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Los que viajaron por río y tierra para marchar en Bogotá por la paz

Indígenas, campesinos y afros atravesaron largos caminos para que su voz fuera escuchada.

Seis días les tomó a Teodoro Perea y sus 68 compañeros llegar a Bogotá desde Mandé, cercano al municipio de Urrao, en el suroeste antioqueño. Anduvieron una parte a pie y otra en barco, durante una lenta travesía por el río Atrato.

El quinto día llegaron a Quibdó y les tomó un día más llegar en bus hasta el coliseo El Campín de Bogotá, no sin antes parar varias veces para despinchar y enfriar los motores recalentados por las dificultades de la carretera. "Esa fue la parte más dura", explicó Teodoro. (Lea: La paz movió a cientos de miles de colombianos).

Después de comer chontaduro en uno de los carritos ambulantes de la carrera 7a., siguieron su camino hasta la plaza de Bolívar, a la espera de encontrarse con algunos de sus compañeros, que se quedaron a mitad de camino a causa de las fallas mecánicas de los buses. (Lea: Multitudinario respaldo a la paz).

Mientras tanto, los pequeños hijos de estos afrodescendientes aguardaban por sus padres en las casas de amigos y familiares, sin entender por qué en Colombia se marcha por la paz. Se volverán a encontrar dentro de seis días, cuando hayan desandado sus pasos.

Junto a ellos pasó un grupo de indígenas agobiados por la multitud y sordos a las preguntas sobre su largo viaje. Caminaron por las calles sucias con los pies desnudos, tomados de la mano para no perderse.

Gente de todo el país viajó hasta Bogotá en bus, caminando o en lancha, para marchar por la paz, con sus carteles, sin importar el tiempo y el esfuerzo.

Catalina Angulo es una mujer robusta de piel oscura, como la noche, y gruesos cabellos, que llegó con otras 50 personas desde Timbiquí (Cauca) después de veintiséis horas de viaje. Piden paz y que se acabe el abandono de su pueblo. "No tenemos acueducto y el río está tan sucio que no podemos bañarnos ahí. Durante las inundaciones se perdieron varias casas, pero a esas familias no les han dado un solo auxilio", explicó.

Campesinos, indígenas, afrodescendientes y estudiantes caminaban a paso lento, en medio de las pancartas y los retratos de quienes han desaparecido durante el conflicto armado.

Algunos llegaron a la plaza de Bolívar tan exhaustos que descansaron sentados o acostados en el suelo. Entre ellos estaba Leidy Rodríguez, quien viajó, con otras mujeres desplazadas, desde Mesetas (Meta), uno de los municipios que hace más de 10 años fueron parte de la zona de distensión en los diálogos en el Caguán. Su tránsito por la violencia la hace escéptica sobre el éxito que pueda tener la actual mesa en La Habana (Cuba).
"Hablan de paz, pero no de las víctimas", dijo.

José Daniel Sánchez, secretario de gobierno de Anserma (Caldas), busca desesperado a un niño de 12 años de su comunidad que se perdió entre la multitud.

Lucía con orgullo los collares multicolores hechos por las mujeres emberas de su comunidad. Él y 80 indígenas de todas las edades soportaron 16 horas de viaje por carretera para llegar a la plaza de Bolívar y pedir beneficios para las poblaciones autóctonas.

Muchos marcharon hacia Bogotá desde municipios y veredas lejanas, no solo para pedir que cese la violencia, sino para mantener viva la esperanza de que también desaparezcan las enfermedades sociales que la guerra ha dejado en sus pueblos durante 65 años de conflicto.

'El abandono nos convierte en víctimas'

"Soy profesor de una escuela de Riosucio (Chocó), donde muchos niños y jóvenes crecen frustrados porque no hay oportunidades. No hay paz si estamos apartados. Vinimos (a Bogotá) a marchar para hacer sentir las voces de las víctimas de la guerra y el abandono."

'No promovemos la guerra, la vivimos'

"Los indígenas no promovemos la guerra, la vivimos y ponemos gran parte de los muertos. Nos manifestamos a favor del proceso de paz, no del protagonismo de sus actores, y nos sentimos parte del país. Por eso viajamos desde el Cauca para sumarnos a la jornada contra la violencia."

REDACCIÓN BOGOTÁ
natgom@eltiempo.com

Publicación
eltiempo.com
Sección
Bogotá
Fecha de publicación
10 de abril de 2013
Autor
REDACCIÓN BOGOTÁ

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