La red social colombiana de las 4500 sonrisas

La red social colombiana de las 4500 sonrisas

Conectando Sonrisas es una plataforma en la web que guía a los que quieren ayudar a los demás.

La red social colombiana de las 4500 sonrisas
7 de marzo de 2013, 10:10 pm

Si cree que había red social para todo, como para mantener contacto con amigos y familiares (Facebook), subir fotos con filtros (Instagram), videos cortos (Vine), compartir música y cualquier tipo de audio (Soundcloud) o discutir sobre posiciones políticas, religiosas, o simplemente los ‘trending topics’ del momento (Twitter) y muchas más; está en lo cierto. Hoy en Colombia existe una red que ayuda a ayudar.

¿Ha sentido alguna vez la necesidad de cooperar con el prójimo, pero no conoce la forma exacta? ¿Admite que tampoco puede salir a la calle a gritar que quiere hacer algo por los demás o que empezar a regalar cosas de manera asistencialista no es la mejor solución? Cuando alguien quiere colaborar con los que poseen menos debe tener claro qué quiere hacer. Para eso habría algunos pasos a seguir. Primero uno debería preguntarse: ¿Qué es lo quiero hacer? ¿A qué sector de la sociedad quiero ayudar? ¿Niños? ¿Ancianos? ¿Adolescentes? ¿Personas que sufren alguna enfermedad?

Cuando identifica ese punto, enseguida se debería buscar gente con experiencia, que colabore a canalizar esas ganas, que lo aconseje y le dé luces en el tema.

Carlos López es el artífice de esta iniciativa, de la red social Conectando Sonrisas. Es Ingeniero en Sistemas de la Universidad de Los Andes, docente, mago, malabarista y además, aprendiz de ‘clown’.

Tiene 31 años. Es alto, flaco y el día que nos encontramos vestía unos jeans y una camiseta verde con el nombre de su fundación, que contribuye a que en el mundo haya menos indiferencia con las dificultades que muchos no piden tener en la vida.

Su rostro estaba cobijado por una tímida barba, sus ojos, de especial brillo, hablaban a la par de sus labios. De él emanaba la energía de un titán.

“Los que tienen menos merecen más” decía completamente convencido. En el orden de descubrir cómo poder ayudar, Carlos recomienda un ejercicio, preguntarse: “¿Qué es lo que más te enoja de esta sociedad?” y “¿Qué harías para cambiarlo?”. Al plantearse la búsqueda de esas respuestas iniciaría el fin de la duda.

Conectando Sonrisas nació en marzo del 2011 y se constituyó como fundación en octubre del mismo año y es una entidad sin ánimo de lucro.

En dos años esta red ha logrado que 4500 personas sonrían por medio de la labor que hace a través de 92 eventos realizados a los largo y ancho de Bogotá.

La red funciona de la siguiente manera, está compuesta por facilitadores, que son aquellos que están dispuestos a contribuir con un evento, o con su tiempo, para asistir y aportar con una fundación en específico. Están también los proveedores de sonrisas, son artistas, magos o personas que desarrollan un tipo de arte y lo quieren compartir, existen los proyectos sociales que ayudan a mejorar la calidad de vida de comunidades y barrios colombianos. Galería: Eventos que generan sonrisas.

Por ejemplo, si usted tiene una fundación, la idea es que por medio de la plataforma, publique una actividad que se realizará y convoque a personas a que lo acompañen ese día para disfrutar de un buen momento. Si usted, en cambio, tiene ganas de ayudar y se siente identificado con una organización miembro de la red, puede comentar en el evento y ofrecer su colaboración en la manera que usted bien pueda.

El poder de la risa

Carlos empezó a hablar de los beneficios de sonreír. Al calor de un ajiaco y un calentao vegetariano en un restaurante en el norte de Bogotá, explicaba que reír tiene muchos beneficios que están comprobados. “Al sonreír liberamos una serie de endorfinas y otras hormonas que nos ayudan a estar positivos”. “La sonrisa genera salud, refuerza el sistema inmunológico, es una droga gratis”. Sobre la base de esto Conectando Sonrisas, hace y apoya eventos que ayuden a la gente a ser más feliz. “La sonrisas son gratis, mejoran tu cara, te ves más guapo. Existe un beneficio personal. Cuando eres feliz, eres más productivo”.

