'Islamistas radicales llegaron a prohibir todo a Tombuctú'

'Islamistas radicales llegaron a prohibir todo a Tombuctú'

Un colombiano relata cómo viven los refugiados malienses tras la intervención militar francesa.

'Islamistas radicales llegaron a prohibir todo a Tombuctú'
18 de febrero de 2013, 04:37 pm

Al terminar la primera oración del día, recuerda Sidi Hausa, uno de los patriarcas de su familia le informó que había comenzado lo que parecía ser la última gran campaña militar en Mali. A principios de febrero, durante la noche, después de casi un mes de intervención armada, el ejército francés había tomado control de Kidal, el último bastión islamista en el norte del país.

La operación llegaba apenas dos días después de que soldados galos y malienses tomaron control de la ciudad de Tombuctú, patrimonio de la humanidad, capital histórica sahariana, y ciudad natal de Sidi Hausa y su familia, quienes ahora se refugian en los hogares de parientes en Bamako, la capital.

Los avances franceses, sin embargo, no la tranquilizan lo suficiente como para empezar a planear su regreso a casa. Aunque portavoces oficiales declaren que los islamistas han abandonado esos centros urbanos al borde del desierto, ella insiste en que algunos de sus propios vecinos en Tombuctú no demoraron en unirse a las filas de Ansar Dine (Defensores de la fe) para intimidar a la población cuando este grupo insurgente asumió el control de la ciudad en abril de 2012.

“Llegaron a prohibir todo. Controlaban cuándo podíamos salir de nuestras casas, con quién nos encontrábamos en la calle, y nos pedían usar túnicas negras que llegaran hasta el suelo”, un atuendo que no es de uso común en Mali, donde se practica una forma de islam moderado que tiene poco que ver con la fanática interpretación de la ley islámica que buscan imponer los fundamentalistas.

Aparte de la destrucción de mausoleos y santuarios centenarios, los islamistas son acusados de dar golpizas y latigazos a quien desobedeciera sus órdenes, que prohibían el alcohol, el cigarrillo, la música, el baile, y cualquier contacto entre un hombre y una mujer que no estuvieran casados.

“A uno de nuestros vecinos lo acusaron de robar, y por eso le pusieron una multa muy alta que él no podía pagar. Entonces llamaron a la gente para que viera el castigo, y le cortaron la mano ahí en la calle, en frente de todos”, dice.

Refugiados privilegiados

Desde que en abril de 2012 la ciudad cayó bajo el control de los rebeldes tuareg del MNLA (Movimiento Nacional por la Liberación de Azawad), que busca establecer un estado independiente en el norte de Mali, los habitantes de Tombuctú han visto pasar por sus calles grupos insurgentes con diferentes motivaciones e intereses.

Los más notorios fueron los de Ansar Dine, quienes desviaron la revolución independentista del MNLA hacia la creación de un estado islámico en la región. Pero en los últimos meses también pasaron por Tombuctú células de AQMI (Al Qaeda en el Magreb Islámico) e incluso miembros del grupo radical nigeriano Boko Haram, que según uno de los habitantes, "se quedaron en la ciudad durante pocos días, y decían que venían a supervisar que se estuviera conformando el estado islámico como es debido".

Los refugiados de Tombuctú en Bamako cuentan con un privilegio del cual carecen los más de 200 mil refugiados que según OCHA (Oficina de Coordinación de Asuntos Humanitarios de ONU) sobreviven gracias a la ayuda humanitaria en los descampados desérticos en los países vecinos de Mauritania y Burkina Faso.

"Vinimos hasta la capital porque aquí podemos alojarnos en las casas de familiares que vinieron del norte hace años", explica Sidi Hausa, que abandonó Tombuctú hace ocho meses. "Ellos tienen sus negocios, pueden trabajar, y no fueron afectados por la crisis".

Así, los hogares de muchos malienses del norte radicados en Bamako alojan ahora más de una docena de personas, y son refugio temporal para la familia extendida que habían dejado en Tombuctú.

Viendo la guerra desde lejos

Para la media tarde en la residencia familiar de Sidi Hausa ya hay dos docenas de personas, todos refugiados del norte, que celebran el bautismo de Mahoma. Circulan bandejas de comida y copas de té amargo, se discute de política y se extraña a Tombuctú.

En la sala, los patriarcas de la familia, vestidos en elegantes boubous azules de tela encerada, ven las noticias en un canal europeo. La pantalla muestra un video aéreo de paracaidistas franceses aterrizando sobre las áridas montañas de Kidal, una zona que para la mayoría de los presentes es como su patio trasero y que ahora ven a través de los alienantes filtros infrarrojos de las filmaciones militares.

Luego la imagen da paso al plano de un soldado de tez muy oscura, cinturones de balas, lentes de sol y un turbante muy alto. "Son los soldados de Chad", dice Sangho Diadie, el griot o narrador tradicional de la familia. "Cuando los franceses se vayan, son los soldados de este país los que tienen que quedarse para conservar el orden".

Aparte de la intervención militar francesa apoyada logísticamente por países occidentales, la Cedeao (Comunidad Económica de Estados de África Occidental) conformó una misión de apoyo a Mali conocida como Misma, que comprende el despliegue de más de 6.500 tropas de países vecinos en suelo maliense para relevar al ejército francés.

Aunque Chad no hace parte de la Cedeao, su participación es clave, pues está aportando el pie de fuerza más significativo con dos mil soldados bien entrenados para combatir en el terreno agreste del norte de Mali.

Ni un solo tiro, ni una sola imagen

Pero aparte de las imágenes oficiales de los preparativos logísticos y de las ciudades ya aseguradas por el ejército francés, el cubrimiento mediático del conflicto en Mali se ha caracterizado por la ausencia de imágenes desde el frente de batalla. Tampoco se ha publicado registro visual de víctimas en los combates.

En el caso de Tombuctú, el ejército francés declaró que había tomado control de la zona "sin haber disparado un solo tiro", y que con la llegada de las tropas los islamistas se habían escapado al desierto o camuflado entre la población civil. Sus bombardeaos, según ellos, también han sido de una notable precisión, eliminando objetivos islamistas con daños colaterales mínimos... aparentemente.

El pasado 2 de febrero, cuando presidente francés François Hollande visitó Mali, la ciudadanía no disimuló su euforia, con pancartas y gritos a "Papá Hollande, el salvador". "Gratitud -dice Sidi Hausa - Eso es lo que sentimos hacia Francia".

Sin embargo, ya empiezan a aparecer testimonios sobre muertes de civiles durante ataques aéreos franceses, según declaró Amnistía Internacional en Bamako. Las acusaciones se suman a los reportes de torturas y ejecuciones sumarias que ha llevado a cabo el ejército maliense contra civiles que asocian con los grupos rebeldes.

Salym Fayad*
Para EL TIEMPO
Bamako (Mali).

*Reportero independiente bogotano, radicado en Johannesburgo desde 2008. En los últimos cinco años ha recorrido diferentes regiones del África subsahariana escribiendo sobre temas culturales y sociales. Ha colaborado con textos y fotografías para medios colombianos como EL TIEMPO, 'El Espectador', 'Semana' y 'Arcadia'; y para medios internacionales como 'Periodismo Humano' y 'Sunday Times Southern Africa Edition'.