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¿Va ganando Uribe?

El expresidente Álvaro Uribe debe de andar feliz. A pesar de dos años y medio de peleas con el Gobierno y con los antiuribistas, que no han dejado de atacarlo un solo día desde que dejó la Casa de Nariño, viene subiendo en las encuestas. En la más reciente de Datexco para EL TIEMPO y la W, su imagen favorable entre los colombianos creció ocho puntos, superando el 68 por ciento, mientras que la de Santos siguió cayendo sin que al parecer le sirvieran mucho los recientes cambios en el manejo de su estrategia de imagen.

Y es que mientras Santos da bandazos y deja a la vista su preocupación por la imagen, Uribe se mantiene en lo suyo: sin importarle mucho las formas -bastante he criticado en esta columna el uso que hace del Twitter-, dispara críticas diarias, agudas y efectistas contra las políticas del Gobierno. Lo hace justo allí donde más le duele a la administración: en lo referente a la flojísima capacidad de ejecución de obras públicas, gran lunar del Gobierno, y en los temas de seguridad, que, a pesar de mejoras de los principales indicadores a nivel nacional, muestran deterioros regionales importantes, en especial en materia de secuestro, abigeato y extorsión.

Uribe ha impuesto la agenda con esos temas y con otros, como el desempleo, que se niega a bajar de verdad y sigue en dos dígitos, y como las conversaciones de La Habana, que generan naturales resquemores entre millones de colombianos. El truco del expresidente es sencillo: pone un tema en sus trinos de Twitter, y como siempre lo hace en tono polémico y con venenito, algún ministro, algún parlamentario de la Unidad Nacional y a veces el propio Presidente corren a contestarle. De ese modo, no solo mantienen vigente a Uribe, sino que hacen crecer la importancia del tema que él planteó.

Pero aparte de imponer la agenda, algo que viene ocurriendo hace muchos meses, la novedad de las semanas recientes es que el expresidente parece haber logrado imponer su estilo y su lenguaje. Basta mirar la garrotera entre el ministro de Interior, Fernando Carrillo, y el expresidente Andrés Pastrana. Ambos son antiuribistas, pero en estos días hicieron gala del más puro estilo uribista.

Pastrana se venía oponiendo a la publicación, planteada por el Gobierno, de las actas reservadas de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, con el razonable argumento de que divulgarlas implicaba dejar en pelota y a la vista de los adversarios internacionales del país la estrategia colombiana.

Sin que fuera su tema -es ministro de Interior, no Canciller-, Carrillo le salió al paso y Pastrana le ripostó con dureza: "No me rebajo a polemizar con el camarero de Pablo Escobar", dijo en referencia al papel que el ministro jugó en 1992, como titular de Justicia, en el escándalo de la cárcel de la Catedral. Carrillo contraatacó, restregándole en la cara el desastre del despeje militar del Caguán para los fracasados diálogos con las Farc. Ninguno de los dos sacó ventaja. El ganador fue Uribe, pues quedó en evidencia que su estilo de polemizar está haciendo carrera incluso entre sus adversarios.

El único que salió en defensa de Carrillo fue el expresidente Ernesto Samper, que es hoy, de lejos, el más santista del club de exmandatarios. Y eso que, según Samper ha sugerido, Santos estaba en la conspiración para tumbarlo en tiempos del proceso 8.000. Lo curioso es que hoy en día los mayores opositores del Presidente son justamente dos exjefes de Estado que lo tuvieron como ministro: Pastrana en Hacienda y Uribe en Defensa. Ambos creen que Santos ha sido desleal con ellos. No hay que sorprenderse, pues la política es dinámica. Vale la pena, más bien, preguntarse si, acusado él mismo de desleal, el Presidente podrá exigirles en el futuro a sus ministros que no se comporten con él como él lo ha hecho con quienes fueron sus jefes. Pero ese tema merece otra columna.

Mauricio Vargas
mvargaslina@hotmail.com

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Opinión
Fecha de publicación
31 de marzo de 2013
Autor
MAURICIO VARGAS

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