¿Quiénes son los culpables?

¿Quiénes son los culpables?


¿Quiénes son los culpables?
21 de enero de 2013, 05:50 pm

Duele el suicidio de un hombre, pero el de un niño o adolescente conmueve hasta lo más profundo las fibras de la sociedad.
No se trata de preparar a los niños para que no se suiciden, como dicen algunos periodistas despistados. Se trata de preparar para la vida y la vida tiene momentos dulces y momentos amargos, triunfos y fracasos. Para los unos y para los otros hay que preparar a los hijos. Y no solamente para los fracasos; también para los triunfos y halagos de la vida, porque suelen ser traicioneros y engañosos.

Desde esta columna he clamado numerosas veces sobre la pésima educación que muchos, muchísimos padres de hoy dan a sus hijos. Creen, equivocada y en ocasiones irremediablemente, que amar es dar gusto, dar cosas, dar todo, satisfacer caprichos, evitar sufrimientos y todo lo que incomode al hijo; creen que educar es dejar al hijo a su aire, sin normas, ni reglas, ni deberes que cumplir; y como vivimos en una sociedad que predica día y noche los "derechos de los niños" y olvida que también tienen deberes, el ambiente no ayuda ciertamente para lograr una buena educación. Y si a ello se junta que hemos fabricado una sociedad violenta, una sociedad consumista, alejada de valores humanos y espirituales, entonces la labor del hogar se torna todavía más difícil.

Padres de familia, gobernantes, sociedad y periodistas, amar a los hijos es sobre todo darles tiempo, "gastar" tiempo con ellos, acompañarlos, educarlos en las normas de convivencia, no ahorrarles pequeños y normales sufrimientos que los preparen para los problemas que la vida les presentará.

Como muchos padres de familia evitan a sus hijos toda contrariedad, por pequeña que sea, cuando se presentan los dos más graves contratiempos que niños y adolescentes normales pueden enfrentar, como son los fracasos escolares y los problemas con las novias, sucede que se encuentran totalmente desarmados y la idea del suicidio puede aparecer.

Entonces, no es culpa de los colegios, como los periodistas gustan de fantasear. Si así fuera, para evitar los suicidios los colegios deberían averiguar qué muchachos están tristes y llevan bajas calificaciones para "arreglarles las notas".

El Primer Estudio de Salud Mental del Adolescente Colombiano (estoy citando una crónica de EL TIEMPO) "registró casos de niños con ideación (sic) suicida desde los 4 años". ¿También tendrán los colegios, digo yo, la culpa de que niños de 4 años que todavía no han asistido a clases tengan alguna idea de suicidio?

Diego Molano, director del ICBF dice: "Muchos niños y adolescentes no están preparados para manejar situaciones que los desestabilizan". Como se ve, la responsabilidad principal en el tema que nos ocupa, como en la educación de los hijos en general, la lleva el hogar. Y como la tasa de divorcios es hoy alta, los padres separados deben entender que ante todo y por encima de sus problemas personales el futuro de sus hijos está en juego.

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Nada que ver con lo anterior. Siempre creí, y acerté, que el Parlamento era el primer foco de corrupción en el país y, como tal, causante principal de la violencia terrible que nos desangra y desborda. Y siempre creí que las altas cortes de justicia eran ejemplo de probidad y cordura.

Admito, aquí, mi estúpida inocencia. El 'carrusel' de las pensiones manejado por 13 magistrados y exmagistrados da asco. Eso de jugar con el dinero del pobre, sufrido y hambriento pueblo colombiano clama al cielo. ¿No sienten una pizca de vergüenza, altísimos jueces de la república? Agradezcan, señores, que aquí no existe la pena de muerte.