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La mujer esclavizada en Bogotá lleva décadas buscando a su familia

Protagonista de fallo no sabe cuántos años tiene, pero sí que lleva 38 buscando su identidad.

Una escritura pública con fecha del 15 de febrero de 1964, en la cual se formaliza la adopción y se registra el nacimiento, nueve años atrás, es lo único con lo que cuenta 'Amalia' (nombre supuesto que le dio la Corte Constitucional) para conocer su verdadera identidad.

Ella es la protagonista de la histórica sentencia de la Corte Constitucional que por primera vez pone el dedo en la llaga del trabajo sin paga al que han sido sometidas miles de mujeres colombianas por décadas.

Ese documento fue lo único de su pasado que le entregó la familia que la mantuvo esclavizada durante 13 años en Bogotá. Allí figuran los nombres de sus padres y de tres testigos que dieron fe de su entrega en el municipio tolimense de Anzoátegui.

Por este hecho, la Corte Constitucional ordenó a un oficial en retiro del Ejército, a su esposa y a sus dos hijos indemnizar a 'Amalia'. En un fallo de tutela, condena esta forma de esclavitud y pide a las autoridades combatirla con los instrumentos que da la lucha contra la trata de personas, y le impone al Ministerio del Interior la obligación de buscar la verdadera familia de la mujer.

Ella presentó la tutela para que alguien responda a los interrogantes que desde hace más de 38 años -cuando escapó de esa casa- siguen sin respuesta: ¿Viven aún sus padres? ¿Tiene hermanos?...

Trabajo y castigo

Lo que recuerda es que desde 1964 hasta 1977 estuvo en una casa en el norte de Bogotá, levantándose muy de mañana a preparar desayunos para "los señores y señoritos" a los que tenía que servir sin ninguna remuneración. "Ya era bastante con brindarle techo, comida y vestido", dijeron sus adoptantes a la Corte.

Sus obligaciones incluían labores domésticas como el aseo de la vivienda, el cuidado de dos niños ligeramente menores que ella y cocinar para todos los miembros de esa familia. Su jornada terminaba en la noche, pues nunca le permitieron irse a la cama "antes de dejar la cocina limpia", dijo a los magistrados la esposa del oficial.

Constantemente le decían que su madre era prostituta y que por eso la había regalado, la metían a una alberca por orinarse en la cama, la golpeaban con zapatos de tacón y la castigaron por haber aprendido a leer y escribir a escondidas con los niños que cuidaba. Jamás tuvo documentos de identidad. Solo en 1977, cuando volvió a Anzoátegui, tramitó un registro civil con la escritura de adopción que le dieron. Pero ella duda de esos datos.

A pesar de esto, la información se perdió con el tiempo, y la investigación no ha arrojado resultados. Los nombres y cédulas de sus padres, que aparecen en el documento de adopción, no están registrados en el sistema nacional de salud ni en el Sisbén. Solo la Registraduría encontró que en su base de datos hay dos personas con los nombres de sus padres y que figuran como vivas.

Lo que dicen los adoptantes

El oficial que recibió en adopción a la mujer aseguró que conoció al tío de ella en la cárcel de Anzoátegui, donde ejerció como alcalde militar de ese municipio.

El hombre le dijo que tenía una hermana con una conducta desordenada y que le daba mal ejemplo a su hija. A la madre de Amalia la vio solo una vez, el día en que le entregó a la niña.

gerjim@eltiempo.com

 

Publicación
eltiempo.com
Sección
Fecha de publicación
22 de marzo de 2013
Autor
REDACCIÓN JUSTICIA

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