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Una moneda virtual llamada bitcoin

Semana de volatilidad para el novedoso sistema monetario descentralizado que funciona en la red.

“¡Es la madre de todas las burbujas!”, dice Michael Carsons, escocés de 65 años, banquero retirado y bloguero fervoroso, sobre el comportamiento en los últimos días de la moneda virtual bitcoin, creada en el 2009 por un misterioso informático –que se esfumó– conocido como Satoshi Nakamoto y que hoy es un fenómeno alabado por unos y criticado por otros.

La hipérbole de Carsons –que trabaja en proyectos asociados en la economía bitcoin– la impone la historia misma: la moneda comenzó a subir en enero –cuando rondaba los 10 dólares– y en ya abril valía diez veces más; una moneda que, en un sólo día, el 10 de abril, pasó de US$ 200 a 266, después bajó a US$ 50 para, finalmente, estabilizarse alrededor de US$ 100.

Gavin Andresen, quien se considera a sí mismo responsable científico de bitcoin, atribuyó esta inestabilidad a los especuladores y prometió “que a medida que el bitcoin aumente de valor y que las infraestructuras que lo rodean alcancen cierta madurez su precio en relación a las otras divisas tenderá estabilizarse”.

Pero, ¿qué es exactamente bitcoin? Es un sistema monetario virtual descentralizado y como tal emite su propia moneda (las bitcoins), permite hacer pagos entre los usuarios e incluso algunos lo ven como una excelente inversión. “Su funcionamiento y propio autocontrol –porque no tiene un órgano central que lo administre, como banco central o algo así – está basado en el trabajo conjunto de miles de computadores de usuarios alrededor del mundo que se dedican a resolver complejos problemas criptográficos”, explica Esteban Zamora, periodista del blog FayerWayer. El resultado de este proceso es la emisión de bitcoins y la validación de todas las transacciones realizadas con estas monedas.

Filosóficamente, bitcoin es la expresión del descontento hacia el sistema financiero provocado por la crisis del 2008. Para ‘hacktivistas’ como Amir Taaki, un programador londinense de ascendencia iraní que pertenece al grupo de gente que promueve y ayuda a desarrollar este sistema, “es la verdadera moneda del mercado libre, la moneda del pueblo”.

Que se sepa, la primera vez que se utilizaron bitcoins para comprar un bien de consumo fue en mayo del 2010, cuando un usuario transfirió 10 mil bitcoins (aún sin un precio determinado) a otro usuario en un chat room de la página Bitcointalk a cambio de que este le enviara una pizza a su domicilio.

El tamaño de la participación de esa moneda en el mundo ya superó los mil millones de dólares. “Es una suma insignificante para los grandes fondos de inversión de la ‘City’ (el distrito financiero de Londres), pero considerable si se piensa en los agentes más pequeños del sistema”, agrega Carsons. En efecto, compañías del sector como Reddit, Wordpress o Expensify ya aceptan pagos en bitcoin, y también multitud de negocios pequeños y trabajadores independientes, atraídos por los beneficios de adoptarlo.

Hace poco se conoció el caso de una casa a la venta en Alberta, en Canadá, por la que se recibían bitcoins. Y en Texas, Estados Unidos, una familia reportó haber vendido un Porsche modelo Cayman S del 2007 por 300 bitcoins (que en ese momento equivalían a unos US$ 39.000). En ese último país, una compañía llamada Lamassu pretende comercializar una ‘máquina de bitcoins’ a través de la cual se puedan comprar estas monedas y depositarlas directamente en una cuenta valiéndose de una aplicación en el teléfono móvil.

¿Cómo se consiguen?

Hay dos formas de ‘hacerse’ a las bitcoins. En los inicios del sistema para convertirse en un ‘minero’ de bitcoins (osea el que los produce) bastaba con descargar el software, que es gratuito y abierto, y dejar que el programa resolviera los problemas criptográficos que menciona el bloguero Zamora. Cuatro años después, esta actividad se ha especializado a un punto tal que hay empresas, como Avalon, que manufacturan CPUs diseñadas exclusivamente para la minería de bitcoins. Los gastos en equipos y energía obligan a los ‘mineros’ de hoy a realizar grandes inversiones.

Pero hay otra forma de obtenerlas: hacerse a uno de los cerca de 11 millones que se han producido hasta ahora –el tope son 21 millones y se alcanzará en el 2140, aproximadamente, a medida que se vayan complicando los algoritmos de los que depende la creación de la moneda–. Puede hacerse directamente, comprándoselos a otro usuario o aceptando bitcoins como medio de pago, ya sea a través de mercados intermediarios como MTGox (basado en Japón), que es donde se realizan más del 70 por ciento de las transacciones en bitcoins.

Carsons maneja una fracción de sus bitcoins como ‘efectivo’, desde una aplicación para iPhone (usa la más popular: Blockchain), pero guarda sus ahorros en un computador desconectado de la red, una práctica estándar entre miembros de la comunidad. “El bitcoin es como el efectivo: la seguridad es un elemento importante”, asegura. En el 2011, reportó el diario ABC de España, un internauta dejó el computador prendido toda la noche mientras dormía y un pirata informático le sustrajo 500.000 dólares en bitcoins. Y, como no hay intermediarios, no tuvo a quien recurrir para reclamar.

