Mi padre, el Capitán

Mi padre, el Capitán

Su hijo publica la biografía de Cousteau, el ambientalista explorador de la profundidad marina.

Mi padre, el Capitán
30 de enero de 2013, 10:58 pm

No es fácil ser el hijo del icónico, controvertido e idealizado Jacques-Ives Cousteau, capitán del ‘Calypso’, fallecido en 1997, cuya formidable personalidad impregnaba todo el ecosistema familiar como el halo de un dios mayor. En efecto, el hijo primogénito se ha pasado la vida encontrando su propia identidad fuera de la luminosidad de supernova de su padre. Primero, labrando su propio camino como arquitecto marino.

Después, forjando su reputación como ambientalista, educador, productor cinematográfico y explorador.

Casi tan delgado como su padre, Jean-Michel Cousteau tiene el cabello y la barba más blancos que nunca. A sus 73 años, es la estampa del explorador-patriarca de la Primera

Familia de los mares. En su nuevo libro ‘Mi padre, el Capitán, mi vida con Jacques Cousteau’, Jean-Michel describe con honestidad una niñez feliz vacacionando abordo del ‘Calypso’, y el privilegio de descubrir el mundo submarino con su propio tanque de buceo antes que cualquier otro niño de su generación.

El autor coloca en un pedestal a su fallecida madre Simone, La Bergére, quien fuera la amada mamá gallina de todo el mundo abordo del ‘Calypso’. Enfatiza su honda desilusión al respecto de la infidelidad de su padre, quien durante largos años tuvo una segunda familia en relativo secreto. A la muerte de Jacques-Yves, la familia original entró en una complicada batalla legal con la viuda 40 años menor, Francine Triplet, por el uso del apellido ‘Cousteau’.

“Mi padre era un hombre con muchas personalidades, muchos estados de ánimo. Pero eso es así con todos los grandes hombres, ¿cierto? Conocemos la máscara pública, pero es la cara privada la que revela el verdadero carácter, el del hombre que emerge cuando las cámaras no están filmando”, dice en una de varias charlas que sostuvimos en Miami hace poco. Su acento en inglés es mucho menos marcado que el del legendario JYC (pronunciado yíc). Pero el gálico ‘tono Cousteau’ es inconfundible. No obstante, el hilo conductor de este íntimo relato es la profunda admiración que el hijo sintió desde niño, cuando tenía palco de honor al genio de JYC, y a su legado como el conservacionista, poeta e inventor que abrió nuestro acceso a las profundidades.

Aunque al principio el medio ambiente no estaba en el radar de Cousteau padre, el rápido deterioro de los mares del que fue testigo en primer plano, lo impactó severamente. De hecho, Cousteau dio la voz de alarma acerca de la inevitable crisis ambiental de la Tierra 30 años antes de que nadie quisiera escucharlo. “Fue el primer ambientalista”, declaró el empresario de la TV Ted Turner, que patrocinó una de sus expediciones más famosas, la del Amazonas, en 1982.

“Mi papá no era perfecto. Tenía sus fallas y tuvimos nuestros desacuerdos. Pero esas fragilidades no lo hacen menos un símbolo, y es el símbolo el que perdura”, escribe Jean-Michel. “Este es un recuerdo que llevo conmigo hasta el día de hoy: mi padre, mi amigo, mi capitán, mi socio, mi jefe, parado en el puente del ‘Alcyone’. Era un hombre impaciente, que podía ser obstinado, apasionado y generoso, todo en exceso. Estaba allí en el ocaso de su vida, presentándome un honor y un reto. ‘Eres tú, Jean-Michel, quien llevará la llama de mi fe’, dijo. Sí, me toca a mí, pero también nos toca a todos, seguir con el trabajo de este hombre brillante, difícil, complicado y carismático. El trabajo de aceptar los desafíos del presente y las oportunidades del futuro”.

Los logros ambientalistas y tecnológicos de JYC están ilustrados no solo en el libro, sino en el filme complementario ‘Mi padre, el Capitán’. Jacques-Ives habría cumplido 100 años el 11 de junio de 2010, y el documental marcó ese día con una emotiva inmersión en su nombre frente a la costa de Bandol, a 45 km de Marsella. No lejos de allí está la propia casa de los Cousteau en Sanary- sur-Mer, donde el gobierno francés colocó una placa conmemorativa del nacimiento del buceo moderno, en 1943.

Por Ángela Posada-Swafford
Miami