda; para un total de 4.624: 8 veces más que los cálculos del alcalde Petro para el futuro de la ciudad.
Hoy el tamaño promedio de los hogares en Bogotá es de 3,3 personas, pero está disminuyendo. Las proyecciones muestran que la población de Bogotá metropolitana pasará de 8,9 millones en el 2012 a más de 12,5 millones en 2050.
Si los hogares entonces son de 2,2 personas, como Alemania hoy, en el 2050 Bogotá metropolitana tendrá 5,68 millones de hogares; 2,95 millones más que los 2,73 millones actuales: más del doble que hoy y por lo tanto necesitará más del doble de viviendas.

Y para las 4 décadas de hoy al año 2050 ¿Cuánta tierra necesitará Bogotá? Hoy Bogotá D. C., con 7,57 millones de habitantes, tiene un área urbana de 38.480 hectáreas, una densidad de 197 habitantes/ha. Es una de las densidades más altas del mundo; por ejemplo, Manhattan tiene 269 habitantes/ha. Bogotá metropolitana hoy tiene 8,89 millones de habitantes, que ocupan 47.000 hás urbanas, con una densidad promedio de 189 habitantes/ha.

¿Crecer al norte o en  municipios aledaños?

Supongamos que en el 2050 la densidad de Bogotá metropolitana sea de 150 habitantes/ha; esta sería todavía una densidad alta a nivel internacional.

Nueva York tiene una densidad de 106 habitantes/ha, París metropolitana, 109 y Londres metropolitano, 51. Si Bogotá metropolitana en el 2050 tiene 12,5 millones de habitantes y 150 habitantes/ha, ocupará 83.000 hectáreas: 36.000 más que las 47.000 urbanas que hoy tiene la Bogotá metropolitana.

Si en el norte continúan haciéndose casas con jardín grande, la necesidad de tierra adicional podría superar las 50.000 hectáreas.

Entre más crezca la ciudad en Bogotá D. C. y menos en los municipios aledaños, más altos serán los edificios en promedio, mayor la densidad y más cortos los viajes al trabajo, el estudio y demás; es más, se harán en transporte masivo y más sostenible será la gran ciudad. Ahora bien, el alcalde Petro apoyó la clasificación de 1.429 hectáreas de potreros al norte, que no tenían árboles, como “reserva forestal”. El exabrupto de dicha reserva forestal es todavía mayor, teniendo en cuenta que muy pocas ciudades en el planeta cuentan con una reserva forestal equivalente a aquella de decenas de miles de hectáreas que tiene Bogotá en sus cerros. Además de la “reserva forestal”, la alcaldía congeló 1.196 hectáreas hasta ahora clasificadas como de “expansión” al noroccidente; y 1548 clasificadas como “rurales”. Además, congeló el plan zonal del norte, con 446 urbanizables. En esas 4.619 hectáreas al norte, con 220 habitantes/ha, podrían vivir más de un millón de habitantes.

Cualquiera que mire la urbanización masiva y creciente en Chía, verá que urbanizar el norte de Bogotá no es “expansión” hacia la sabana, sino por el contrario, desarrollo de un área céntrica de la gran ciudad. Ese norte de Bogotá podría volverse una ciudad de clase mundial, con parques lineales desde los cerros hasta el río Bogotá, cientos de kilómetros de alamedas peatonales y transporte masivo. Si no pueden ubicarse al norte de Bogotá en alta densidad, ese millón de habitantes ocuparán, no 4.619 hectáreas, sino mínimo 10.000 y probablemente 20.000; se ubicarán 10 o 20 kilómetros más lejos y dependerán más del automóvil.

Los más pobres, a Soacha

En Bosa, en el suroccidente, la alcaldía Petro congeló la urbanización, con el argumento de que tenía un “riesgo de inundación no mitigable”. Curiosamente, la alcaldía entregó a Minvivienda para el programa de vivienda gratis el lote llamado Margaritas, ubicado al occidente de la avenida Ciudad de Cali, que tiene condiciones equivalentes a las del suroccidente congelado; todo el sector alrededor del lote Margaritas se inundaba anualmente hasta que construimos la estación de bombeo de Gibraltar.

En realidad, casi toda la ciudad de Bogotá al occidente de la 68, al igual que muchos otros sectores, se inundaban. Como se inundaba buena parte de las ciudades del mundo, como París, Londres, Melbourne y muchas más. La civilización y por ende las ciudades surgieron en valles aluviales que se inundaban anualmente o permanentemente; drenados, se volvieron las zonas agrícolas que sustentaron el surgimiento de las civilizaciones y por ende de las ciudades.

Recientemente en Bogotá algunos han inventado unas teorías y un lenguaje que no tienen sustento científico, ni urbanístico alguno. Inventaron que la conurbación o fusión urbana de dos municipios es algo indeseable.

La mayoría de las ciudades grandes del mundo están compuestas por muchos municipios y a nadie se le ha ocurrido que debería haber franjas verdes separándolos. Es el caso por ejemplo de Sao Paulo, con 39 municipios, Santiago con 36, o Washington D. C. que comprende 3 estados y muchos municipios. Otros han inventado que es mejor que la ciudad crezca en polos urbanos distintos de Bogotá, como podrían ser Facatativá o Zipaquirá. Ese modelo de ciudad tiene problemas urbanísticos y ambientales: nada sugiere que el crecimiento urbano allí vaya a ser compacto.

Dice Shlomo Angel en Planet of cities que es preferible equivocarse anticipando un crecimiento mayor que el que ocurrirá, y no creer ilusamente que, es posible impedir el crecimiento urbano. Dice que al menos es indispensable adquirir los terrenos para las grandes vías y los grandes parques del futuro.

En 1811 el gobierno de Nueva York planificó en detalle para un crecimiento 7 veces mayor al área ocupada por la ciudad en ese entonces; en 1859 el gobierno de Barcelona hizo lo mismo, planificando para un crecimiento 9 veces lo que era la ciudad entonces. En contraste, la alcaldía plantea que el crecimiento de Bogotá se acomode en 600 hectáreas: el 1,6% de su área urbana actual.


El resultado inmediato de las posiciones y decisiones ilusas de congelar el crecimiento de Bogotá es que se ha encarecido dramáticamente la tierra y la vivienda en Bogotá, y se está expulsando a los ciudadanos de menores recursos a sitios alejados en otros municipios, principalmente en Soacha; cuando no los condena a los barrios piratas o al hacinamiento de un inquilinato.

 Enrique Peñalosa
Especial para EL TIEMPO

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
23 de abril de 2013
Autor
ENRIQUE PEÑAOLSA- ESPECIAL PARA EL TIEMPO

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