La crisis de las políticas públicas

La crisis de las políticas públicas


La crisis de las políticas públicas
27 de febrero de 2013, 10:14 pm

El editorial dominical de El TIEMPO (24-2-13) ha llamado la atención acerca del "comienzo prematuro" de la campaña electoral, al considerar que los asuntos más apremiantes de la agenda pública del Gobierno pudieran paralizarse en virtud de los afanes de los legisladores por la indiscriminada captura de votos, una praxis tradicional que apunta más a favorecer la supervivencia individual que a buscarles solución a las urgencias colectivas de la sociedad. 

Aunque este SOS entraña un llamado a la responsabilidad con los deberes de la investidura conferida por el pueblo, no deja de tener cierto aire de familia -especialmente por los fines del apremio invocado-, con la urgencia manifiesta del presidente paisa que les pidió, sin ruborizarse, a los miembros del parlamento "votar los proyectos antes de que los metan a la cárcel". Desde luego, no pretende este escrito equiparar -¡ni más faltara!- la aquilatada moral del editorialista, advertida en las agudas reflexiones y en el aire limpio de su prosa con el comportamiento ruidoso y antitético del expresidente de marras.  

Parecería un emplazamiento fútil a quienes en su mayoría carecen de voluntad política para traducir las expectativas de bienestar de la población en buenas políticas públicas. Recientes mediciones indican que el Congreso de la República, junto con la Justicia es la institución con mayores niveles de desfavorabilidad. Esa no es una reacción automáticamente inducida por la antipolítica, sino la  percepción de millones de compatriotas que se han sentido burlados en las conductas inapropiadas de sus legisladores y magistrados frente al manejo de problemas estructurales como el derrumbamiento de las clases medias, la incompleta descentralización, la precaria infraestructura, el sospechoso manejo de los desastres, la megaminería, el sistema financiero y bursátil (Interbolsa).

No constituye ningún desenfoque atribuirle gran parte de la crisis de legitimidad institucional a la deficiente calidad de las políticas públicas. Puesto que no sólo no son eficaces en la solución de los problemas sino que contribuyen a fomentar la pobreza, la inequidad y la corrupción, a la vez que promueven la creciente despolitización de la sociedad, muchos de cuyos miembros expresan desconfianza por la forma en que se define la antidemocrática selección de candidatos en los partidos, los procedimientos electorales, administrativos o judiciales. Por supuesto que a través de la deliberada despolitización las fuerzas económicas aprovechan  la supresión de controles y regulaciones para consolidar el modelo de acumulación, lo que trae como consecuencia la sumisión de los gobiernos y de los ciudadanos a las fuerzas económicas y sociales dominantes.

Una investigación de la Corporación de Estudios Sociopolíticos y Culturales de Colombia señala como resultado de las dos últimas décadas un 'déficit de buenas políticas y un superávit de malas políticas', incluida la parte económica de la Constitución Política de 1991 que desfinanció el menú de garantías y favoreció la vigencia del neoliberalismo que hoy ha hecho crisis en los sectores de la salud y la educación.

Razón tuvo Cornelius Castoriadis al decir que el rasgo más conspicuo de la política contemporánea es su insignificancia: "Los políticos son impotentes. (...) Ya no tienen un programa. Su único objetivo es seguir en el poder". Los cambios de gobierno -o incluso de sector político- no implican una divisoria de aguas, sino, en el mejor de los casos, apenas una burbuja en la superficie de una corriente que fluye sin detenimiento, monótonamente, con oscura determinación, en su propia dirección, arrastrada por su propio impulso.

Libro recomendado: 'Evolución, el mayor espectáculo sobre la tierra', obra del científico Richard Dawkins, da testimonio de la veracidad de la evolución. Igual que un detective llega a la escena de un crimen, va escudriñando las ricas fases de la evidencia científica para construir un caso sólido: desde los ejemplos vivientes de la selección natural en aves e insectos; los "relojes" de los árboles y la datación radiactiva, que calibran una escala de tiempo para la evolución; el registro fósil y la huella de nuestros antepasados más antiguos, hasta el complejo desarrollo de los embriones o la confirmación a partir de la biología y la genética moleculares. Espasa Calpe, 2009, 430 páginas.

*Analista político e Investigador en Ciencias Sociales