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La ruta de la primera santa colombiana

Guía para conocer los lugares transitados por la Madre Laura Montoya, que será canonizada en mayo.

La tierra prometida. La mesa de Dios. Con esos apelativos conocen a Jericó, uno de los pueblos más bellos de Antioquia, al que se llega después de un recorrido de dos horas, desde Medellín, a través de una carretera ondulante.

También es la tierra de la santa, de la primera santa que va a tener Colombia: la religiosa Laura Montoya Upegui, quien será elevada a los altares el próximo 12 de mayo en el Vaticano. (Así es el lugar donde vivió la madre Laura Montoya)

Un Cristo de cinco metros de alto sobre un pedestal del mismo tamaño, encumbrado en un cerro con los brazos abiertos, da la bienvenida a la población y es símbolo de la fe que allí palpita. 

En Jericó cuentan con diez iglesias, comenzando por una catedral levantada en ladrillos; hay un convento y un seminario, y sobre los techos de las casas del centro se asoman estatuas de santos y vírgenes.

El cementerio parece un museo al aire libre lleno de mausoleos hechos obras de arte. Las campanas de la catedral anuncian la llegada de cada nueva hora, todo el día. De hecho, si el visitante es muy sensible al ruido, no es recomendable que se quede en el centro porque difícilmente podrá dormir.

Hay hoteles en las afueras del municipio hasta donde no llega el estruendoso tañido de las campanas, que también recuerdan que este es un pueblo fervoroso.  -Bienvenidos a Jericó. Yo les hago el recorrido de la madre Laura-, dice un jovencito que, al igual que muchos de los de su edad, se gana algunos pesos guiando a los turistas para que recorran los pasos de la santa.

La visita comienza en la casa donde nació el 26 de mayo de 1874. Allí está la pila de piedra donde la bautizaron a las cuatro horas de nacida y que trasladaron de la catedral para la vivienda, que hoy es un museo donde viven siete monjitas de la comunidad de misioneras fundada por Laura.

La habitación está convertida en una capilla donde se impone un cuadro con su imagen. En los corredores hay retratos que muestran su camino por la vida: sus inicios como profesora, su misión evangelizadora con los indígenas y sus últimos días de vida, castigada por la enfermedad.

"Laura siempre ha tenido devotos, pero desde que se anunció la canonización, se han incrementado las peregrinaciones", comenta la hermana Magnolia Parra, directora del santuario hasta donde, a diario, llegan decenas y hasta cientos de personas a pedirle favores y milagros a la santa.

A la entrada de la catedral cuelga un pendón gigante en el que se ofrecen viajes para asistir a la canonización. En la mitad de la nave derecha hay un lienzo de un metro y medio de alto donde aparece Laura ya con los años encima, robusta como era ella, con las manos por debajo del manto celeste que cubre un hábito blanco, mirando de reojo, en un altar donde por unas monedas los devotos pueden encender veladoras eléctricas.

Debajo del templo hay un museo de arte religioso. A dos cuadras hay un museo de historia y otro de arqueología. No en vano, a este municipio lo conocen también como 'la Atenas del suroeste de Antioquia'.

Después de rezarle a la santa, los peregrinos se pierden en las calles de piedra de Jericó, adornadas por casonas de balcones de colores repletos de flores, hasta llegar a la calle del comercio donde el rey es el carriel.

Jericó también es la tierra donde diseñaron el accesorio antioqueño por excelencia. Siguiendo derecho por esa calle se llega hasta el Cerro de la Cruz, donde se impone el Cristo gigante que custodia el pueblo y hasta donde se descuelga un teleférico que ofrece un recorrido panorámico por la región.

El ascenso comienza por el lago del jardín botánico y se corona en cinco minutos. Un agradable olor se cuela por las calles, de regreso al centro: son las fábricas de dulces de cardamomo que, además de su aroma fresco, son deliciosos y recomendados para llevar de regalo.

Por todos lados hay locales donde venden diversos artículos inspirados en Laura: camándulas, figuras de yeso, postales, escapularios y hasta cuadros de una Laurita para niños: imagen animada de la santa, rodeada de flores y de indiecitos.

Sí, Jericó es un pueblo bonito, donde además de conocer la cuna de Laura Montoya, se puede disfrutar de paisajes inspiradores, de una arquitectura colorida y de gentes amables

El santuario en Medellín

Para seguirle los pasos a Laura Montoya hay que llegar hasta Medellín, al santuario ubicado en las faldas de la comuna 13. Allí están los despojos, en un ataúd de acero inoxidable dentro de una cripta de vidrio grueso donde, a sus pies, cientos de peregrinos se postran a pedirle sanaciones a males incurables, un empleo, un hijo para las mujeres que no pueden quedar en embarazo.

La tumba queda detrás de una iglesia que todos los 21 de cada mes (Laura falleció el 21 de octubre de 1949) ofrece una misa multitudinaria. 

El templo comunica con un pasillo cuyas paredes están tapizadas con imágenes de la santa y que conducen a un altar repleto de placas de agradecimiento por favores recibidos, muletas, sillas de ruedas, y tres urnas donde los fieles depositan sus peticiones en papel. Hacia adentro del santuario hay un museo que vale la pena visitar.

Son miles de artesanías, trajes y utensilios de las comunidades indígenas de los 21 países donde las misioneras de la madre Laura hacen su apostolado: desde el Amazonas colombiano hasta El Congo, en África. Se destaca una llama disecada que trajeron desde Bolivia. A pocos metros queda el dormitorio donde Laura murió a los 75 años de edad.

Ahí están la cama, la silla de ruedas en la que se movilizaba, los cuadros de sus santos favoritos, la máquina de escribir negra marca Remington donde escribió algunos de sus 22 libros, el escritorio, sus hábitos de monja y un muñeco durmiente de porcelana de Cristo recién nacido. Es recomendable dar un paseo por el complejo del santuario, de cerca de una hectárea, rodeado de jardines y árboles centenarios.  

Dabeiba, donde se hizo santa

En esta población inició su obra con los indígenas

Si la devoción por Laura es tan grande, debe llegar hasta Dabeiba, población ubicada en el Urabá antioqueño, a seis horas de Medellín. El recorrido es largo, pero los paisajes, que van desde la montaña de páramo hasta la vegetación selvática, valen la pena. El viaje de Laura, acompañada de su madre y tres amigas, a lomo de mula, tardó diez días. En el centro del pueblo hay una sede social donde las hermanas lauritas, como les dicen, le pueden indicar los lugares recorridos por la santa, entre estos el árbol de mango donde se sentaba a meditar y donde montó su primer templo, detrás de la iglesia principal y al lado de la Alcaldía. En un mototaxi lo pueden llevar hasta la vereda El Pital, a 20 minutos del casco urbano. Allí queda un asentamiento embera donde Laura inició su evangelización y trabajo social con los indígenas.

Los nativos son amables y le pueden mostrar sus tambos, o ranchos tradicionales, mientras le hablan sobre sus tradiciones ancestrales y sobre la obra que en ellos dejó sembrada Laura.

Luego de deslizarse por una montaña, se llega hasta una piedra gigante, invadida por la verdolaga y el musgo, donde Laura se sentaba a ‘hablar’ con Dios, a leer y a escribir.

José Alberto Mojica Patiño
Enviado especial de EL TIEMPO

Publicación
eltiempo.com
Sección
Fecha de publicación
28 de marzo de 2013
Autor
José Alberto Mojica Patiño

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