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El ejército colombiano que sirve en Emiratos Árabes Unidos

Hicieron historia con operaciones contra Farc. Un mejor sueldo los llevó a buscar el 'sueño árabe'.

"Cuando aquí me dicen que me aliste porque voy para la casa, sé que en menos de 48 horas voy a abrazar a mi familia. En la selva, en Colombia, cuando me decían que me alistara, podía esperar hasta un mes y no pasaba nada...".

Camargo es un curtido hombre de las Fuerzas Especiales que tuvo que decidir entre su amor por el Ejército y el bienestar de su esposa y su hijo. Por eso, hace más de un año, empacó maletas y se fue al corazón del desierto árabe, a portar el uniforme de un país extraño, que lo ha acogido como un héroe de guerra.

Como él, 1.400 hombres conservan la doctrina personal y militar de su antigua institución, pero ahora sirven para el gobierno de Emiratos Árabes Unidos. Su jefe militar es Mohamed Bin Sayed Al Nahyan, comandante de las fuerzas militares emiratíes, y por ahora su misión es prestar seguridad a la infraestructura del país, que tiene tan solo 850.000 habitantes y es uno de los mayores productores de petróleo del mundo.

Las largas jornadas de combates, trasnochos, patrullajes y minas acechando quedaron atrás. Los cambuches a la intemperie ahora son cómodas camas en cuartos de apartamentos, y el reconocimiento "no es solo una medalla, sino una remuneración digna".

Por lo menos eso es lo que dicen todos los militares que EL TIEMPO consultó.

"¿Por qué decidimos irnos? Eso es lo que nos pregunta la gente. La respuesta es fácil: calidad de vida", dicen.

Y esa oportunidad económica es la que ha ido 'desangrando' a la especialidad élite del Ejército. Muchos de los hombres mejor preparados de las Fuerzas Militares colombianas prefieren estar lejos de su familia a seguir arriesgando su vida y su situación judicial en Colombia. Esa es la argumentación que dan cuando cumplen la primera de siete entrevistas que deben aprobar para ser calificados para el grupo de seguridad de los Emiratos.

"Se ha creado una novela en torno a la presencia de colombianos en Abu Dabi. Se ha dicho que somos mercenarios, que vamos ilegales, que hacemos tareas de espionaje y que estamos combatiendo. Todo eso es falso", señala uno de los oficiales contactados por este diario.

La verdad del 'sueño árabe'

Lo cierto es que este país, que está en construcción y que alberga a 5 millones de inmigrantes, a los que los árabes llaman "expatriados", pretende crecer como nación, pero no cuenta con el material humano para hacerlo. Su capacidad de autoprotección es insuficiente.

Por eso el sheik (rey emir)tiene convenios de gobierno a gobierno con Corea, Francia y Tailandia.

"En Emiratos toda la gente es igual. Hay subsidio de subsistencia, la educación y la salud son gratis, el servicio militar es voluntario, se valora la especialidad profesional y nosotros, pese a ser colombianos, podemos acceder a todo eso porque nuestro contrato incluye una visa de residente y cédula emiratí", señala Camargo, quien además advierte que eso permite juzgar bajo las normas de ese país a quien llegue a cometer alguna irregularidad.

Sus contratos también resaltan que solo cumplirán trabajos para la seguridad interna (pozos petroleros y plantas de agua) y podrán gozar de vacaciones, recreación, apoyo para estudio de sus hijos y un bono anual de incentivo.

Por ahora su labor es netamente de entrenamiento en protección; en tres años no han participado en la primera operación o acción de seguridad, y su tarea ha sido preventiva, no defensiva.

El primer experimento con colombianos fue en el 2010, cuando una empresa llevó a 300 militares. La disciplina de los uniformados dio un resultado positivo.

Sin embargo, los emiratíes prefirieron hacer contacto con uno de los hombres que mejor conocían a las Fuerzas Especiales y que tenía una hoja de vida intachable, como también todas las condecoraciones por haber estado al frente de las operaciones contra las Farc más reconocidas en el mundo.

Así empezó el 'sueño árabe' de los 'hombres de acero' colombianos. "El soldado y el policía colombiano, de grupos especiales de antisubversión y secuestro, son un modelo para el mundo. Por eso el rey puso los ojos sobre nuestro país", señala otro oficial.

