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Pisando cayos

¿Por qué extrañarnos, sorprendernos o disgustarnos con los malos modales del expresidente Álvaro Uribe? Son consustanciales a su personalidad. De él podemos decir que es un buen muchacho maleducado.
          
Sin embargo la mala educación del expresidente Uribe no es tanto natural como estratégica. Es un estilo para desviar la atención de hechos que no le conviene que se asuman por la opinión pública o por la justicia. Durante ocho años usó el truco con buenos resultados. Los escándalos pasaban por su lado sin tocarlo ni mancharlo. "Es que tiene teflón" decían sus áulicos para explicar el fenómeno. No sé si el teflón se le estará gastando, pero el expresidente, y actual jefe de la oposición de ultraderecha, continúa con su eficaz sistema distraccionista.
 
El ejemplo más reciente lo tenemos en la  atribución de responsabilidades por el desastre que ha representado para Colombia el fallo de la CIJ de La Haya. Con sobrados argumentos ha explicado la ministra de Relaciones Exteriores, María Ángela Holguín, que la responsabilidad de haber provocado la decisión desfavorable a Colombia atañe a los dos gobiernos anteriores. Andrés Pastrana (1998-2002) y Álvaro Uribe (2002-2010). Pastrana ha guardado la compostura y está dispuesto a dar cuenta de su proceder en el manejo del litigio marítimo con Nicaragua. Uribe no ha dado explicación. Sencillamente se despachó en invectivas contra el presidente Santos, a quien ha tuiteado de "canalla".
          
El grueso adjetivo no es producto de una simple rabieta. Se trata de una bien calculada maniobra del expresidente Uribe, con fruto inmediato. La indignación pública, que le pedía cuentas por sus errores en el pleito con Nicaragua, causantes del fallo catastrófico para nuestro país, torció su cauce y se volcó sobre el epíteto insultante. Los columnistas, los editorialistas, la gente en la calle, en los cafés, solo hablan de lo que el expresidente le dijo al Presidente. Todos a una suplican que "el debate se haga con altura", con mesura, que el doctor Uribe no sea grosero, etc. 'El Espectador' en su editorial del miércoles pasado (16 de enero) pregunta si estamos en otra Patria Boba. No, no estamos en otra. Estamos en la misma.
          
No podemos quedar complacidos porque el expresidente Uribe adecente o prometa adecentar su lenguaje, para dar paso a un debate civilizado y con altura. O que el presidente y el expresidente hagan las paces. Aquí no hay ningún debate, ni motivos para uno. Hay hechos cumplidos. Un fallo adverso y un pleito perdido. ¿Qué se puede debatir al respecto? Lo que nos interesa es ver cómo los responsables de esa sentencia contraria a los intereses nacionales asumen su responsabilidad y las consecuencias. Si para ello es indispensable hacer públicas las actas secretas de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores, sea en buena hora.
          
El golpe de La Haya ha sido asimilado con inteligencia y prudencia, que van de la mano, por el gobierno Santos, al que ninguna responsabilidad le cabe en la desgracia sucedida. Ante todo se evitó con gran destreza diplomática una desgracia mayor, como habría sido un conflicto con Nicaragua. Se han mantenido las relaciones cordiales entre los dos países hermanos, sin perjuicio, por parte de Colombia, de adelantar, como las está adelantando con tino la señora Canciller, las diligencias que nos permitan, si no reversar, por lo menos mitigar los perjuicios para Colombia.
          
No se le ha prestado mucha atención por los comentaristas de prensa, ni por el público, a la indispensable cooperación entre Colombia, Nicaragua, y todos los países de la zona marítima del Caribe, para explotar y disfrutar en común los beneficios económicos que ella brinda. Si se lee con cuidado el fallo de la CIJ se concluye que, como lo predijo la ministra Holguín, "es salomónico". Lo es, en el sentido de que no favorece a Colombia, ni tampoco a Nicaragua. En cambio, le abre las puertas a una completa invasión por las grandes multinacionales y las potencias, que poseen la capacidad tecnológica y financiera para aprovechar aquel mar opulento, y que serán las reales beneficiarias del citado fallo.

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
17 de enero de 2013
Autor
Enrique Santos Molano

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