Que se sepa, la mayor fortuna en la economía bitcoin es la de los hermanos Winklevoss, los gemelos que demandaron a Mark Zuckerberg por la propiedad intelectual de Facebook (inmortalizados en la película La red social), quienes recientemente reconocieron haber invertido 11 millones de dólares en la moneda.

Según le dijeron a la prensa, guardan sus bitcoins en cajas de seguridad de bancos en tres ciudades diferentes. “La gente dice que es un Esquema de Ponzi (una pirámide) –afirmó Cameron Winklevoss–. No lo quieren tomar en serio. Pero en algún momento la narrativa cambiará, porque las monedas virtuales llegaron para quedarse”.

El sistema, además, mantiene un registro de todas las transacciones, una vez son verificadas, pero en cambio la identidad de los usuarios es muy difícil de determinar, y la mayor parte de ellos son anónimos.

Para abrir una cuenta en bitcoins hay que descargar una aplicación que genera un número de cuenta y una ‘billetera digital’ (en enero del 2012 había 400 billeteras y hoy existen 228.000; un usuario puede tener varias). Es el número que se utilizará para todas las transacciones en bitcoin, y lo único que importa: en ningún momento es necesario ingresar información personal en el sistema. Estas características han sido explotadas por portales como Silk Road (Ruta de la Seda), en donde el bitcoin es el único medio de pago, y que se usan, entre otras cosas, para la compra y venta de sustancias y productos ilegales.

A pesar de lo anterior, y de desafiar abiertamente el monopolio soberano de las naciones sobre las monedas, hasta ahora bitcoin ha navegado en un limbo legal amparado en su relativa insignificancia. En Estados Unidos, un pronunciamiento reciente del Gobierno federal indicó que las “monedas virtuales descentralizadas” también estaban sujetas a las leyes de lavado de activos, constituyéndose en la primera referencia –aunque fuera velada– al bitcoin, por parte de las autoridades de este país. La mención, no obstante, deja muchas inquietudes sin resolver en cuanto al futuro legal del bitcoin.

La desaparición del inventor, está claro, no fue impedimento para el desarrollo de un sistema descentralizado por definición, y en cambio sí le ha añadido un tinte místico al fenómeno. En el 2011, la revista New Yorker envió a uno de sus periodistas tras la pista de Nakamoto sin ningún éxito. Hasta hoy, nada se sabe sobre su posible identidad o de su eventual paradero.

La experiencia de un colombiano

Ernesto y su esposa estaban “desilusionados” de los bancos. Él, un colombiano que vivió durante varios años en España y que ahora está de regreso en Colombia, ni siquiera tenía cuenta bancaria, pero sí 30 mil euros de ahorros.

“Nosotros sabíamos que, de cierta forma, era una locura, pero nos sentíamos seguros porque veíamos que podía surgir. Y, la verdad, no queríamos que nuestro dinero, así fuera poco, les diera más poder a los bancos”, dice. Así que hace ocho meses compraron los 30.000 euros, a unos nueve dólares por bitcoin.

¿Cómo lo hicieron? “Al principio fue complicado. En esa época no era fácil. Duramos cuatro meses averiguando cómo hacerlo. En medio de ese proceso el precio subió. Decidimos comprar por MTGox, que te cobra una tasa muy pequeña”. En ese sitio, que funciona como un mercado virtual, la gente se encuentra para vender y comprar.

El envío del dinero era un verdadero riesgo, recuerda Ernesto. Tenían que mandar la plata a un banco en Polonia y no sabían si llegaría a buen puerto. La notificación les llegó a la semana. Compraron 3700 bitcoins, que quedaron ‘consignadas’ en una billetera virtual que tiene un código.

Una vez tenían las bitcoins, se dedicaron a esperar mientras la moneda se cotizaba. “Fue una maravilla: las habíamos pagado a 9 dólares y hubo un momento en el que costaban 256 dólares cada una”, agrega. Y cometieron, dice él, un gran error: esperar a llegar al millón de dólares para vender. Se iban a cumplir cuando una bitcoin llegara a costar 277 dólares. Pero no pasó.

Cuando empezó la volatilidad de la moneda, esta semana, se asustaron y decidieron vender casi todo. “Al final, ganamos 225.000 euros”, que, según dice, están disponibles en su banco.

¿Y por qué se cayó el precio? “Creo que los especuladores se metieron –afirma–. También las grandes empresas y corporaciones lo hicieron para atacarlo. Y la plataforma MTGox colapsó; es también uno de los responsables. Estoy esperando a que baje a un precio correcto para volver a invertir. El precio está muy volátil, no se sabe qué va a pasar. No creo que sea buen momento para meterse”.

NICOLÁS MENDOZA
FELIPE LOZANO PUCHE
Para EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Economía
Fecha de publicación
21 de abril de 2013
Autor
NICOLÁS MENDOZA/FELIPE LOZANO PUCHE

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