¿Cómo se incorporan?

Cada tres meses hay entrevistas para recibir nuevo personal, pero los filtros superan cuatro veces los que tiene por norma la Fuerza Pública.

Se presentan un promedio de 1.700 personas, entre oficiales, suboficiales y soldados de todas las armas, incluida la Policía. El primer filtro es un estudio de seguridad, entrenamiento, unidades donde se ha trabajado y experiencia. Este paso deja un número de 700 hombres.

"Luego vienen pruebas de conocimiento, y el grupo queda depurado en 400, que pasan a un estudio aún más detallado que incluye una certificación en derechos humanos y situación judicial al día. El grupo final es de 200. Eso quiere decir que de nueve pasa uno", explica Camargo.

Muchos no saben que en la última etapa uno de los exámenes es de narcóticos. Es el más costoso y puede determinar si la persona ha consumido droga en los últimos nueve meses. Si da positivo, inmediatamente es rechazado.

Pero mientras estos hombres ven un sueño realizado, en Colombia hay preocupación en las Fuerzas Militares y el Ministerio de Defensa.

EL TIEMPO conoció que ya hay un plan para contrarrestar el efecto de estas 'deserciones' y que el Ministerio está buscando un acercamiento con el reino emiratí para hacerle una propuesta, de tal manera que pueda existir algún tipo de acuerdo.

Lo cierto es que a las entrevistas para buscar cupo han llegado desde soldados que llevan 15 años en el Ejército hasta generales de dos soles. "Amamos lo que hicimos en Colombia -dice Camargo-, pero allá a los buenos solo nos esperaba la cárcel o la muerte".

La vida en Abu Dabi

La doctrina militar no cambia, pero los horarios sí. "Por estos días está amaneciendo a las 7 de la mañana, así que a las 7:30 ya estamos en formación. Cuando no hace frío estamos en la fila a las 5:30 y si hace mucho calor, trotamos de noche", relata un soldado profesional que hizo parte de la operación contra el 'Mono Jojoy'. Él fue condecorado, pero dice que prefirió pasar la baja y mejorar su calidad de vida.

En Colombia ganaba 800.000 pesos con bonificación. En Abu Dabi tiene un sueldo de 3.000 dólares libres, ya que recibe alojamiento, comida y salud gratis. Además aprendió inglés. En la tarde, él y sus compañeros viajan en los buses que están dispuestos para su desplazamiento hasta un centro comercial, donde pueden comprar útiles de aseo y, si quieren, comida.

Y como la semana empieza el domingo, tienen viernes y sábado para descansar. Los mismos buses los llevan hasta Dubái. "Hemos tratado de empaparnos de la cultura emiratí. Aquí a las mujeres no se las puede mirar como en Colombia, porque se puede terminar en la cárcel. Una mirada puede generar ofensa, que se reporta ante la policía", relata otro oficial.

Y tal vez lo que más ha impactado a los militares colombianos es el tema religioso. Ellos son como una pequeña isla católica -cristiana en el corazón del mundo islámico. "Para nosotros, nuestra religión también es muy importante; por eso ya tenemos un capellán, del Ejército, que celebra la eucaristía todos los martes". Los 1.400 hombres tienen acceso a Skype para hablar con sus familias y procuran estar enterados de lo que pasa con sus amigos en medio del conflicto.

"Los días en la selva no los extrañamos, los recordamos, y más por la gente con la que compartimos... Lejos de la casa duele que un país extraño reconozca nuestro sacrificio y profesionalismo, y que en el nuestro seamos olvidados", concluye un capitán.

De sargento a capitán

Algo que le han pedido los árabes al grupo de colombianos es que se reconozca la trayectoria de cada hombre. Por eso en su nuevo trabajo, muchos han pasado de ser suboficiales a oficiales, gracias a la experiencia y capacitación que tienen.

Primeras mujeres

La próxima incorporación, que se estima será en junio, pretende llevar a las dos primeras mujeres, de un listado de 200 candidatas.

JINETH BEDOYA LIMA
Subeditora de EL TIEMPO
jinbed@eltiempo.com

Publicación
eltiempo.com
Sección
Justicia
Fecha de publicación
17 de febrero de 2013
Autor
JINETH BEDOYA LIMA

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