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El Presidente les hace mamola a los mamos

A menos que el presidente Juan Manuel Santos se ponga los pantalones y demuestre clara voluntad política de proteger el medio ambiente, el juramento que hizo disfrazado de mamo arhuaco en la Sierra Nevada el 7 de agosto del 2010 no pasará de ser una charlotada. Aún recordamos –muchos con emoción, otros con desconfianza y todos con sorpresa– cómo Santos se “posesionó” ante un grupo de jefes indígenas y juró ante ellos proteger la Madre Naturaleza.

No parece ser el mismo mandatario que hoy tolera la construcción de un hotel privado en predios del parque nacional Tayrona, cerca de donde recibió de los caciques el bastón de mando que simboliza su compromiso con la tierra. Hace unos meses, cuando estalló el escándalo, Santos frenó el proyecto, pero no por convicción de mamo, sino porque se mamó de que prosperaran rumores falsos sobre la vinculación de familiares suyos al plan. Nos hizo creer que había matado a la bestia, pero solo la dejó herida y ahora, songo sorongo, el Gobierno acaba de permitir que se reinicien las obras del desarrollo turístico de dos muelles de acceso y 24.000 metros cuadrados.

Ya se temía, cuando desmembraron hace pocos meses las funciones ecológicas, que la flamante Anla (Autoridad Nacional de Licencias Ambientales) iba a ser una instancia administrativa, no científica, lista para alcahuetear violaciones mimetizadas del espíritu ambientalista. De allí que el más sorprendido con la noticia del hotel sea el Ministerio de Ambiente, al que emboscan y atropellan desde el propio sector público. Este despacho acaba de hacer, en principio, una plausible demostración de defensa de los intereses a su cargo al declarar parque natural el páramo de Santurbán, codiciada presa de los mineros, y prohibir en tan extraordinaria fuente de agua toda explotación de minas. ¿Por qué el mismo Gobierno, en la misma semana, satisface el clamor ciudadano que se jugó por Santurbán, pero permite en el Tayrona un aberrante negocio privado que critican científicos y ciudadanos?

Hay instrumentos para salvar la zona de una vez por todas. Como bien lo explica el senador Jorge Enrique Robledo, la Ley 388 de 1997 permite al Estado declarar de utilidad pública el área, lo que conduciría a la negociación con los dueños o la expropiación en beneficio del bienestar común. Lo demás equivale a seguir criando expectativas de prosperidad comercial privada en enclaves naturales que deben estar sustraídos del tráfico mercantil por respeto a las futuras generaciones de colombianos. Sí: el Tayrona no se vende.

El aspecto ambiental, con sus contradicciones y altibajos, y la defensa del consumidor, casi inexistente, son dos de las patas flojas del actual gobierno. Resulta increíble que el propio vicepresidente Angelino Garzón denuncie en la prensa (EL TIEMPO, 6-1-2013) los abusos de las EPS, las acuse de “burlarse del derecho de la gente a la salud rápida y eficiente” y no pase nada. También lo es que revele cómo la libertad vigilada de los laboratorios farmacéuticos les ha permitido enriquecerse en Colombia con precios cinco veces superiores a los que pagan los ecuatorianos o los españoles, y nadie diga una palabra en el Ministerio de Salud.

Todo indica que en los planes oficiales hay locomotoras y hay también peatones, que serán arrasados en las carrileras al paso de los temibles trenes. Las empresas vinculadas a la salud y los pobres ciudadanos son prueba de ello.

ESQUIRLAS. 1) El 2013 acaba de llevarse a dos colombianos memorables. El filósofo Guillermo Hoyos Vásquez (Santa Fe de Antioquia, 1935) es uno de los más coherentes y progresistas pensadores que ha dado el país, amén de un hombre noble querido por sus alumnos y sus amigos. Así lo atestigua el aplauso atronador con que lo despidieron en sus funerales. El escritor Antonio Montaña (Bogotá, 1932) pertenecía a la clase de profesores sencillos y sabios que hacen de una cátedra universitaria una ocasión de regocijo intelectual. 2) Álvaro Uribe, el gobernante más desintersado por la naturaleza, ataca a Santos por el Tayrona. ¡Qué cinismo!

Daniel Samper Pizano
cambalache@mail.ddnet.es

Publicación
eltiempo.com
Sección
Editorial - opinión
Fecha de publicación
13 de enero de 2013
Autor
Daniel Samper Pizano

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