“El Circo del Sol me cambió la vida”

Durante la conversación, la historia de Carlos iba tomando forma, las anécdotas saltaban y brillaban por sí solas, experiencias llenas de vida, de amor por los demás, recuerdos de niñez.

Contó que durante cinco años ahorró dinero y decidió invertirlo en un viaje a Las Vegas para ir a todos los show del Circo del Sol. “El Circo del Sol me cambió la vida, ese espectáculo es muy bueno, excelente”.

Este joven entusiasta asegura que a los niños hay que demostrarles que “lo imposible si es posible, porque les estás despertando la esperanza y cuando hay esperanza hay todo”. Mientras hablaba golpeaba la mesa cuando hacía énfasis en ideas que lo apasionaban en el momento.

Es por eso que movió cielo y tierra para conseguir entradas y así, niños colombianos de escasos recursos puedan asistir al espectáculo del Circo del Sol que se realizará en Bogotá el 20 de marzo. Lo logró. Recibió una llamada desde Canadá en la que le informaban que Conectando Sonrisas había sido escogida para este premio. Fundaciones que sean parte de la red podrán participar para adquirir las entradas, sólo deben contestar una pregunta que está colgada en el sitio web.

Lo que se hereda no se hurta

Carlos contó que desde que tiene uso de razón ayuda a los demás. Todo comenzó cuando era pequeño y en época navideña iba, junto a su familia, a la fundación de su abuelo ‘Hogares de Belén’ que apoya a familias con bajo presupuesto a tener un hogar ‘transitorio’ hasta que mejoren sus condiciones económicas y puedan sostenerse por sí solos. Allí realizaban agasajos por Navidad, cantaban, se disfrazaban y pasaban un buen momento.

Pero al crecer se dio cuenta de que no era suficiente “porque a mi también me gusta divertirme” afirmó y ahí, inició su faceta de mago y malabarista.

Sin embargo asegura que, aunque no conoció a su abuelo, su familia dice que se parece, tanto físicamente como en su personalidad y que de él heredó esas ganas infinitas de velar por los demás.

Un elefante tras bambalinas

Las anécdotas surgían como espuma, la gente sentada a nuestro alrededor en el restaurante empezó a irse, el lugar iba quedando solo.

Con la mirada de costado, recordaba la primera vez que vio un elefante. Fue en un circo al que asistió cuando era pequeño junto a su familia. “En medio del espectáculo el maestro de ceremonias dijo que tenía una sorpresa para los niños, de repente salió un elefante y a todos se nos abrieron los ojos”, mencionó. El dueño del circo pidió que se acercaran cinco chiquitos. “Yo tomé de la mano a mi hermana y bajamos rápido, corriendo a la arena, llegamos, la puse delante de mí y en ese momento apareció otro niño, yo le dije sigue tú... el maestro de ceremonias me quedó viendo y dijo: tengo que hablar contigo al final del espectáculo.

Cuando la función terminó llamaron a Carlos, lo llevaron tras bambalinas y tuvo su encuentro privado con el paquidermo con el que se tomó una foto que hasta hoy conserva.

El hermano gemelo de Mentor

Lo de la magia y los malabares vino tomando fuerza con el tiempo. Cada vez Carlos asistía a más eventos sociales, animaba a los niños, los hacía reír, imaginar. Y ahí nace Mentor, el personaje que fue desarrollando con los años. Mentor es amoroso, arriesgado, torpe, pero gracioso y tiene un hermano gemelo, Pollo. Estos dos personajes son inseparables en el escenario, pero también en la vida. Amigos, hermanos del alma y compañeros en el largo camino de hacer algo por los demás.

2013 año de objetivos

Carlos tiene planes para este año, quiere mejorar la red de Conectando Sonrisas para ques sea más intuitiva y probablemente le haga unos cambios al diseño. “Nos vamos a enfocar en eventos, vamos a hacer una plataforma buena, una plataforma para hacer y apoyar eventos sociales, que sea más fácil para que participes en los eventos y listo”.

Carlos con su trabajo quiere llegar a la mayor cantidad de gente posible en Colombia. Porque mirar más allá de nuestras narices podría ser efectivo para promover un mundo mejor.

VALERIA SÁENZ
REDACCIÓN ELTIEMPO.COM